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martes, 26 de noviembre de 2013

CAPITULO 4: DE FRANCESAS MANERAS

ELGOIBAR-BURDEOS



Distancia total ruta:  339 kms

Tiempo total:  5 horas 30 minutos

Ciudades visitadas: 1

Paradas: 2

Consumo medio:   5,76 l/100kms

Gasto de combustible: 35,94€

Peajes: 16,6€


Comienza la cuarta etapa de Euro-Diversion 2013, y estamos ciertamente nerviosos. Hasta ahora, esto parecía una simple excursión de fin de semana dentro de nuestra geografía. Pero a partir de ahora, empieza lo desconocido, pasamos a otro país, cruzamos nuestra primera frontera, tras la cual no contaremos con el resguardo que se siente al estar en tu país. Empezaran las problemas, todos ellos fundamentados en la barrera idiomática. Al menos espero que con mi ingles podamos sobrevivir, por desgracia, allende los Pirineos mi italiano será igualmente fútil. En fin, centrémonos, que son las 08:00 de la mañana, apenas me he lavado la cara e intento atinar a dar vueltas al cola cao. Toni trabaja a las 14:00 creo, debe salir sobre las 12:30 por eso de las distancia. Así que tenemos la agenda completa. Destino: Bilbao, vamos a ir un Centro Comercial para comprar un poco de la ropa de moto que nos salió volando y unas tarjetas de memorias SD, a ser posible de la máxima capacidad para la GoPro. 

Nos ponemos en marcha, en el Opel Zafira de Toni, bueno debo decir que la compañía Opel tiene una fuerte presencia en Elgoibar, por unas horas el Falco Stradale descansara. Cogemos la autopista AP-8 para acelerar el paso, no estamos para tirar cohetes con respecto a ese enemigo implacable de nuestra aventura que es el tiempo. Pasamos por Eibar, Ermua y atravesamos Guipúzcoa hacia Vizcaya pasando por Durango. Allá por donde vamos la naturaleza nos rodea y nos maravilla, el tiempo esta algo plomizo, pero no nos desanima, intentamos disfrutar del momento, especialmente yo. Toda esta tierra rezuma para mi el olor a fresco de la infancia, de esos juegos inocentes, de esas primeras aventuras. Poco antes de llegar a Bilbao, salimos de la Autopista y pagamos, como es menester, por las molestias causadas a nuestro amigo que gentilmente nos está ayudando. De camino al Centro Comercial Bilbondo nos deleitamos con vistas de la zona metropolitana de Bilbao con vistas lejanas de la Ría, Palacio de Congresos, etc. Me quedo estupefacto, desde luego, el paisaje me va sonando más. Cuantos nostálgicos recuerdos me invaden, ya estoy en mi querido Bilbao, ese sitio tan especial, siempre presente en mis sueños.

Arribamos a Bilbondo y el primer paso, el más cercano, es ir al Decathlon que esta más cerca. Pero:

"¿Donde aparcamos?" - exclama Toni. 
"Donde sea, ¡será por sitio!" - le respondo. 

Lo cierto es que tenemos todo el parking para nosotros, ya que llegamos justo a la hora de inicio del horario comercial, a las 10:00. Entramos en la cadena de deportes francesa, con la clarísima intención de comprar otro bolso para sustituir al que perdimos en Merida, una riñonera, barritas energéticas y un gel liquido energético especial para ciclista. Esto último es la única compra que hace Toni, pero decido apuntarme porque creo que en situaciones de frío extremo pueda que venga bien un chute de energía que te espabile, como esas pastillas de vitamina C concentrada que tomaba en el Ejército. Hecha la primera compra nos vamos al Mediamarkt y compramos sin dilación una tarjeta SD de 32 GB. Después del chasco que me llevé con las que tenía de china, no quiero riesgos y prefiero gastarme un poco más, pero tener reseña videográfica de esta aventura, eso vale mucho más que lo que pueda costarme. Casi tardo más en grabar una videocrónica que en salir de la tienda, pero a pesar de estas a primera hora de la mañana hay que guardar cola, ¡increíble!

"Toni, ¿donde podemos encontrar ropa de motero? Necesitamos un mono de agua, unos guantes de invierno"-Le pregunté. 
"Pues, no se, vamos a preguntar al vigilante a ver si nos puede decir algún sitio". - Me responde. 

Con la misma se lo preguntamos y bingo, hay un Norauto en el mismo Bilbondo y tienen algunos artículos de moto. Efectivamente el vigilante tenía razón, no es que hubiera una maravilla de variedad, pero por una vez la suerte se pone de nuestro lado y encontramos lo que necesitamos y de la talla de M Carmen. El mono no esta mal, pero los guantes no le gustan a mi novia ni un pelo, pero por desgracia, nuestro, presupuesto y sobretodo tiempo no nos permiten una búsqueda más exhaustiva más allá de un "anda pero si tiene pelo por dentro". Así que pagamos y nos vamos con nuestras compras al coche para volver a Elgoibar e iniciar nuestro camino. En el trayecto hasta el coche me da tiempo a grabar un video sobre un hecho histórico: "¡Dios mio! M Carmen ha comprado algo en mi presencia". Habrá que reseñarlo porque de lo contrario, no creo que nadie me creyera. 



Con todas las compras, ponemos rumbo a Elgoibar, donde nos espera el Falco Stradale, para iniciar nuestra etapa, que ya se demora demasiado. Pero antes, Toni me tiene preparada una improvisada sorpresa. Vamos a pasar por Basauri. Esta localidad vizcaína fue donde me crié con mis hermanos allá por los 80 y seguramente esté muy cambiada. Al menos espero que no haya perdido su esencia. Los 10 kms de trayecto pasan un poco entre decepciones y suspiros, porque la verdad, me gustaría enseñar a mi novia la capital vizcaína. Desgraciadamente, Bilbao engrosará la larga lista de ciudad que veremos de pasada, casi con la imaginación. Resistiéndome a dejar la ciudad atrás, llegamos en el coche de Toni a Basauri en un abrir y cerrar de ojos. Cruzamos un túnel y ya estamos aquí, Basauri 9 años después, he vuelto a mi querido y añorado Basauri. He de decir que en el 2003 ya visité a unos amigos de mis padres en esta ciudad y me lo pasé muy bien. Pero ahora coge un cariz especial, hoy aunque sea de pasada, estoy viendo mi ciudad natal con mi novia, asi ella se puede imaginar, de manera breve, como fueron esos lejanos y maravillosos años. La verdad es que Basauri, una ciudad con unos 44000 habitantes, ha cambiado mucho, se ha vuelto más luminosa y alegre.

 Entramos en la calle principal, a través del Ayuntamiento, recorremos las cuestisimas de Basozelai, el teatro, la calle Lehendakari Aguirre alli le muestro a mi novia, el Colegio Lope de Vega, donde estudié hace más de 20 años. No tiene la pinta exterior de un colegio al uso, ahora visto desde los ojos de un adulto, más bien parece una cochera. También le mostré el parque cercano al que íbamos a jugar de pequeños mis hermanos y yo, que creo, pertenece al barrio de Ariz. Cruzamos el puente sobre el río Nervión y vemos la cárcel de Basauri, hoy en día casi en desuso. Las famosas campas de Basauri se han convertido en un impresionante complejo deportivo de piscinas y pistas. Desde luego, muchas cosas han cambiado, por un momento, es como si hubieran reconstruido la ciudad de nuevo, remozando el modelo anterior y dándole una capa de pintura, nuevos ladrillos, todo esta precioso. Los recuerdos hacen que mis ojos brillen con un fulgor especial, mi novia no me reconoce, nunca me había visto tan emocionado al pasar por unas calles, que aunque imperceptibles para los demás, se han quedado con la impronta de esos años que para bien o para mal han marcado el hombre que soy hoy. Con la emoción y la alegría en el pecho, ya que son muchos los sentimientos que afloran, nos despedimos dejando Mercabilbao atrás y ponemos rumbo a Elgoibar, por fin. Gracias a Toni, he recibido el regalo de poder disfrutar de un fugaz paso por la ciudad de la que me siento una especie de hijo adoptivo, nunca podré agradecer suficiente a esta persona todo lo que ha hecho por mi en nuestra breve amistad, tan breve como nuestro paso por Basauri, pero que deja una huella indeleble en mi memoria.

"Toni, muchas gracias, te has portado tio, te has marcado un detallazo" - le dije sin contención. 
"¿Te ha gustado Basauri M Carmen?" - le pregunte ansioso de replica. 
"Si, me ha gustado, lastima de no poder estar más, pero fijaos en la hora, vámonos para Elgoibar que tenemos hoy que ir hasta Francia, y nos 400 kms de etapa". - responde mi querida voz de la conciencia. 
"Bueno, vámonos que tenemos que comenzar la cuarta etapa de Euro-Diversion 2013, ya"

Sin más dilación, nos introducimos en la AP-8 de nuevo, y preferimos pagar para hacer más liviano y ligero el viaje. Por desgracia, el tiempo vuelve a acosarnos, si por un momento en Basauri el tiempo pareció detenerse ahora vuela. Así que, no hay más remedio que acelerar para llegar a nuestro destino, volvemos a cruzar Vizcaya como quien cruza un pueblo y el límite de Vizcaya como el que cruza una ciudad. Nos adentramos en Guipúzcoa sin tiempo, esta vez, para deleitarnos con los bellos parajes vascos, parajes que invitan a perderse en su espesura. Ha sido un día corto, pero al menos para mi inolvidable, me ha servido para desconectar y recordar viejos tiempos. 

Pero llega el momento de concentrarse en los tiempos actuales, resulta que son casi las 12:00, Toni, que está apresurado porque "le pilla el toro" nos lleva primero al parking de su suegra a recoger nuestra moto. Esta será la última vez, al menos de momento, que nuestro Falco Stradale "duerma" cobijada de las inclemencias. Tras recoger nuestra moto, vamos a casa de Toni, y mientras el se prepara, almorzando a continuación, nosotros empaquetamos nuestras cosas para anclarlas en nuestras montura. Preparamos cámaras,  nos vestimos y pasamos con Toni sus últimos momentos, antes de que se tenga que ir a trabajar. Pero antes nos muestra una curiosa y graciosa aplicación de móvil donde podemos ver como cambia la expresión de Oscar y Ángel según pulsa un botón. Con gran pena, nos despedimos de él, con la única promesa de volver a Elgoibar por más tiempo la próxima. Toni, se despide de Mari José y los niños y se marcha con premura. En ese instante comenzamos a comer con el resto de la familia. Durante la comida hablamos con Mari José sobre la manera de llegar a Francia atravesando Guipúzcoa, pero sin pasar por la autopista. Nos cuenta que la mejor manera es cogiendo la carreteras comarcales pasando a través del valle del río Deba, por la N -634 y luego desviándose por la GI-3292.  Son casi las 14:30 y llega el momento de las amargas despedidas, sobretodo a gente tan buena y que nos ha dado tanto, al menos este acto se va a retardar un poco más, porque Mari José se ha ofrecido a acompañarnos y a llevar algo de nuestra pesada carga hasta la moto, que nos espera ansiosa. Mientras M Carmen y yo cargamos la moto, Mari José intenta poner un poco de orden entre la chavalería, que evidentemente, desean que nos quedemos. Y no me extraña, durante unas horas, han podido disfrutar de la llegada de unos locos del sur, que encima le han dado a uno de ellos, una vuelta en una moto por Elgoibar, (el otro era muy pequeño), y con los que se han divertido bastante. Ellos para nosotros han sido un rayo de luz que ha alegrado y borrado por completo los pocos momentos tristes o duros que hemos tenido hasta ahora.

Como último recuerdo me hago esta foto con Oscar y pongo la cámara de mi casco apuntando hacia atrás, para retener en nuestro recuerdo los últimos momentos con esta agradable y hospitalaria familia. Ahora si, comienza otra etapa de Euro-Diversion. 


 La primera parada de nuestro viaje, esta a solo unos kms del lugar de nuestra partida. Una gasolinera, como no, allí repostamos y engrasamos la cadena de nuestra moto por primera vez, después de 1000 kms ya le iba haciendo falta. La parada se prolongo por algo más de 20 minutos, pero ya estamos listos. Hacemos camino saliendo de Elgoibar dirección norte, cruzando el valle de Deba. Las carreteras son angostas y curveadas, propias de carreteras secundarias. Por el momento, la climatología acompaña y nos deleitamos con asombrosos y silvestres paisajes, tan silvestres que vemos a la orilla del río a unos caballos salvajes abrevando de él. Seguimos bordeando el río por la N-634 en hasta que conectamos con la GI-3292 y continuamos dirección Este. Allá donde cruza el Falco Stradale podemos observar la grandiosidad de los parajes vascos tímidamente salpicados de algún que otro caserío y alguna que otra pequeña población. Cerca de Azpeitia hacemos una parada técnica en un Eroski para comprar un poco de pan y algunas viandas más para reponer fuerzas, una vez cruzada la frontera francesa. Ponemos de nuevo rumbo al país galo, siguiendo la carretera y ensimismados por la belleza natural, no nos damos cuenta de que la carretera se va estrechando y curveando más de lo debido. Casi sin querer, nos vemos ascendiendo un puerto de montaña, no muy exigente pero si curveado.

Ojalá pudiera recordar su nombre, pero estaba demasiado ocupado atendiendo las curvas en cuenta que tenía que afrontar. Por primera vez, se ponen a prueba mis capacidades para pilotar una moto sobrecargada, con escasa potencia y baja maniobrabilidad. Lo cierto, es que esta ascensión se torna en un difícil reto, mis brazos tiemblan de la tensión por la excesiva exigencia, de afrontar la curva y mantener la moto dentro de mi carril, además la moto sube muy forzada por el exceso de peso y porque sus 61CV se tornan escasos. Incluso tenemos que parar para dar un descanso a mis muñecas. M Carmen aprovecha para unas fugaces fotos. Sin espera, sube y continuamos la marcha. Unos minutos después llegamos a lo que parece ser la cumbre de nuestra ascensión y la cosa se tranquiliza. De repente por el intercomunicador oigo a M Carmen con un aviso:  "Rafa, Rafa, para, párate allí, al lado de esa casa". Mientras me señala con el dedo. Resulta que cercano a un muro de piedra vemos un caballo salvaje como se asoma a saludarnos. Extrañamente, no huye ante nuestra presencia, lo que da a M Carmen tiempo de sacar la cámara y captarlo. Yo, mientras, aprovecho la parada para descansar y reponer fuerzas con una barrita energética. La bonita estampa nos hace olvidar los sinsabores de llegar hasta aquí. Desde luego en esta aventura siempre nos sucede algo, pero por ahora, durante el viaje los malos momentos se han visto superados por los buenos, y este sin duda nos alegra el día. Proseguimos y bajamos del monte atravesando un sinfín de pequeños pueblos perdidos en la geografía vasca, como, Iraeta o Aizarnizabal nos miran mientras los cruzamos o mejor dicho nos perdemos. Porque a partir de aquí, y por incorrectas indicaciones de mi GPS no soy capaz de hallar la manera de esquivar la AP-8 para llevarnos hasta Irún sin pagar. Todo se convierte en un carrusel de idas y venidas, creo por lo menos dos veces pasamos por la misma carretera. Ciertamente inexplicable, seguiendo las indicaciones del GPS siempre vamos a dar al mismo punto y no avanzamos. Es como si la carretera no admitiera que quisiéramos evitar la autopista. Hartos de dar vueltas sin parar paramos en un gasolinera para preguntar a un camionero. El cual nos explica que muchos GPS no actualizados marcan únicamente el camino a la autopista y elegir otra opción sólo te lleva a dar vueltas y vueltas hasta que decides meterte en ella y pagar. Ante la certeza de haber actualizado el GPS, le pedimos consejo y este nos da un truco para evitar la infame AP-8. Resulta que hay que meterse en la primera salida tras pasar un peaje de tan sólo 1,10€, en la cercana localidad de Orio. En fin, si para salir del País Vasco hay que pagar, pagaremos para salir de sus laberínticas carreteras. Menos mal que el camionero nos aconsejo bien, pasamos el peaje y cogemos la primera salida. Por desgracia, me pierdo la salida siguiente que debía tomar y vuelvo al puesto de peaje de nuevo. Menos mal que la encargada de la cabina se apiada de nosotros, ante nuestra ignorancia y nos deja pasar sin consecuencias. Esta vez, ponemos todos los sentidos, seguimos las indicaciones del camionero y de nuestro destino y, por fin, somos capaces de escapar de este laberinto. Cogemos la GI-21 que a ratos se denomina GI-20 y que en otras ocasiones confluye con la AP-1 (variante de la AP-8) por la que pasamos por Zarautz, Renteria y finalmente Hondarribia, último pueblo vasco antes de entrar en Francia. Por fin, el galimatías se ha resuelto. Estamos a punto de cruzar hacia Francia. 

Como esta es nuestra primera frontera, tengo especial interés en reseñarlo mediante foto o video a ser posible con el cartel. Casi no nos enteramos de Hondarribia en busca de un cartel que nos enseñe que ya estamos en Francia. Alguna señal nos indica que Francia esta pocos kms, pero sinceramente, no vemos nada. Es lo que tiene la supresión de fronteras de la UE, que ahora cambiar de país es como cambiar de       ciudad, pero no te enteras del paso en absoluto. También tiene cosas buenas como la moneda única, la cual va a facilitar la compra de artículos en esta aventura, aunque varios países no lo utilizan, aunque esa será otra batalla que contar. De pronto, un cartel: Frantzia 5 kms, lo se, esta en euskera pero se entiende que el país galo se encuentra a poco más de un suspiro. El discurrir de los kms se hace eterno, en tanto el tráfico se densifica más y más. Desde luego Francia, se hace esperar: Où sont la France?, pienso mientras mi novia intenta avistar alguna señal. 

Sin previo aviso se presentó, ahí estaba, no era la puerta de Alcalá, era el cartel que indicaba que estábamos en Francia. Pique freno y con una hilera de coches detrás mía me dio por frenar para acercarme al cartel. Casi nos la pegamos, y aunque me pasé el cartel, volví andando para dar testimonio de este primer paso de la frontera y la entrada en nuestro primer país. Claro, la gloria tiene un precio y en este caso fue M Carmen fue la que se acordó de mi y de todos mis antepasados por hacer una maniobra tan arriesgada. No era el momento de discutir en mitad de Francia, así que nos pusimos de nuevo manos a la obra y nos pusimos en marcha hacia Burdeos, el cual quedaba todavía bastante lejos en el mapa. Ya nos encontramos en territorio francés, aunque un poco más tarde de lo deseado, en una región conocida como el país vasco francés, compuesta por las provincias de Labort, Baja Navarra, Sola, dentro de la región de Aquitania. Nosotros pasaremos por la primera, que en euskera se conoce como Lapurdi. Desaparecen por primera vez en nuestra aventura los carteles en español, y circulamos entre carteles en francés y euskera rumbo a Hendaya. Superamos la ciudad francesa cogemos la A-63 rumbo a Bayona y empezamos a degustar lo que Francia nos ofrece. A primera vista esta región de Aquitania es muy parecida al Pais Vasco, pueblos pequeños como del siglo XX, muy campestres en lugares de verdor indescriptible, donde parece que se detiene el tiempo y la historia.


La A-63 es una rápida manera de subir en dirección norte por el país, llegamos a Bidart y después a Bayona cerca de Biarritz lugar de paradisiacas playas, que cuentan con la simpatía de los amantes de surf. Por desgracia, ni contamos con tabla de surf, ni con tiempo para disfrutar de ellas. Pasando de pasada y a ritmo constante, llegamos hasta una estación de servicio cerca de Capbretón, donde tomamos una pequeña merienda con algo de pan y jamón. Tras el descanso y siendo casi las 18:00 abandonamos para coger la A-10. Es una autopista de pago, pero hay que llegar a la bella Burdeos lo antes posible. Los primeros kms transcurren con normalidad. Las autopistas francesas son muy parecidas a las españolas, rectas y más rectas hasta el tedio, pero habrá que sacrificarse. Nos abrimos paso por las llanuras francesas salpicadas de bosques y aero-generadores. Entre la planicie nos impresionamos todavía con algo más colosal, los enormes convoys de camiones que surcan con nosotros entre gran país. No exagero al decir, que hemos podido adelantar a cerca de 40 camiones, todos de distintas nacionalidades, franceses, belgas, holandeses. Casi nos mareamos de ver tantos, y perdemos la noción de los kms recorridos, creo que fue por eso, que no me di cuenta al pasar por el primer puesto de control de la autopista. Cuando llega mi turno, me coloco frente a la maquina, no hay cobrador físico, y pago 2,30€. -"Que baratas son las autopistas francesas"- pensé. En esos momentos, me acordé del consejo de Rafa, un gran amigo. Me dijo que en las autopistas francesas si pagas con tarjetas te cobran como si fueras un coche, así que le hice caso. Sin embargo la barreras no se abrieron. Pasaron los minutos y la solución no se presentó, mientras la cola de coches apremiaba. M Carmen tocó en un interfono y se puso un hombre que amablemente y en español nos dijo que en breve llegara un empleado a ayudarnos. En esto que se presenta una mujer que nos abre la barrera y nos dice en francés, por supuesto, que ese puesto es de coches el de motos es en otro lado. Todo perfecto, hasta que M Carmen le pregunta si nos puede dar la vuelta de haber pagado como un coche, ya que las motos pagan 1,50€. A lo que la empleada se niega en redondo. Lo intentó yo con más amabilidad si cabe e intentando excusarme:

-"Perdone, es la primera vez que estamos en Francia, que usamos sus autopistas, en España no hay líneas especificas para cada clase de vehículo. No lo sabíamos, y hemos pagado lo que la maquina nos ha pedido, ¿no nos podría dar la vuelta? Por favor"- le supliqué en inglés, mientras mi novia daba la batalla por perdida. Nada, ni siendo amable, además solo hablaba en francés y no entendía más que eso. 

-"Que pena que no vengas a nuestro país de vacaciones, que te den a ti el mismo trato que nos estas dando a nosotros"- Le espeté ante su cara falta de empatía, ciertamente indignado y furioso con su pasiva e inepta actitud. 

Lo cierto es que eran unos 0,80€, pero sinceramente, me sentí estafado y exprese mi malestar algo acalorado, pero no me daba la gana de que me timarán. Aunque, finalmente se salieron con la suya, mi cabreo fue oído por unos gendarmes que tampoco hicieron mucho por poner remedio al problema. ¡Vaya trato señores! y luego se quejan de España. Salimos de allí a toda prisa y llegamos hasta una estación de servicio cerca de Labouheyre donde repostamos nuestra moto. Aunque en un principio no nos querían surtir de gasolina por no quitarnos el casco, ¡los dos! No os podéis imaginar lo cabreado que me puse. Llevamos un día en este país más de 160 kms recorridos y ya me quiero ir. Me habían hablado de las maneras francesas, de su mal humor, y malas formas con los foráneos, pero creían que eran cosas del pasado. Menos mal que entre el cabreo encontramos a un camionero originario de Murcia, en concreto de Aravaca, que nos cuenta como empezó y amasó fortuna en el mundo de la construcción, sin embargo, la crisis le ha puesto al volante de un camión. Historia, como la de muchos compatriotas nuestros por desgracia, cuantos sueños y proyectos se habrán quedado aparcados como los camiones de esta estación de servicio.



Con esta reflexión nos despedimos de él y nos vamos. Todavía nos quedan dos controles más, según nos dijo el camionero. A ellos nos dirigimos surcando las planicies francesas,  lo cierto es que son muy aburridas, incluso M Carmen me tiene que despertar al llegar el sueño a intentar recogerme. Llegamos al control, por supuesto automático y M Carmen, antes de hacer el pago, incluso preguntó por el interfono lo que había que pagar. Lo hizo las dos veces que paramos, 8,3€ y 7,3€ fueron los importes del peaje francés. 

En el último peaje, nos hacemos a un lado y tecleamos la dirección del hotel en el GPS, al que debemos llegar antes de las 21:00. Por primera vez, en nuestro viaje, nos debemos a un horario se check-in, a partir de ahora será siempre así. No tenemos un amigo en que cada etapa, así que nos ponemos en marcha a velocidad de crucero. Con el sol rozando el horizonte, llegamos a Burdeos, una de las ciudades más importantes de Francia. Por primera vez, debemos llegar a un hotel y el tiempo se echa encima, debemos cumplir un programa. El GPS, vuelve a dejarnos vendidos en mitad de la localidad de Artigues a 7 km de Burdeos, pero ni rastro del Hotel Formule F1. Afortunadamente, una chica nos ayuda y llegamos justitos de tiempo para hacer el check-in. Entonces ponemos en marcha la rutina de entrada en un hotel. Mientras mi novia descarga la moto, yo hablo con la recepcionista y gestiono la habitación. Tras la toma de posesión dejo mis cosas y ayudo a M Carmen con las suyas. Una vez llegados y con la hora de cenar en ciernes, nos decidimos a montar en moto y disfrutar de la noche de Burdeos, al menos lo que podamos. Sin más dilación y sin apenas disfrutar la habitación nos vamos rumbo a esta ciudad. Llegamos en menos de 10 minutos. Son casi las 22:00, y nos detenemos a la entrada del Puente de Piedra de Burdeos (pont de pierre en francés) es un puente de piedra que atraviesa el río Garona a su paso por Burdeos, uniendo la orilla izquierda (cours Victor Hugo) con el barrio de la Bastide (avenue Thiers), en la orilla derecha. Está registrado como monumento histórico desde el 17 de diciembre de 2002. Las vistas son preciosas, ha merecido la pena tan largo viaje para llegar hasta aquí, la pena es que es de noche. En fin, hacemos varias fotos del rio Garona y su puente y con decisión lo cruzamos.







Al otra orilla nos esperan impresionantes vistas de Burdeos, esta ciudad parece sacada de un cuento.



Lo moderno convive con el pasado, al lado de calles empedradas, estanques en los que la gente parece andar sobre el agua, todo parece mágico a la luz del neón.



Además en esta ciudad tenemos el primer contacto español de nuestra aventura. Gracias a nuestras banderas en casco y moto un chico, rompe el hielo en la distancia con acento sevillano nos grita: "Viva España", por desgracia, no se acerca para iniciar una conversación, parece que lleva prisa. Sin embargo, si se acerca una amable inglesa llamada Christie montada en su bicicleta.


Al principio creía que nos echaría la bronca por ocupar con nuestra moto un carril bici a la altura de un semáforo. Pero nada más lejos, nos saluda y nos da la bienvenida a Francia y Burdeos. Manda narices que la primera muestra de hospitalidad venga de un extranjero. Según nos comenta estuvo hace muchos años en Sevilla de vacaciones, justo el lugar del que venimos y guarda muy buen recuerdo de nuestro país. Ya que estamos con ella, aprovechamos para hacernos unas fotos e intercambiar impresiones, lo cierto, es que nos sentimos muy cómodos con ella. Le explicamos la aventura que estamos llevando a cabo y queda ciertamente impresionada, nos desea suerte y continua su camino no sin antes recomendarnos algunos lugares que visitar, aunque por hoy y siendo casi medianoche será imposible. Nosotros seguimos nuestro camino hacia un sitio para cenar. 

-"¿Por que no le dijimos que nos recomendará un lugar cena, Rafa?"- me reclama M Carmen por el intercomunicador mientras se monta en la moto.

-"Estoy tan cansado que ni me he acordado, pero a ver que el GPS nos diga en un sitio cercano". Le respondo.

-"Vale, pero que no sea un McDonalds", me pide desde la parte trasera de nuestra montura. 

En eso que nos ponemos a buscar, pero no encontramos nada que nos convenza, si no es por el precio, es porque no sabemos donde aparcar la moto con seguridad, si no es por las calles empedradas que me están destrozando la suspensión, es por la insistencia del denso trafico de Burdeos que nos apremian a que nos decidamos y dejemos de dar vueltas a la perdiz. Finalmente, nos hartamos y vamos a cenar donde dijimos que no lo haríamos durante el viaje: Un McDonalds. Algo rápido y sencillo, teniendo en cuenta que los comercios, en su mayoría están cerrando o a punto de hacerlo. Así que pedimos un menú cada uno y nos quedamos mirando como dos tontos desde la cristalera a nuestro Falco Stradale, el cual colamos hasta el centro de la capital de Aquitania, como no. Después de unos 1300 kms sigue entera, ni nos lo creemos.


A pesar de que Burdeos nos llama, debemos rechazar su reclamo y coger nuestra moto para ir al Formule 1, una solución ciertamente económica para aventureros como nosotros. Aunque tiene ciertos inconvenientes como las duchas y baños compartidos, M Carmen parece aceptar de buen agrado el problema y en turnos procedemos a asearnos un poco que falta hace tras una jornada tan agotadora. Hoy desde luego, nuestros físicos han aguantado un stress increíble, desde la subida a ese monte en Guipuzcoa, el timo francés o la hora de llegada al hotel. Y es que a partir de ahora, se acabaron las amistades y el calor de su hospitalidad, de ahora en adelante nuestro ingenio, conocimientos de inglés y nuestro valor, serán las únicas armas para afrontar los innumerables infortunios de las etapas que nos aguardan. Hoy mi novia, me ha dicho, por primera vez, que empieza a creerse que podemos conseguir dar la vuelta a Europa en esta moto. A pesar de los obstáculos del camino, que ya hemos sufrido, yo también empiezo a creer firmemente que juntos podremos superarlos.