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martes, 26 de noviembre de 2013

CAPITULO 5: ATARDECIENDO EN EL PALACIO DEL REY SOL

BURDEOS-VERSALLES




Distancia total ruta:  400 kms

Tiempo total:  6 horas 30 minutos

Ciudades visitadas: 3

Paradas: 4

Consumo medio:   4,52 l/100kms

Gasto de combustible: 28,34€

Peajes: 18,1€


Hoy es 25 de Junio, hace solo 4 días que salimos de Sevilla en pos del Norte, pero a mi me da la particular sensación de que estoy muy lejos de casa. Todo es tan diferente, tan distinto, pero aquí seguimos luchando, a pesar de las dificultades y el cansancio acumulado seguimos enteros, al igual que nuestra moto. Nuestra primera etapa en el extranjero tuvo un bonito colofón, con ese sentimiento en nuestras mentes y corazones tomamos en nuestra habitación un frugal desayuno, pagamos la habitación, montamos el equipaje y emprendemos la marcha. Diciendo adiós a esta gran ciudad que es Burdeos con el hambre de saber más de ella y de, por supuesto, volver. 

Los primeros kms transcurren con cierta lentitud, son las 09:00 y, supongo que todavía no he despertado, afortunadamente mi novia si, la cual me ayuda a salir del tráfico de Burdeos muy denso a esas horas. Por el intercomunicador empezamos a intercambiar impresiones sobre estos primeros días, es curioso, pero ya empezamos a tener nuestro archivo mental de la aventura. La estrella sigue siendo la pérdida de equipajes del primer día, pero ya se van uniendo otros momentos, algunos buenos, como la llegada a Elgoibar (¡madre mía! lo bien que comimos), otros simplemente menos buenos, como el vil timo del que fuimos víctimas en este gran país. De hecho, es el más grande que cruzaremos y nos dirigimos a la capital más poblada que visitaremos en esta aventura: Paris, allí nos espera una gran amiga mía de Cabra, que es tocaya de mi novia, y que lleva viviendo unos 5 años por esos lares. Pero antes de eso, haremos una visita, lo más larga posible al Palacio de Versalles, Patrimonio de la Humanidad, cerca de allí, en Etampes, concluirá esta quinta etapa. 

Bueno, concentrémonos, es el momento de pasar el puente y coger el desvío hacia la autopista. Esta vez no nos andaremos con tonterías, tenemos tiempo de sobra y cubriremos este tramo con la mayor diligencia posible. A ver si por un día las manecillas del reloj no nos castigan con su envite. El tiempo acompaña, y salvo ligeras molestias de espalda y cuello mías, y de rodillas de M Carmen no nos resentimos demasiado. Tras unos kms llegamos al primer puesto de peaje. Esta vez abrimos los ojos en busca de algún carril exclusivo para motos, al no haberlo, opto por coger uno normal de coches. Pago 9€ y continuamos nuestra marcha. Aquí en Francia, las autopistas cobran por adelantado, no a la salida como en España, desde luego, no son tontos, no.


 En cuanto coges tramo prepara la cartera y mejor tenerlo justo, no vaya a pasarnos como ayer con la simpática trabajadora. Por esta parte de Francia los paisajes son de enorme belleza, pero rasos como una tabla, el horizonte parece no acabarse nunca, por más rápido que viaje el Falco Stradale, que por cierto, por razones de peso no puedo poner a más de 120 km/h aunque la vía permite hasta 130. De nuevo, damos la bienvenida a la interminable horda de vehículos pesados que parecen habitar estos caminos. Como una manada se disponen por la derecha de la carretera desafiantes al racheante viento que de vez en cuando aparece y parece absorvernos hacía ellos. Casi como un juego contamos cuantos camiones seguidos van en convoy, 40, 44, hasta 65, las cifras asustan, y además, hacen interminables los adelantamientos. Tanto es el tedio y la monotonía que llego a quedarme un poco traspuesto en pleno día, M Carmen resetea mi sistema con un "¡Despierta!" por el intercomunicador. Estas carreteras, son la mejor forma de ir de punto A a punto B, pero son traicioneras, por lo aburridas que son. Mi conato de somnolencia, nos hace replantearnos la etapa, no hacemos más que ver asfalto y esta empezando a no ser divertido. Así que nos desviamos en la primera salida y nos adentramos en la campilla francesa. El apoyo de nuestro GPS nos encaminará al camino correcto, así que tomamos esta alternativa, mas lenta, pero amena. 

Francia de repente, cambia de lleno, de ser un país dominado por el gris, y la tiranía de los camiones, pasamos al color verde de los campos de trigo que parecen perderse de nuestra vista, al blanco de sus casas y al marrón de la madre tierra. Los pueblos de estos lugares, inlocalizables en el mapa, no difieren mucho de los nuestros. Pequeños, pero acogedores, tranquilos y con encanto. Por un momento y salvo por los carteles en francés, M Carmen tiene la impresión de estar por su tierra, quien sabe, a lo mejor dentro de poco, sale un cartel que anuncia nuestra llegada a la Garrovilla de nuevo.

Yo también tengo esa sensación, aunque pasemos de manera fugaz me da tiempo a ver en muchos de ellos cruceiros. Cruceiros, que pude ver en el camino portugués de Santiago. Debe de ser que estamos en alguna de las rutas que atraviesan la geografía francesa y se unen a la española en Roncesvalles, como parte del camino francés. En mi mente, se suceden los recuerdos del camino de Santiago que hice el año pasado con Miguel, un amigo y compañero de trabajo. En cierta manera, me siento como estar repitiendo el camino de nuevo, solo que con compañero diferente y medio de transporte distinto. Algo tienen en común ambas aventuras, aunque sean muy diferentes: "Todas las cosas que nos pasen son...cosas del camino". A pesar de que todo nos parece extraño, nos resulta familiar y próximo. Es mi imaginación o parece que nos hemos perdido en el tiempo y en el espacio. Se puede saber "¿donde estamos?". Esta pregunta no es retórica, es real y me sirve para despertar de este sueño común. De repente, entre tanta bucólica escena, me encuentro con mi moto en mitad de una placita, con varios establos de animales, paja, y campo silvestre por los alrededores, pero sin atisbo de gasolinera alguna. El Falco Stradale se aproxima a los 200 kms peligrosamente y de momento, nuestro GPS no nos indica donde repostar. Aquí desde luego, no llega la cartografía de nuestro Tomtom. Toca ponerse el mono de trabajo y ponerse a buscar. Salimos de allí casi campo a través hasta llegar a un cruce. En nuestro proceso de búsqueda nos encontramos con este pueblo francés, "¿será donde nació el champagne tal y como lo conocemos?"




Bueno, aunque hubiésemos querido no hubiéramos encontrado a nadie a quien preguntarle. Estos pueblos están desiertos y eso que es martes a las 16:00 más o menos. Encontramos una gasolinera en un concesionario Renault, pero cerrada desde las 15:00, y otra en un ¡kiosco!, con el mismo horario, pero ¡Dios mío!  si es martes, "¿como pueden cerrar tan temprano?"- Pienso- . Parece que el GPS vuelve a coger cobertura y nos guía hasta una ciudad algo más grande que las aldeas que hemos visto hasta ahora, donde hay gasolineras. Perfecto, pero al llegar, la sorpresa. Resulta que son gasolineras que funcionan como un cajero, con tarjeta de crédito. Conozco estas maquinas, en Lucena, por ejemplo hay una. Seleccionas una cantidad aproximada y si no llenas lo que has puesto, no pasa nada, a los pocos días se te reingresa la vuelta en tu cuenta. Como estamos en zona Euro no me asusta pagar de esta forma. Tecleo PIN, selecciono idioma, tipo de combustible, e importe aproximado. Como la moto esta un poco seca, con 15€ habrá de sobra para continuar por otros 200 kms de tranquilidad. Mientras estoy con el boquerel, M Carmen aprovecha para beber agua y estirar las piernas. Lleno por 9 litros usando 14€ del crédito, por desgracia, no hay mucho más donde entrenerse, es la gasolinera de la marca Total de un centro comercial que esta cerrado, tanto que parece abandonado. Salvado el peligro emprendemos de nuevo camino, pero debido a nuestra abducción, el tiempo ha vuelto a ganarnos la partida. Hemos perdido por la campilla francesa demasiado tiempo, tanto que apenas hemos recorrido la mitad de nuestra etapa. A pesar de ello, no se porque, no nos importa en absoluto. A veces en la vida hay que perderse para encontrarse, y desde luego, nosotros nos hemos encontrado en estos caminos y pueblos desconocidos, alejados del mundanal ruido y de las guías turísticas. Hemos recuperado el espíritu aventurero de este viaje. Supongo que la belleza se encuentra en los lugares más insospechados y para nosotros, cada km, cada minuto, perdidos en esa dimensión ha merecido la pena.



Por eso, si viajáis por Francia no dejéis de perderos por sus extensas llanuras que lejos de las rutinarias autopistas ofrecen al visitante el encanto especial de sus pueblos allí donde el GPS te deja vendido. Hablando del Rey de Francia, justo ahora, que retomamos el camino rumbo a la autopista el navegador empieza a cuadrarse y a funcionar correctamente. No lo entiendo, salí con él actualizado y no hace más que darme problemas de dirección, especialmente cuando decido salirme del rumbo establecido. Siguiéndolo, pasamos por Chateauroux, Vierzon, y Salbris por la A-71 llegamos hasta la bella Orleans, donde cogemos el desvío hacia la autopista A-10, volviendo con ello a un rumbo mas standard. A los pocos kms llegamos a otro control de autopistas para pagar el correspondiente peaje de 9,1€. Las autopistas francesas he de reconocer que son algo caras si las comparamos con las españolas, pero creedme que cada euro estará bien invertido. Si hay algo que rompe la monotonía y el tedio de circular por ellas, entre las interminables hileras de camiones son los carteles que tienen perfectamente informado al conductor de cualquier incidencia en la carretera, pero también informa de la gasolinera o áreas de descanso más cercana. Una gasolinera aquí no se diferencia de una española, pero amigos míos, las áreas de descanso son diferentes, de 5 estrellas. Quizá no haya hoteles en este país con tantos medios: Gasolinera, Cafetería, Tiendas, Mesas cubiertas para comer en el exterior, Servicios, Duchas, Aparcamientos para camiones, autobuses, coches y todo ellos bajo la cobertura de un WIFI de excelente calidad, unas auténticas ciudades itinerantes donde hacer un break en el camino se convierte en toda una experiencia. Comentando dichas cosas con mi novia llegamos precisamente a una, pasada Orleans, donde repostamos y nos tomamos un café, siempre con la moto a la vista. Bueno, la moto y el tráfico rodante del lugar.


Tras el descanso, retomamos la marcha, aunque creo que nos hemos deleitado en demasía. Creo que entre nuestra pérdida alegoría, las carreteras secundarias de esta etapa y nuestras paradas técnicas han pasado casi 6 horas. Si bien es cierto, que sobre la moto el tiempo pasa tan despacio, que pierdes la noción, su paso es siempre inexorable. Es curioso, pero tras 5 días tengo extrañas sensaciones a lomos del Falco Stradale, al margen de los típicos dolores continuados por el mantenimiento de la postura de conducción, que nos afecta por igual, también padecemos perdida de apetito, ausencia de sed y de sensación de cansancio.  Ojalá con nosotros viajara un masajista, pero que se le va a hacer, debemos continuar con la aventura gala desviándonos por Artenay cogiendo la D-927 aventurándonos, otra vez, por carreteras secundarias o casi terciarias, las cuales están algo descuidadas. A excepción de las autopistas, la red secundaria o comarcal gala no están muy por encima de la española, más bien parecen estar a la par. Durante 30 kms las disfrutamos o más bien las sufrimos ya que están muy bacheadas, con carreteras muy curveadas y con algo de tráfico pesado que nos ralentizan el paso. A la altura del pueblo de Algerville cogemos la N-20. Nos quedan pocos kms para llegar a Etampes, y no nos faltan ganas desde luego. No ha sido una etapa excesivamente larga, pero se nos ha hecho eterna, a nosotros y nuestros físicos empiezan a resentirse tras casi una semana de viaje a una media de 400 kms diarios. 

Por fortuna, aunque estamos cansados, increíblemente hemos llegado a una hora razonable al hotel. Son casi las 19:00 y hemos llegado a un hotel F1 como en la etapa anterior, en la cercana localidad francesa de Etampes, a unos 7 kms de Versalles. Encima el GPS nos ha llevado hasta la misma puerta, si bien la entrada de nuestro alojamiento esta algo rebuscada. Aparcamos la moto ante la mirada de otros huéspedes y M Carmen se dispone a descargar la moto con mi ayuda. Cuando le ayudo con lo más difícil procedo a hacer el check-in y con pasmosa facilidad consigo la habitación. Terminamos dejando las cosas en la habitación y decidimos tomarnos un pequeño break, felicitándonos por una etapa sin incidencias. Sin embargo, no hay mucho tiempo que perder, hay que ver Versalles y su increíble Palacio, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Así que disponemos la cámara y ponemos rumbo al Palacio del Rey Sol. Entramos en la ciudad y creo que prácticamente damos de bruces con nuestro objetivo. Ya hemos llegado, aunque nos ha costado serpentear el tráfico y comernos unas chantas calles empedradas, como las odio. Con el sol rozando el horizonte arribamos al parking del complejo turístico. Me parece que por unos minutos hemos llegado tarde. 

"Aparca la moto y vamos a entrar, al menos que nos dejen echar fotos del exterior" - dice mi novia con ilusión, mientras intento orientarme en un mapa ante la magnificencia del lugar y de paso confirmar mis sospechas de cierre. Sin embargo, no encuentro nada, si hay todavía gente por el lugar quizá haya suerte.  


La pobre creo que se llevo un pequeño disgusto. Así que decidimos vengarnos volviendo al lugar a las 09:00, hora de su apertura. Mientras el sol se pone, decidimos disfrutar un poco de lo que Versalles nos ofrece y nos hacemos algunas fotos con el monumento al Rey Luis XIV que preside la entrada de los visitantes y oculta al astro rey que le dio sobrenombre. El regente galo mandó construir este Palacio y instauró en Versalles la capital de Francia de 1682-1715. También es cierto que aquí se firmó el Tratado de Versalles de 1919 que ponía las condiciones a los derrotados de la I Guerra Mundial.

 Sin duda, estamos ante un magnífico lugar, pero basta de lecciones de historia y sigamos con este impresionante lago a la entrada de Versalles que nos maravilla y cautiva, sin duda un bonito colofón para un etapa rica en contrastes: La Francia mas rural y oculta, pasando por la moderna e hipercomunicada por sus autopistas, con interminables hordas de monstruos de acero. Para acabar, a continuación, con el fulgor de la edad de oro de su monarquía y que tuvo en este Rey su máxima expresión. Tenemos unas ganas terribles de ver mañana el Palacio, eso si, y por desgracia, hasta donde el tiempo nos permita.





Mañana: Paris, la capital de Francia y ciudad más poblada de nuestro viaje. También nos espera M Carmen, una antigua amiga de Cabra que se ha ido a buscar fortuna a esta parte del mundo. Aunque debo decir no será allí donde termine nuestra etapa realmente, Paris será un alto en el largo camino hacia Brujas, en Bélgica. Otro país y otra frontera que cruzar, en lo que se convertirá en una excelente oportunidad de descubrir otras culturas y gentes, en este viaje por Europa a bordo de nuestro Falco Stradale.