Síguenos en facebook

jueves, 10 de julio de 2014

CAPITULO 9: UN NUEVO AMIGO VIKINGO

HAMBURGO-HIRTSHALS-KRISTIANSAND







Distancia total ruta:  580 kms

Tiempo total:   6 horas 15 minutos     FERRY: 3 horas 30 minutos

Ciudades visitadas: 2

Paradas: 5

Consumo medio:   6,82 l/100 kms 

Gasto de combustible:  65,29€

Peajes:

Ferry:  149€


Por la noche, desde luego, todos los gatos son pardos. Si anoche la habitación nos pareció lúgubre, oscura, e incluso nos dio la impresión de que alguien nos observaba, hoy por la mañana nos hemos despertado con una sensación de normalidad y de que nuestros miedos era infundados. Nadie vino a ocupar las otras camas, ni nos sometieron a ningún interrogatorio o tortura antiguos seguidores de la RDA o del Pacto de Varsovia. Era sólo una habitación normal, en un 29 de Junio normal, en una ciudad alemana, en un hotel por 55€ con un WIFI horroroso y unas camas la mar de incomodas. Nos levantamos con premura antes de las 08:00 de la mañana, mientras M Carmen reorganiza el equipaje y prepara la logística, yo me dispongo a repostar la moto, a llenar de aire los neumáticos, y a tensar y engrasar la cadena, hoy será una jornada agotadora para nuestro Falco Stradale. Eso sin olvidar rellenar el aceite, que desde que iniciamos nuestra aventura se ha convertido en una costumbre demasiado habitual. Afortunadamente, tenemos 4 litros con nosotros y por ahora, a pesar de los años de nuestra montura y de que este modelo tiene el defecto de ser demasiado chupona a altas velocidades creo que está teniendo un consumo contenido. Desde luego, más nos vale, ya que según he podido observar en muchas gasolineras no hay aceite de moto de la graduación 10/40 que llevamos.

A mi llegada al hotel, como no podía ser de otra manera,  ya esta M Carmen esperándome para montar el equipaje en la moto, cosa que hacemos juntos y a gran velocidad, sin duda, ya estamos cogiendo práctica. Después me ayuda a tensar y engrasar la cadena. Tenemos la moto en perfecto estado de revista, me dispongo a montarme y a arrancarla, coloco mi GPS, pero me percato de que falta el lazo naranja que mi novia había ingeniado para que el aparato siguiera cargando en marcha ante la inoperancia de la base cargadora original. Gran problema, el GPS no enciende y solo lo hará si le metemos energía mientras nos movemos. En esos instantes, experimento un nerviosismo que me recorre el cuerpo a través de mis venas como un liquido caliente, nunca antes había tenido una sensación así. Si en Mérida, la pérdida de los forros nos ocasionó un serio contratiempo, ahora en Hamburgo nos encontramos en la obligación de cruzar dos países en un día para llegar a un tercero con un ferry que no espera a nadie, y sin GPS estamos abocados a perder un tiempo precioso intentando encontrar el rumbo correcto.

- ¡Dios mío!¿Donde está el lazo? el GPS no enciende, tenemos que llegar a Hirtshals como sea, joder.......   - Cálmate por Dios, respira hondo, que me estas poniendo nerviosa, odio que te pongas así - me grita mi novia, para hacerme despertar de mi nervioso letargo.

De repente, mi novia lo encuentra en un apartado de la mochila, y me pone una cara de perdonarme la vida de aúpa, evidentemente mi nerviosismo se aplaca a la vez que mi cara de imbécil crece y no me queda más remedio que guardar silencio mientras coloco y cargo mi GPS Tomtom Rider. Es hora de ponerse en marcha sin más dilación.

Con el GPS operativo dejamos Hamburgo atrás con relativa facilidad, cogemos la E45 y ponemos rumbo al claramente al Norte, con destino a Dinamarca. Abandonamos la ciudad con el cielo encapotado y amenazando lluvia, nosotros por precaución ya salimos de Hamburgo plastificados. Ante nosotros se cierne de nuevo una carretera con asfalto perfecto, que nos hace deslizarnos rumbo a la frontera germano-danesa. Verdes prados vuelven a tomar la carretera y de vez en cuando, vemos alguna pequeña granja con sus vacas, paisajes desde luego bucólicos que no nos pueden distraer de nuestro objetivo, llegar a Hirtshals antes de las 16:00, ya que el ferry comienza el embarque una hora antes de la partida. Piloto el Falco Stradale con prestancia y con una celeridad inusitada, hasta entonces entre el patriótico tráfico germano. Más prestancia que velocidad, porque el Falco Stradale, al estar tan cargado no puede superar, ni queriendo, los 120 km/h. Casi sin darnos cuenta pasamos por Neumünster, eso si, sin desviarnos de la E45, comienza a llover como lleva siendo costumbre desde Bélgica y toca remangarse para lograr nuestro objetivo de cruzar Dinamarca. De momento, nosotros ya tenemos puesto el mono de trabajo. Los elementos hacen acto de presencia, aunque tímidamente. 

No he podido dormir en toda la noche, a veces tenía la sensación de que nos observaba alguien. Me comenta mi novia, con cierto miedo. Y aunque yo no se lo quise reconocer, he de decir que algunas fases de la noche, también tuve esa sensación, quizá por unas cortinas transparentes que dejaban la habitación en penumbra antes las luces de un negocio cercano. 

Seguimos por la E45 con paso firme y decidido, sin titubeos a pesar de que la lluvia empieza a hacer acto de presencia a la altura de Neumünster, afortunadamente, tenemos puestos los trajes de agua. Pero empieza a ser un engorro a detenerse por "plastificarse", en fin todo sea por no tener que pasar la jornada siguiente empapados de agua circulando por las carreteras más olvidadas de Europa, ¿no? En los kms venideros lo único que monopoliza nuestros pensamientos y nuestros diálogos son, sin duda, nuestras vivencias en la "peculiar" estancia de Hamburgo. No me equivoco al afirmar que creo que ha sido nuestra peor habitación, y eso que hemos estado en sitios penosos, que incluso han provocado nuestra risa. Pero hubo algo de tétrico la noche anterior, que para nada hacen recomendable el Hotel Eukelurg, ni siquiera para mochileros. En fin, km a km, va quedando ese mal recuerdo atrás, recuerdo que no enturbia para nada la ciudad de Hamburgo. Ciudad que ha tenido poco que ofrecernos que a la que seguro, volveremos seguro que con alguna tonta excusa.

Mientras nos alejamos de la ciudad germana, y como tema de conversación nos echamos unas risas tremendas recordando sitios penosos en los que nos hemos albergado en el pasado. Sitios, que aunque de calidad sonrosante a nosotros siempre nos han sacado una sonrisa, incluso en el mismo sitio. Al contrario de lo que mucha gente hace que es reírse de las cosas a toro pasado. Por ejemplo hablamos de una habitación que alquilamos cerca de Fátima (Portugal) donde TODO parecía sacado de la serie Cuéntame, con esos pomos añejos, esos interruptores de pestaña, esas mantas de pelo, esas cortinas traslucidas, esos vasos marrones y verdes... ¡¡Ufff!! que risa. O aquella habitación en Paris, ¡¡Dios mío, que habitación!!, vistas a un tragaluz, humedades en paredes y ambiente, colchones de esponja, sabanas blancas recias como el esparto, baño compartido, y todo en un distinto de París, el 17 o 18 creo recordar, en lo que menos había eran franceses.

- Te acuerdas Rafa cuando no tenia agua caliente para ducharme- Recuerda M Carmen entre risas.
- Dímelo a mi, que tuve que decirle al dueño que solucionará el problema y acabe haciéndolo yo con una llave inglesa oxidada mientras hablaba con la hija en inglés para que ella se lo dijera al padre en francés. Una escena digna de una comedia de enredo, tan típicas del país galo.

Nos vamos acercando a Flensburg, y va siendo hora de buscar gasolinera, no porque nuestra moto nos exija un repostaje, sino para entrar en Dinamarca con el deposito lleno de carburante alemán, por otro lado más barato, aproximadamente a 1,55 €/ litro. Mientras repostamos, M Carmen señala al horizonte indicando un cielo repleto de frondosas nubes negras como el carbón, movidas por un fuerte viento.

- Mira Rafa, esta a punto de llover y fuerte - Exclama altamente preocupada ante lo que se avecina
- Pues nosotros vamos para allá, nos espera Dinamarca - afirmo con la rotundidad del que va a afrontar un desafío
- ¡Dios mío! - Resopla ella.

Efectivamente, ha llegado la hora de la verdad, ha llegado la hora de entrar en Dinamarca

A los pocos kms de dejar la gasolinera de Flensburg llegamos a la frontera germano-danesa. Las primeras impresiones al cruzar Dinamarca son que las carreteras han descendido un poco en su calidad, y las señales de tráfico han tomado un gracioso matiz propio de la EGB. Por ejemplo, aquí el paso de tres carriles a dos o la existencia de carriles de incorporación se señalan con líneas negras y rojas que se unen en un lazo. Algo ciertamente curioso, que no habíamos visto hasta ahora.  Dinamarca también es un país extraordinariamente plano, allá donde abarca la vista no vemos ningún promontorio en el terreno, parece que estamos en un gigantesco campo de futbol. Nos adentramos por el terreno de juego danes, con el permiso de Odín, donde las vacas pastan a sus anchas y donde los aerogeneradores toman el horizonte desafiantes ante nuestro paso. No es para menos, Dinamarca es potencia mundial en energías renovables, sobre todo en la eólica, superando incluso a España.. Monstruos de acero, que se yerguen como molinos gigantes, y que poco a poco empiezan a girar, a la vez que  nuestras preocupaciones a crecer.

Llevamos poco tiempo en tierra vikinga, pero ya observamos como el tiempo comienza  a cambiar de forma abrupta. Se ve la actividad en los molinos que nos flanquean, señal de inicio del viento racheado, que empezamos a sufrir. De momento, la moto aguanta los envites eólicos, aunque encontramos dificultades en los adelantamientos de camiones y su famoso "efecto de absorción" por la diferencia de presión. A eso hay que sumarle que la carretera por la que circulamos es de doble sentido y nuestros cruces con camiones son bastante comprometidos para nuestra estabilidad, sobretodo por la onda de choque que con fiereza nos sacude en cuanto un camión nos pasa por el carril contrario. No es nada nuevo que no hayamos experimentado ya en la Ruta de los Descubridores, que nos llevo por el Algarve portugués, por ejemplo, pero si es cierto que lo peor, esta por llegar...

De repente, los vientos que eran de suave racheado de componente este, se vuelven cada vez más fuertes soplándonos en ambas direcciones. Por si fuera poco, comienza a llover con fuerza sin previo aviso, la situación se va tornando grave, a la vez que el cielo se va ennegreciendo. Hasta ahora me había enfrentado al fuerte viento de Portugal o a la lluvia torrencial de Sevilla en otoño, pero a las dos cosas a la vez...nunca. Por si fuera poco el despliegue de medios de la naturaleza para la batalla, la luminosidad y la temperatura han bajado de forma drástica, nos adentramos en un infierno de asfalto de oscuro porvenir. Sin percatarme había llegado la hora de la verdad: Estábamos en mitad de las planicies de Dinamarca con el GPS renqueando, la moto cimbreando como una hoja por el viento, calados hasta los huesos y pasando por un frío polar. Por un instante, era como estar dentro de una lavadora a la que hubieran puesto el programa de centrifugado. Un autentico infierno en tierra de Odín.  En esos momentos, me acordé de la primera etapa de nuestra aventura, ni queriendo hubiera salido tan mal, en la que perdimos todos los forros térmicos e impermeables de nuestros equipo, y eso que era el primer día. Hoy sin duda, hubiera venido de fabula esos forros para aislarnos de las inclemencias del tiempo que están empezando a hacer mella en nuestro físico y en nuestro ánimo.

El viaje se complica de forma exponencial, y tenemos sobre nosotros el peso del tiempo que pasa inexorable, al contrario, que el meteorológico que sigue constante km a km por tierras danesas. Tenemos el inexcusable deber de llegar a Hirtshals, en el extremo norte de Dinamarca, lugar donde cogeremos un ferry con destino Kristiansand y que sale a las 18:00, aunque debemos presentarnos en la zona de embarque al menos 1 hora antes. La aventura, aunque parezca mentira, está por primera vez en serio peligro. Si llegamos tarde, a parte de la perdida de dinero, deberemos de coger un ferry al día siguiente como poco. Y ello conllevaría retraso en el resto del viaje, además que provocaría cambios en la reservas de hotel, cambios que podrían alterar el devenir de nuestras etapas. Sin duda esta etapa es en la que tenemos más presión, entre los envites del clima y rodando entre un suelo anegado por la lluvia, no dejo de reflexionar dentro de mi casco: ¿Nos ganará Dinamarca la partida?

Reflexiones todas íntimas y privadas, que intento compartir con mi novia, pero ella se encuentra demasiado ocupada intentando mantenerse agarrada a mi, ante el incesante viento, atenta a los adelantamientos de otros coches o cruces con camiones, que nos "duchan" literalmente. La verdad es que aunque no me lo dice, se que debe estar pasando un frío de perros, a través de mi espalda siento como tiembla intentando extraer de mi algún atisbo de calor. Yo mantengo el tipo gracias a los puños calefactables, los cuales cumplen su cometido, pero no pueden aislarme de la lluvia. Lluvia que empapa mis guantes de goretex hasta el punto de no sentir los dedos, así que no me imagino como debe estar pasándolo ella. 

Adentrados ya 170 kms en tierras vikingas decidimos hacer una parada en una gasolinera de Aarhus a reponer fuerzas y de paso a repostar nuestra moto. M Carmen entra primero para calentarse con un buen café e ir al servicio, mientras yo la espero vigilando nuestra montura. Puede parecer poco practico estos turnos para hacer las cosas, pero no llevamos maletas metálicas que nos den seguridad ante los amigos de lo ajeno. Así que, aunque empapado, decido esperar a que ella regrese. Mientras lo hace, tomo conciencia del precio del combustible en Dinamarca, el cartel reza unos carísimos 1,85 euros/ litro de gasolina, "¡Vaya con Dinamarca! hice bien en repostar en Alemania", después observo que, el tiempo lejos de mejorar está empeorando por momentos, a pesar de que parezca un suicidio hay que continuar para llegar a tiempo al ferry. Ensimismado con mis pensamientos no me doy cuenta de que M Carmen está con un café para mi, un curioso video y la compañia de un nuevo amigo.


Un hombre, aproximadamente de mi edad y que guarda, porque no decirlo, un gran parecido con Wayne Rooney, pero no es inglés, es noruego, su nombre: Eric Paulsen. M Carmen no podía entender lo que decía y lo ha traído para que hable conmigo, ya que se ingles. Hechas las presentaciones, nuestro nuevo amigo vikingo me pregunta a donde vamos

- Vamos a Hirtshals, tenemos que coger un ferry hasta Kristiansand - Le respondo emocionado ante nuestro primer contacto motero, a más de 3000 kms de casa.
- Yo también tengo que coger ese ferry, soy de Bergen y regreso a casa - Me responde
-¿Puedes llevarnos hasta Kristiansand, nuestro GPS no funciona y tenemos que coger un ferry a las 18:00?
- No hay problema, es el mismo que tengo que coger yo, tenemos tiempo de sobra, llegaremos, lo único que hay que hacer es seguir esta carretera sin desviarte hasta que se acabe la E-39 - Afirma con seguridad aplastante.
-¿Con este tiempo?- Sinceramente, tengo serias dudas de que lleguemos a tiempo.
-En Noruega hay un dicho, no hay mal tiempo, hay mala ropa

Cuando esta última frase se la traduzco a mi novia, ambos no podemos evitar emitir un risa nerviosa a la que Eric se une sin saber que tenemos de ropa motera la apariencia, ya que no tenemos forros y todavía nos quedan 180 kms de travesía en un infierno vikingo de viento y lluvia. Ha llegado la hora de demostrar de lo que somos capaces, no hay tiempo para lamentaciones, hay que seguir adelante. A partir de ahora, nuestra misión es seguir a Eric y llegar a tiempo hasta Hirtshals.

Emprendemos la marcha con cierta esperanza de lograr nuestro objetivo, por al menos unos kms el equipo Falco Stradale pasa a tener 3 miembros. A nuestra moto le ha salido una nueva compañera una Triumph Tiger de 800 cc, completamente equipada. Con la moral más elevada sorteamos el viento y su castigo con prestancia, aunque nuestra moto no se mueve con igual agilidad que la de Eric bajo la incesante lluvia, también debido a que nosotros vamos más cargados. Sea como fuere, nuestro amigo noruego empieza a coger distancia con respecto a nosotros alejándose cada vez más. Intento acelerar para ponerme a su altura, pero resulta del todo inalcanzable para mi, Eric hace gestos por rebajar su marcha para acompañarnos, pero pasados unos 20 kms se hace totalmente imposible seguirlo perdiéndose a continuación en la bruma. Definitivamente le he perdido.

- A ver si por seguirlo vamos a tener un accidente, te ha dicho que no te desvíes, sigue la E-39 hasta Hirtshals, ya lo veremos allí" - Ordena mi novia desde la angustia. Y es que ella ve que en mi deseo por alcanzarle puedo dejar de prestar atención a la estabilidad de mi moto. Sin duda está asustada, atravesar Dinamarca en estas condiciones la está superando y, debo admitir que por primera vez siento que mis fuerzas flaquean para continuar nuestra aventura. Atravesar Dinamarca, y eso que es un país plano, se nos está haciendo muy cuesta arriba. Por primera vez, la palabra "abandonar" resuena entre nuestros intercomunicadores, nos quedan algo más de 100 kms y las fuerzas nos abandonan, sin un faro que nos guie estamos perdidos en la tierra inhóspita de Odín, bajo un manto de lluvia, azotados por el viento. Entre la fuerza de los elementos, la tensión surge hasta el punto de llegar a insultarnos y gritarnos mutuamente, la situación es grave, pero no queda más remedio que solucionarla sobre la marcha. Marcha castigada por camiones que nos adelantan, soltando más agua sobre nosotros y nuestra moto. 

- No he llegado hasta aquí para rendirme - pienso. Hemos de completar esta aventura, creo en ella, creo en mi moto, y por supuesto, creo en mi novia. De los comentarios negativos paso a los positivos, intento animarla y de paso animarme yo, no podremos superar esto si no estamos unidos. Ella intenta mitigar sus dolores de piernas, estirándolas en marcha y yo intento relajar un poco la musculatura del cuello y brazos para afrontar lo que nos espera. De repente deja de llover, pero el viento sopla, aún si cabe, con más fuerza sacudiéndonos de tal manera que la moto no sube de los 45 grados de inclinación, a izquierda y derecha nos mueve como un pelele, tanto que en uno de sus envites piso el arcén de la carretera, no dejándome volver a la carretera. Carretera ocupada ahora por un camión.

"¡¡¡¡¡Para, para, que no matamos, nos comemos el camión!!!!! - Grita mi novia desesperada. En ese momento, agarro firmemente el manillar de mi moto, acelero al máximo para salir de la aspiración del camión y me pongo delante de el, superándolo por la derecha. La maniobra aunque peligrosa nos ha mantenido a salvo del viento unos valiosos segundos, los suficientes para volver a la carretera, que era lo importante. Mientras M Carmen, mantiene la compostura, dentro del nerviosismo general, está tan quieta atrás que apenas noto su presencia. Sin embargo, se hace notar a través del intercomunicador, entre susurros y algún pequeño sollozo, la oigo rezar un padre nuestro entrecortado. Algo que me deja impactado, nunca la había visto tan asustada, siempre la había considerado una persona dura, incluso más que yo, pero desde luego, esta aventura esta tomando carices de riesgo que no se si mi compañera está dispuesta a aceptar. -
- ¡Rafa ya no aguanto más, estoy congelada, empapada y nos vamos a estrellar, para, que me quiero volver a casa! - Grita mi novia con desesperación.
- M Carmen aguanta, yo también lo estoy pasando mal, nos queda poco para llegar a Hirtshals -
Le respondo, sin saber realmente lo que nos queda para nuestro destino. En mi mente solo se alberga un pensamiento: Nos estamos jugando la vida ¿merece realmente la pena? Entre toda esa vorágine de emociones, siento que mis fuerzas flaquean, empieza a dolerme el cuello y los brazos no los siento desde la punta de los dedos hasta los hombros. Tan preocupado estaba del estado de mi novia y de no caerme, y soy yo el que empieza a notar los síntomas de la hipotermia, al engarrotarse todo mi tren superior. Sin embargo, hay algo dentro de mi que empuja a continuar. No sabría describir lo que es pero entre todo ese infierno de viento y agua que apenas me deja oír mis propios pensamientos, saco fuerzas de flaqueza para seguir adelante. No me he tirado el último año de mi vida planeando esta aventura para abandonar ahora, nunca me he rendido en la vida y desde luego no va a ser ahora - me digo a mi mismo con tesón, a pesar de que cada vez estoy más débil.

Instantes después algo más se añade al coctel de sufrimiento: nuestros intercomunicadores se apagan y se hace el silencio entre nosotros. Lo que antes era un dialogo inerte por el exceso de ruido que hacía que apenas nos oyéramos entre nosotros se convierta en un silencio sepulcral. Ante tanto infortunio, decido parar en una gasolinera cercana para intentar calmar las aguas y cargar los intercomunicadores. Sorprendentemente veo a mi novia bastante entera, pero cabreada a tope. Si bien a partir de Paris ella empezó a creer en la consecución de esta aventura, ahora tiene serias dudas, tiene que recuperar la confianza, ambos lo necesitamos. Almorzamos con un poco de jamón y queso, entre tanta lucha se nos ha olvidado comer y ya va siendo hora. 

-¿Rafa, todo el viaje va a ser así?, Yo así no continuo - Reflexiona mi novia en voz alta ante mi descontento. 
Siempre he sido yo el negativo, según ella, pero en este viaje de momento las tornas se han cambiado. Tengo confianza en que lo podemos conseguir, pero ante la dificultad, no logro transmitirle ese entusiasmo. Hay que venirse arriba, nos queda poco le espeto, le recalco que yo también lo estoy pasando mal y que esto sabíamos que no iba a ser fácil, es nuestra prueba de fuego para demostrar si somos realmente capaces de completar Euro-Diversion 2013. Con los intercomunicadores cargados levemente, y alguna reticencia se monta en la moto para continuar con nuestra travesía, tengo que decir que era conocedor de que en Dinamarca habría fuertes vientos, pero esto se está pasando de castaño oscuro, incluso para mi. 

- No vayas tan deprisa que llegar, llegamos seguro-, con su rotunda afirmación abandonamos la gasolinera, pero yo no las tengo todas conmigo ante las malas condiciones climatológicas y la poca prestancia de nuestra moto de superar los 120 km/h puede que nos suponga un retraso. Nuevamente me autoimpongo la presión de llegar a Hirtshals antes de las 17:00, aproximadamente nos queda una hora y menos de 60 kms, pero nos orientaremos fácilmente en la ciudad danesa? Ciertamente me tiene preocupado.

Reemprendemos la marcha y nuevamente nos saluda el viento con sus golpes de timón, intento mantener la moto recta, lucho por no caerme y atravesar el frente del viento, primero con mi casco y luego volcando mi peso hacia delante. Cuando creo haberlo conseguido, el viento vuelve golpearme con fiereza en la dirección contraria. Si alguna vez hubo un infierno para los moteros, sin duda es este. Todas las condiciones, excepto nieve, juntas para propiciar el desastre. Bueno, falta la niebla ¿no?, no la niebla también aparece. Bueno, al menos es buena noticia debemos de estar cerca del litoral danés. En ese momento de autocomplacencia y con el viento empujándome hacia el carril izquierdo, la moto se cruza en el camino de un coche que estaba adelantando, M Carmen se percata y me avisa con un grito que me ensordece y de paso enfada. Lo había visto, pero era el viento el que no me dejaba corregir la trayectoria. Entre gritos, sucede lo inevitable, nos quedamos sin batería en los intercomunicadores, siendo ahora si, el silencio irremediable hasta nuestra llegada a Hirtshals. Silencio, que de pronto me hizo estar a kms de mi novia, a pesar de que podía notar su presencia a través de mi espalda. Durante esa media hora de puro silencio, pude concentrarme en mi tarea de llegar al ferry a tiempo, pero ya no tenía contacto con mi novia, y eso me inquietaba. De pronto, se encontraba sola en mitad de ese averno sin poder comunicarse, y eso la hacía por unos instantes en la persona más solitaria del mundo. Me abrazaba buscando mi complicidad y yo le respondía tocando su rodilla, una manera tacita de decirle que todo iba bien.

Finalmente, llegamos a Hirtshals, un pequeño pueblo danés en el mar del norte, con agreste clima y fuerte oleaje, que castiga una inhóspita playa, que nos saluda. 







Bueno, pues lo hemos conseguido, enseñamos nuestros tickets y esperamos nuestro turno en el embarcadero, pero ¿Donde está Eric?¿Habría llegado tarde? Antes de poder responder a estas preguntas se presenta detrás nuestra nuestro amigo con una sonrisa en la cara. Su llegada nos relaja, lo hemos conseguido, ahora podemos respirar tranquilos, superamos el reto de Dinamarca. Por primera vez, la veo sonreír y eso me llena de alegría, a pesar de las dificultades aquí seguimos, vivos y con nuestro Falco Stradale en perfecto estado. 





Llega el momento de embarcar en el ferry, pero ¿Cómo se amarran las motos? pienso mientras M Carmen se pone manos a la obra para intentar averiguarlo. Como parece no dar con la tecla, aparece Eric para explicárselo. Con su explicación ella se apaña y casi sin ayuda lo hace sola, sin duda no salgo de mi asombro. Eric nos dice que podemos dejar nuestras chaquetas en la moto, que nadie roba en la bodega. Nosotros no nos fiamos y también por el frío que padece M Carmen, nos las llevamos. 




Como podeis ver en estas fotos, los noruegos son amantes de los clásicos de cuatro ruedas norteamericanos.


Subimos juntos a cubierta, nosotros con lo justo, y el muy preparado, cargador de movil, GPS, unas patatas, coca-cola, y nosotros sin nada para matar el tiempo de la travesía hasta tierras noruegas. No importa, decido charlar relajadamente con él de lo que nos ha pasado, mientras, por supuesto, ejerzo de traductor de mi novia. Mientras Eric se pone más cómodo nos pregunta: 

-¿Donde estabais? Os perdí cerca Aarhus
- No podía seguirte, tenemos mucho peso
- No pasa nada, ya estáis aquí que es lo importante - responde mientras mira a M Carmen
Ella resopla de alivio y Eric se ríe mientras degusta una Coca-Cola, como nuestro amigo nos ve un poco desvalidos decide invitarnos y comparte sus patatas con nosotros. Snacks que a nosotros nos saben a gloria teniendo en cuenta lo vivido.
- Vamos a salir con retraso, el mar está muy picado, tardaremos una hora más - nos advirtió, en ese momento tomo la iniciativa de la conversación.
- Bueno, es la primera vez que visitamos Noruega, ¿Qué consejos nos das para descubrir tu país? - pregunto con inquietud.
- Revisad la información del tiempo en cada etapa, el tiempo cambia mucho - Nos ofreció el nombre dos aplicaciones de iPhone del servicio meteorológico de su país que iban muy bien y que me descargue gracias al WIFI del ferry - Tened cuidado con los renos, seguid siempre la E-39, que atraviesa Noruega y sobretodo, tened mucho cuidado con la velocidad, la velocidad máxima en Noruega es de 90 km/h y si la superáis os pueden multar con 3000 euros. Por cierto ¿A donde vais?

- A Nordkapp - le respondo con la ilusión del aventurero audaz.
-¿A Nordkapp? yo nunca he ido, tengo pendiente ese viaje, yo vengo de los Alpes de estar con unos amigos", "¿de donde venís?"

- Mi novia y yo somos de Córdoba y Badajoz, vivimos en Sevilla y desde Tarifa venimos para completar la vuelta a Europa en moto uniendo el punto más al sur con el punto más al norte del continente - aproveche entonces para contarle todos los detalles de Euro-Diversion 2013, las distancia, días de viaje, países que veremos, donde estaremos hospedados, etc. Sin duda el tema dio para una amplia charla, entre tres moteros ávidos de sensaciones en las dos ruedas. 

Debo decir que gracias a Eric, no hubo tiempo de hacer nada más en el barco, pero el ferry de la Fjordline no tiene que envidiar absolutamente en nada a un crucero de lujo. Cuenta con todos los lujos e instalaciones, restaurantes, tiendas, guardería, etc. Y todo para una trayecto de unos 100 kms creo. Tenía razón nuestro amigo, el mar estaba picadísimo y la embarcación daba unos botes que la hacían parecer prácticamente una moto de agua. Aún así los compatriotas de Eric no se cortan y en cuanto llegan a aguas internacionales en avalancha acuden a la tienda de licores para comprar un bien preciado y carísimo en Noruega, de paso se ponen morados a perritos calientes y demás viandas, mientras nosotros empezamos a sentir leves síntomas de mareo. Menos mal que la conversación con Eric hace amenos estos momentos.

                            

- Bueno, ¿en que trabajas Eric?, háblanos de ti
- Trabajo para una empresa petrolífera noruega, en nuestro país es raro el que no se dedica a esto.
No en vano Noruega es el tercer productor mundial de petróleo del mundo y la segunda economía en cuanto a renta per cápita del planeta.
- Y, ¿Por qué la gasolina está tan cara? - le pregunto con ahínco.
- En nuestro país los políticos han decidido vender nuestras reservas al extranjero y a nosotros nos cobran la gasolina también más cara para alimentar un fondo común que sirva para pagar las pensiones de los noruegos del futuro.
M Carmen y yo nos miramos incrédulos, ¿Políticos pensando en el futuro de sus ciudadanos?, bueno he de puntualizar que Eric nos dijo que no todo es perfecto. Los impuestos son altísimos, las carreteras están con un mantenimiento deficiente la sanidad no es gratuita, pero además deberían destinarle más recursos y el país se ha gastado mucho dinero en hacerlo comunicable con las poblaciones del interior del país. Cuando los fiordos se congelan, se pueden dar vueltas de 300 kms para llegar a una población que esta a menos de 30 de otra. Aún así, como siempre le digo a mi novia:

- M Carmen, nos sacan años de ventaja - en claro y jocoso homenaje a un episodio de los Simpson en el viajan a Japón.

Entre risas de camadería Eric nos asegura que si nunca hemos visto Noruega vamos a alucinar con su naturaleza indómita. Después de la travesía por el agreste mar del Norte, llegamos a otro de los dominios de Odin: Noruega. Un país que nos saluda desde sus cabos, su faro y sus verdes poblaciones, todas bañadas con un sol radiante que hace que olvidemos el pasado infierno danés. Parece mentira, son casi las 21:00 de la noche, pero sol brilla como si fueran las 10:00, - Es el sol de medianoche - exclama Eric, mientras nos encaminamos hacia la bodega del barca en busca de nuestras motos. 

                         




- Seguidme, no os perdáis - ironiza Eric, menos mal que el tiempo en Noruega ha cambiado absolutamente para mejor, haciendo que nuestro trayecto por Dinamarca fuera de pronto, un acontecimiento de un pasado muy lejano.

                          

Tras la salida del ferry de la Fjordline le seguimos con un sol cegador. Este fenómeno no deja de impresionarme en nuestros primeros kms por Noruega. Un sentimiento de entusiasmo nos embarga, por fin, tras 10 días ponemos pie en Noruega, un país que de antaño M Carmen y yo anhelábamos visitar. Sin GPS, pero con la asistencia de Eric, llegamos al First Hotel en Kristiansand en menos de 10 minutos. Allí nos espera el personal del hotel para llevar nuestras cosas a la habitación, pero antes una foto para dejar constancia de la consecución de nuestra etapa, todo un desafío. Después de la foto, llega la desagradable hora de las despedidas. Nuestro amigo continua su ruta hacía Bergen.






Después de cruzar 3 países y de soportar nuestro particular valhalla (el inframundo en la mitología vikinga) danés es hora de disfrutar de lo conseguido, así que decidimos dar una vuelta pequeña por Kristiansand. Nuestra aventura apenas dura un par de manzanas a pie, pero tampoco hay prisa ni ansia por ver nada en particular, simplemente buscamos estirar un poco las piernas. No es para menos, esta etapa de lejos ha sido la más dura y peligrosa del viaje, así que nos tomamos este paseo como de reflexión. Esta claro que cuando iniciamos esta aventura, sabíamos que no iba a ser fácil, pero quizá hoy nos hemos encontrado con los elementos como principales enemigos, además del tiempo. Afortunadamente, hemos superado con nota la prueba, y al margen de momentos tensos entre los dos, creo que la moral de mi compañera y la mía propia están bien. Estamos contentos, juntos lo hemos conseguido, hemos atravesado nuestra sexta frontera. Estamos en nuestro séptimo país, al fin, y ya podemos empezar a creérnoslo, estamos en Noruega

Al regresar al hotel nos encontramos con la sorpresa de que tenemos un parking cubierto gratuito incluido en la estancia, miro mi reserva y ponía que se pagaba a parte (12 euros diarios). Se lo comunico al recepcionista, el cual en un perfecto ingles, me responde que nuestro amigo de la carretera, Eric ha hablado con ellos, para que hiciera el favor de hacer una excepción con nosotros. Quizá Eric habló con ellos y les contó nuestra aventura, que veníamos desde España, etc. sea como fuera, seguimos con la buena suerte en cuanto de dejar nuestra moto aparcada en sitio cubierto. Con la sorpresa latente, me subo a mi montura y aparco el Falco Stradale hasta la mañana siguiente en un patio cubierto trasero del hotel, mientras M Carmen sube a su habitación para descansar y hacer esta instantánea a horas cercanas a la medianoche. Mañana será otro día, día en el que nos lanzaremos al descubrimiento de este gran país que es Noruega y que nuestro Eric no duda que nos encantará. A pesar de que hace ya bastante que se marchó no dejo de pensar en él, y en lo mucho que nos ha ayudado a llegar hasta aquí. Quizá sin su ayuda lo habríamos conseguido también, pero estoy seguro de que hubiera sido mucho más difícil. Allá donde estés te deseo buen viaje.


Muchas Gracias Eric Paulsen