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miércoles, 13 de agosto de 2014

CAPITULO 11: UN MALAGUEÑO EN STAVANGER


ETAPA 11: STAVANGER


Distancia total ruta:  34,4 kms

Tiempo total:   1 hora 35 minutos

Ciudades visitadas:  2

Paradas:  2



Primer día de Julio, estrenamos mes, en esta onceava etapa de Euro-Diversion 2013. Debo decir que hemos dormido estupendamente, no así nuestro querido Falco Stradale, que por primera vez en esta aventura se ha quedado "durmiendo" a la intemperie. Para colmo de males ha llovido durante la noche, de todas formas, no esta nada mal tener la moto a buen recaudo 9 de cada 10 días. A pesar de lo pequeña que pueda parecer nuestra estancia, esta muy bien aislada térmicamente, no hemos pasado frío en absoluto, y nuestra ropa está perfectamente seca para iniciar esta etapa de hoy. Etapa más bien de descanso o de transición obligada hasta nuestro nuevo destino en Bergen. Y digo obligada, porque cuando reserve para este camping la estancia mínima era de dos días, y no me quedo más remedio que pasar por el aro si quería un alojamiento a precio asequible. Habida cuenta de que pago por dos días lo que en un hotel por uno, sinceramente, no me parece tal mal negocio, además para este día no pensamos aburrirnos. 

Pero lo primero es lo primero, nos ponemos a desayunar con un poco de leche que calentamos con nuestro campingaz, tostada de pan noruego, mantequilla y un poco de cacao en polvo. Como curiosidad, tengo que decir que desde que atravesamos los Pirineos no hemos visto en ningún sitio, dígase bar, supermercado, tienda de ultramarinos, etc. ni un triste bote de Cola Cao. No se, creía que esta marca estaba más internacionalizada, supongo que su mercado será el sudamericano.

Sin duda estos pensamientos mañaneros no me darán el Nobel, al menos espero que levanten el animo, sobretodo en un día que se va tornando gris mientras comemos. Efectivamente, sin darme cuenta y ensimismado en mis pensamientos, rompe a llover con suavidad, pero de manera constante. Con la moto mojada y a través de la ventana, M Carmen y yo debatimos que hacer en un día tan gris como el que se nos avecina.

- ¿Qué hacemos Rafa?,¿Cómo vamos a ir a la Roca Kjerag?
- Pues no lo sé, según me contó Toni, son unas 5 horas de ida y otras 5 horas de vuelta. Sino deja de llover tendremos que dejarlo.
- Aunque deje de llover el suelo va a tardar en secarse, y Toni, nos dijo que la zona no estaba señalada ni tiene ningún elemento de seguridad, y si ¿subimos arriba y nos caemos o nos torcemos un tobillo?, ¿como íbamos a salir de ahí?se acabaría la aventura.

Extrañamente mientras debatíamos, dejo de llover y un rayo de esperanza se cernió sobre nosotros. Decidí que la mejor manera de hacer las cosas era obteniendo información de primera mano, así que decidido, me fui a recepción con M Carmen para ver como podríamos llegar a ver esta otra maravilla de la naturaleza. Allí el recepcionista nos dice que para llegar al Kjerag hay que coger un ferry, en el mismo punto en el que lo hicimos ayer, pero en vez de con destino a Oanes con destino a Lyseboth. Es un ferry para vehículos, pero que es turístico y cuyo trayecto dura 1 hora de ida y otra de vuelta. El ferry nos dejaría en Lyseboth y hasta la roca habría que hacer un camino de unos 13 kms en moto, por carreteras muy curvadas, lo cual nos llevaría unos 25 minutos. En resumidas cuentas, nuestra aventura nos llevará como mínimo 13 horas y eso teniendo en cuenta que lo hagamos con diligencia y sin pararnos mucho, y por supuesto sin contar el tiempo obligado de fotos y disfrute una vez llegado al lugar. Siendo ya las 9 de la mañana y con el firme húmedo, no nos queda más remedio que claudicar en vista de las muchas jornadas que nos quedan para llegar a nuestro objetivo, de dar la vuelta a Europa en moto.

Aunque odie admitirlo, mi novia y el recepcionista tienen razón, es demasiado arriesgado y costoso en cuanto a tiempo. Y sobretodo con un tiempo tan intermitente como el noruego, de hecho se ha puesto a llover de manera implacable. - No nos queda más remedio que volver al hytter corriendo - pienso, entretanto M Carmen se interesa por una foto que hay en recepción de unas espadas al parecer de piedra.

- Rafa, ¿has visto esto? Pregúntale al recepcionista donde está. Yo, por supuesto, en inglés atiendo a su petición porque me parece ciertamente interesante.
- Esas espadas están en la ciudad de Madla, muy cerca de aquí - Me responde el recepcionista. Seguidamente me da un mapa de la región de Rogaland, en la que estamos, y de Stavanger, ciudad que, como plan B hemos decidido explorar en sustitución del Kjerag.

Con la agenda ocupada de mañana y tarde emprendemos el camino hacia nuestra moto para equiparla. Esta vez nos pertrecharemos mejor para combatir el frío vikingo, sin duda aprendimos la lección de ayer, con las tiritonas que sufrimos. Todavía bajo una tímida lluvia cargamos la moto con lo necesario para nuestra segunda excursión por la región, nuevamente, sin tiempo para hablar con nuestro vecinos moteros alemanes. Emprendemos la marcha por las levemente embarradas calles del camping y cogemos carretera E-39 con destino a Madla, tan sólo nos esperan 18 kms de travesía, pero ¿serán tan impactantes esas espadas?Ciertamente, tenemos ganas de ver el monumento.

Entre un tráfico denso, digno de una gran ciudad, llegamos a Madla, a lo lejos podemos observar el motivo de que el tráfico este ralentizado, las famosas espadas. Menuda alegría esta vez no tendremos que escalar una inaccesible loma para llegar al destino. Esta vez, el monumento esta a pie de playa (de fiordo),¿Quien no se resistiría a su majestuosidad? Nosotros desde luego no haremos como los demás y pasaremos de largo. Vamos a verla más de cerca.



Sverd i Fjell, que es así como se llama, es un monumento que conmemora la batalla de Hafrsfjord. Tan sólo una placa al pie de las espadas explica, levemente, algo sobre el monumento. Fui construido hace, precisamente 30 años, en 1983, por el Rey Olav de Noruega, compuesto por tres gigantescas espadas vikingas de 10 metros de altura se clavan en la dura roca de la región noruega de Møllebukta, Stavanger, en honor a la batalla que en 872 unió a toda Noruega bajo el mando de Harald Hårfagre. Comenzando así una de las edades doradas del país escandinavo.


 

La espada más larga representa la espada del Rey vikingo Harald, y su simbolismo es la paz, ya que las mismas, al estar clavadas en la roca, no volverán a ser utilizadas. Esto representa la paz que esta edad dorada trajo a una Noruega que permaneció en constante estado de guerra interna durante la mayor parte del siglo IX. Es un paisaje, en el fondo, casi mágico, uno no puede evitar que la imaginación vuele y se imagine a los mismos dioses vikingos clavando dichas armas para conmemorar la victoria en una batalla en la que tomaron parte.





Tras el momento místico, dejamos Madla, su playa al fiordo, y seguimos nuestro camino con destino a Stavanger, en un camino que se hace liviado y rápido. Stavanger es la principal ciudad de la región de Rogaland, cuarta del país en importancia (Oslo, Bergen, Trondheim) y tercera en población (Tras Oslo y Bergen) con 124000 habitantes. En un primer momento, Stavanger nos parece muy similar a Kristiansand, no es de extrañar dado que ambas ciudades constituyen las principales puertas de entrada en el país desde el mar. Stavanger es más colorido, bohemio y activo, como corresponde a un típica ciudad portuaria de España, por ejemplo.




Sin saber muy bien como acabamos en un barrio de casas de madera blanca, perfectamente alineadas, todas iguales . Las calles están empedradas y por un momento, parece que hemos viajado al siglo pasado. La gente nos mira con extrañeza, parece que ellos han viajado al futuro, y están contemplando a dos extraterrestres vestidos de negro en una montura negra, parados en mitad de la calle sin saber muy bien que hacer. Mientras encontramos la forma de salir de este barrio nos encontramos con un extraño modelo de coche, de color verde oscuro, que nos pita en la lejanía. Detengo mi moto y espero a que se ponga a mi altura, aunque debo reconocer que estoy preparado, con mi cámara en modo grabación.

Hola,¿sois de España? - nos pregunta el amable desconocido, que para nuestra alegría es español.
¡¡Si!!¿Como lo sabes? - le preguntamos casi al unísono M Carmen y yo.
Lo se por la bandera de España que tenéis en la matricula, ¿a donde vais?
Queremos ver Stavanger y nos hemos perdido en este barrio.
No os preocupéis, seguidme que os indico. - Nos espeta mientras da marcha atrás por más 100 metros en la calle, en una maniobra ciertamente peligrosa, aunque parece no inmutar a los locales.

Seguimos a nuestro nuevo amigo, hasta un cruce cercano alejado ya de este pintoresco barrio de Stavanger. Mientras llegamos, nos da tiempo a especular sobre la procedencia de nuestro compatriota. En mi pensamiento medito que ha sido una buena idea llevar la bandera de nuestro país en la moto, este símbolo, nos ha proporcionado un primer encuentro con un compatriota a casi 5000 kms de casa. Pero también, ha servido para romper el hielo en muchas situaciones en las que la gente nos miraba y nos sonreía, como por ejemplo en Amsterdam y en Hamburgo. Tras dos minutos de seguimiento llegamos a un cruce y nuestro amigo se detiene para hablar con nosotros, contarnos las excelencias de Noruega y de paso informarnos un poco de la actualidad del mundo. 









Por indicaciones de nuestro amigo Javier la primera parada de nuestra visita a Stavanger pasa por la catedral de la ciudad. Famosa por ser una de las primeras de toda Noruega, siendo además bastión de la evangelización del país por el cristianismo, en el siglo XIV. Sin embargo, la religión mayoritaria en este país nórdico es la protestante, así que no tuvieron mucho éxito. Pero, a pesar de ser una catedral pequeña, en comparación con otras que hemos visto, su belleza es sólo comparable a la de un diamante en bruto. Aunque también, cuenta con instalaciones para entretener a los pequeños, mientras los mayores se deleitan con los interiores de la Catedral.

 

 




Tras la visita a la iglesia, nos dirigimos al puerto de Stavanger, que está relativamente cerca. Todo parece al alcance de la mano en esta ciudad. El puerto de la ciudad, es pequeño, pero coqueto con mucha actividad en su paseo marítimo y con numerosos ferrys atracados, lo cual me hace reflexionar que es, quizá, demasiado pequeño teniendo en cuenta que es parada obligada de grandes cruceros y de ferrys que conectan con Islandia y Dinamarca.

Esta ciudad hubiera sido nuestro primer destino en Noruega si hubiera podido reservar el ferry de Hirtshals hacia Stavanger, lo que nos hubiera ahorrado unos kms y proporcionado un descanso adecuado. Sin embargo, no me arrepiento para nada de nuestra suerte, en estos 211 kms que separan Kristiansand a Stavanger hemos disfrutado de innumerables paisajes, sensaciones, recuerdos imborrables de un viaje inolvidable.



Con esta reflexión en mente aparco la moto en el paseo marítimo y comenzamos nuestra expedición a pie por el lugar. Sin saber muy bien donde ir nos fijamos en un grupo de turistas de un crucero que se aventura entre las callejuelas del puerto y decidimos seguirlos. Vamos a dar a una estrecha calle empedrada de casa de madera pintadas todas de blanco. Muy parecido al barrio en el que nos perdimos anteriormente. Es una calle comercial, si, pero parece de principios del siglo XX, aunque al llegar a la fachada de una casa retrocedemos todavía más, hasta el Siglo XVIII para ser exactos.





Fecha de construcción de la casa más antigua de Stavanger que se erige todavía hoy orgullosa, en una ciudad que ha crecido tanto a su alrededor que ha llegado fagocitarla, dejándola escondida de las miradas de los curiosos. Sin querer, hemos descubierto uno de los tesoros ocultos de la ciudad gracias, a nuestra ávida curiosidad. Pero si impresionante era la casa, más impresionante es el hecho de que la segunda casa en antiguedad de Stavanger, cercana a esta, también del Siglo XVIII se ha convertido en sede de la franquicia de McDonalds. Ciertamente impresionante como la empresa norteamericana conquista sitios tan emblemáticos en este país.



Nosotros no pensamos probar un McMenu e invertimos ese tiempo en fotografiar el coqueto puerto de Stavanger, salidos ya, de las estrechas callejuelas del interior. Muy colorido, muy parecido por lo que me pude informar al de Bergen, con la diferencia de que este último es más espectacular y grande. Con el paso de las horas el puerto ha ganado vida y se ha llenado de puestos de artesanía. Me detengo en varios de ellos en busca de alguna bandera de Noruega para llevarnos de recuerdos, desgraciadamente sin éxito. Asi que M Carmen hecha el ojo a algunas prendas, como no podía ser de otra manera, finalmente no compra nada, algo que sin duda a dejado de sorprenderme. Con lo que decidida que es siempre, su punto débil, con respecto a su seguridad, son las tiendas. Me resulta gracioso ver como duda en algo tan sencillo como unos zapatos o pantalones.




Con una sonrisa y tras el reportaje fotográfico al puerto de Stavanger, M Carmen se le ocurre la idea de comprar algunas provisiones que nos hacen falta. De paso seguro que esta pensando en comprar alguna prenda de abrigo. Cogemos la moto y salimos del puerto con cautela, a la vuelta de la esquina encontramos a un señor y le pregunto donde puede uno comprar algo de comida. Me indica un centro comercial cercano apenas a unos metros de allí. Manos a la obra, aparcamos y nos metemos en el supermercado en busca de un poco de pan y de queso, para complementar al jamón que trajimos desde España y que todavía aguanta. Desde luego, mi novia tuvo una idea estupenda con envasar al vacío un jamón ibérico. De paso, ya que compramos, aprovecho para comparar los precios de aquí con los de nuestro país, y no dejamos de salir de nuestro asombro. Ahora si que tomamos conciencia de lo cara que es Noruega. Por ejemplo: 1 litro de leche cuesta 2,4€ ; un melón llamado "español" del tamaño de un puño cuesta 15€; ¡un blister de jamón cuesta 60€!, si, si, he escrito bien, 60€ un blister de 200 gr de jamón que a saber de donde viene. 

Rafa, con lo que vale el blister, vamos a vender los nuestros por 50€ y seguro que tienen más calidad, y nos subvencionamos el viaje en Noruega, ¿no te parece? - me dice M Carmen entre risas.

Sin duda, no le falta razón, tendremos aproximadamente cinco blister de unos 200 gr más o menos, no estaría nada mal lo que sacaríamos por ellos en el mercado negro noruego. Mientras M Carmen elige lo básico para comer, yo me pongo en busca de la leche y de paso, busco algún otro alimento que sea barato, y que nos cunda tanto como el pan, una tarea bastante ardua, la verdad. En plena búsqueda de algo que se parezca a la ensaladilla rusa de nuestro mercado, encuentro una especie de patatas aliñadas. Algo muy parecido a las patatas ali-oli de España y que esta al increíble precio de 1€, así que no me lo pienso y lo añado a nuestra cesta. Una cesta un poco paupérrima la verdad: Leche, pan, queso, chocolate en polvo, mantequilla, y mi misterioso ali-oli, pero que para nuestra aventura, y como buenos supervivientes, será suficiente.

Con la compra hecha ponemos rumbo a nuestro camping, no sin antes dar una nueva vuelta por los barrios más antiguos y bohemios de la ciudad, donde anteriormente nos habíamos perdido. Lo cierto es que nos habíamos perdido muy cerca de donde pasamos la tarde, pero sin la ayuda de Javier no habríamos tenido una tarde tan plácida y llena de tan buenos momentos. Espero que a nuestro amigo le vayan las cosas bien en este país nórdico.

A eso de la mediatarde llegamos al camping, con los deberes hechos y en un horario cómodo para disfrutar de nuestra estancia, sin prisas, va siendo hora pues de hacer las "labores del hogar". Ordenamos las cosas de nuestra maletas y entre los dos limpiamos la estancia, para ahorrarnos los 50 KR. Hacemos un poco de hueco en nuestro equipaje para nuestras nuevas provisiones. Tras estas tareas y con la ayuda de M Carmen, realizamos el mantenimiento del Falco Stradale, engrasamos y tensamos cadena, miramos la presión de los neumáticos, estado de luces, gasolina, todo parece correcto. En ese momento aparecen nuestros vecinos holandeses, los dueños de las BMW GS 1200, así que no pierdo la ocasión para hablar con ellos. Mi novia, que está un poco cansada y se agobia un poco al no saber ingles decide no participar y se va a fregar los platos.

Me quedo entusiasmado al conocer a otros aventureros moteros en estas latitudes del mundo, quizá con los primeros con los que tengo la oportunidad de hablar. Se llaman Han y Rudd, son dos amigos que tienen como destino llegar al Cabo Norte, como nosotros. Ellos sin embargo, parten desde más cerca, desde Amsterdam para ser concretos. Forman parte de un grupo de amigos, aproximadamente unos 14, que salieron de Holanda hará una semana. Han llamado a su aventura Long Way North, en honor sin duda a las peripecias de Ewan McGregor y Charlie Boorman. También me cuentan que por culpa de una fuerte tormenta en Dinamarca han perdido contacto con el resto del grupo y llevan un par de días intentándoles dar alcance. De todas formas, no les veo muy preocupados, y antetodo están disfrutando de la experiencia mientras logran encontrarlos por las vastas tierras nórdicas. Por supuesto, les hablo de nuestra ambiciosa aventura de que intentamos unir el punto más al sur de Europa con el punto más al norte y de paso dar la vuelta a nuestro continente. Se quedan gratamente impresionados al escuchar mis palabras, y con más embelesamiento que yo, si cabe, escuchan ávidos todas nuestras peripecias acaecidas hasta ahora. Les conté mi experiencia en Holanda, que fue singular y divertida, nos encantó su país, aunque en este punto obvie un poco que nos gustó más Bélgica, pero no era cuestión de que se picaran. Sin duda la estrella y lo común (con ellos) de la conversación fue el infierno danés, de viento, agua, camiones ... todavía hoy me pregunto como conseguimos salir de allí con vida.

Amigo, ¿Sabes que atravesaste Dinamarca con vientos de más de 50 km/h?, nosotros cruzamos Dinamarca con vientos de unos 40 km/h, también nos costó una barbaridad avanzar hasta Hirtshals- 

Me contaron ante mi perplejidad. Sabía que los vientos fueron fuertes, pero hasta ese momento, no había tomado conciencia de la fuerza del viento que soportamos en nuestros cuerpos. Si a estos moteros a bordos de sus maquinas les costó Dios y ayuda superar las planicies danesas, más mérito tiene si cabe haberlo hecho nosotros con una moto, menos potente, menos pesada, con menor protección aerodinámica, con menos capacidad de carga. 

Los gentiles holandeses me ofrecen una cerveza, la cual declino, con educación, ya que no bebo y prosigo mi charla con ellos en buena armonía y de forma distendida. Es una alegría compartir estos momentos con personas que es posible que no vuelva a ver nunca más en mi vida, pero con las que durante breves instantes siento una conexión especial. Más allá del paralelo 51, aquí en Stavanger, estoy empezando a disfrutar de todo aquello que imagine cuando idea esta aventura. Euro-Diversion 2013, no solo iba a ser un reto motociclistico de superación personal. Mis intenciones eran hacer de este viaje una oportunidad de conocer gente, aunque de forma breve, de las diversas culturas que pueblan nuestro continente. Tan parecidos, y a veces, tan diferentes, este viaje me iba a permitir descubrir lo que nos une y lo que podemos aprender de nuestros vecinos. Por supuesto, ellos también tienen que aprender mucho de nosotros, lo primero es quitarse esa imagen estereotipada del español, siempre de fiesta y comprender que somos una sociedad cada vez más abierta a Europa y a los cambios. A medida que avanzamos en nuestra aventura, nos vamos olvidando de nuestra conexión española y nos vamos sumergiendo en una forma de entender la vida muy diferente a la española, pero igualmente enriquecedora. Sin embargo, M Carmen, quizá por la barrera idiomática se siente un poco intimidada y no se abre tanto como yo. Ella siempre está pendiente del reloj, de llegar al siguiente destino, etc. y se olvida que otro de los objetivos del viaje es disfrutar de las pequeñas cosas, como por ejemplo del camino, de una conversación, del paisaje, etc. A pesar del ambiente distendido, la veo un poco nerviosa, posiblemente por su impotencia de no poder incorporarse a la conversación que mantenemos los holandeses y yo. Esto unido a que me tiene como único referente, tanto para solicitar ayuda como para interactuar con los lugareños, le está pasando factura. Yo intento animarla diciendole que no tenga miedo a hablar en inglés, aunque sea mal, que aquí la gente es muy amable y baja su nivel o velocidad al hablar para intentar comprender todo lo que se diga, en un momento dado. No obstante continua reticente, porque quizá se sienta un poco ridícula hablando con el ineludible acento español.

¿Pero no has visto como hablan los franceses?Como pronuncian la "r" española. Sin embargo, siguen hablando todos igual, porque ese defecto en su habla es difícil de quitar. Nosotros también cometemos fallos al hablar ingles, lo importante es detectarlo y corregirlo. A veces una sonrisa, y la intención de hablar su idioma hace que la gente se abra y haga por entenderte. Animate, que no quiero verte cortada, tienes que ser tu. Y tu eres mucho tu.

Con esas palabras de animo se zanja, en parte, la pequeña discusión que se originó en el hytter por intentar tirar de ella para hablar con los holandeses. Decido despedirme de mis recientes amigos y volvemos a dar una vuelta por los alrededores para dejar constancia de que un simple camping también tiene mucho que ofrecernos. Como por ejemplo la sala de estar, a donde vamos decididos a usar nuestro dispositivos con el WIFI del camping con la esperanza de planificar en algo las cosas que veremos en la próxima etapa. Desgraciadamente, no conseguimos coger señal, por lo tanto, me toca ser el que vuelva a lidiar con el recepcionista. Para mi novia es una incomodidad el no hablar ingles, sin embargo, a mi también me crea mucha responsabilidad el hablarlo, ya que debo ser el encargado de resolver los problemas que acontezcan durante el viaje. Y decididamente, es raro el día que pasa sin que nos ocurra algo al respecto. 

En fin, nuevamente enfilo el camino hacia recepción, mientras M Carmen se queda un poco patidifusa y sentada ante una pareja que juega con su hija a las cartas. Al llegar a recepción le explico al recepcionista lo que nos pasa con la señal WIFI.

¿No te funciona? ¿Has probado a usarlo en la sala de estar? es donde hay mejor señal.
Si, y no cojo señal - replico con seguridad.
Bueno...pues, en ese caso..... te voy a devolver las 20 KR que me diste y nuevamente le pido disculpas por las molestias.

Sin el problema del WIFI solucionado, pero con el equivalente a 3€ más en el bolsillo vuelvo con M Carmen estupefacto. Bien sabíamos de la amabilidad noruega, pero también es cierto que en nuestro país esto se hubiera saldado con un sinfín de llamadas al encargado para que solucione el asunto, dimes y diretes, y una interminable retahíla de excusas, para las que ya estaba preparado. Al no encontrármelas, debo decir que he quedado gratamente sorprendido. El señor no pudo solucionar el problema, pero lejos de echarle la culpa a otro, o ponerse reticente al devolver el dinero ha cogido y lo ha devuelto sin problemas. Siempre con una sonrisa y un "You welcome" estos noruegos nos están conquistando por su gentileza. 

Nos marchamos a nuestro hytter a una temprana cena, además de con esta anécdota con otra nota curiosa que nos ha llamado la atención. Llevamos once días de aventura y no dejo de admirar que muchas familias, caravanista en su mayoría, se vayan juntas de vacaciones. Sobretodo con unos hijos, muchos de ellos en plena adolescencia. En España, solemos ir con nuestros padres a todos lados, pero nos empiezan a sobrar a partir de los 14 o 15 años, algo que contrasta con la mamadependencia de nuestro país (en general, por supuesto) y con la relativa independencia de los miembros de una familia nórdica. Supongo que querencia familiar e independencia no están reñidas, al menos en estas latitudes. A nosotros sin embargo, no deja de sorprendernos para bien dichas diferencias. De las cuales, sin duda, podríamos aprender mucho. Con este pensamiento terminamos la jornada, no sin dejar de cenar un poco de jamón con queso, y nuestra barata versión nórdica del ali-oli que por 1€, esta buenísima y nada picante. Ahora comprendo porque aquí se lo echan a todo.



Al final lo que iba a resultar una etapa de transición algo descafeinada por la imposibilidad de ver el Kjerag se ha convertido en una etapa de lo más divertida, no hemos sumado muchos kilometros en nuestro haber, pero estamos plenos de alegrías. Hemos visto lo mejor de Stavanger, conocido a un malagueño a más de 5000 kms de su tierra, y pasado alguno de los momentos más distendidos de nuestro viaje, juntos y en compañía de holandeses. Y eso, teniendo en cuenta lo vivido también es importante.