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miércoles, 3 de septiembre de 2014

CAPÍTULO 12: VIAJE AL CENTRO DE NORUEGA


ETAPA 12: STAVANGER-BERGEN




Distancia total ruta:  209 kilometros

Tiempo total:   5 horas 30 minutos

Ciudades visitadas:  2

Paradas:  1

Consumo medio:   4,63 l /100

Ferrys:24€


Estos dos días en Stavanger, algo obligados por las condiciones de nuestra reserva, han sido bastante reconfortantes. Nos levantamos con un buen tiempo imperante, con una energía renovada y con la idea de que quedarse aquí dos días no ha sido, para nada, tiempo mal invertido. Por primera vez, desde que empezamos nuestra aventura hemos pasado más de una noche seguida en un sitio. Sin embargo, hoy toca moverse, ponerse en marcha nuevo y partir hacia nuestro nuevo destino: Bergen. Segunda ciudad en importancia de Noruega, y que según me ha confesado Emilia y Toni, la primera en belleza del país. En fin, si en Noruega llueve un día si y otro también, este en teoría será de tregua.

Sin más dilación preparamos las cosas, ayudo a mi novia a preparar el equipaje y a colocarlo en la moto, que espero responda bien, a pesar de llevar dos días durmiendo en la intemperie. Las dudas se disipan en cuanto se acciona el contacto, efectivamente, este Falco Stradale es una roca y se está comportando de maravilla. Nuestros vecinos holandeses también comienzan su jornada, en teoría deberían emprender su marcha en busca de sus colegas. Pero, sinceramente, les veo bastante relajados. Mientras les saludo, nos sorprende la llegada de una pareja en una ranchera. Él parece noruego, al menos por sus facciones, ella tiene una morfología más oriental aunque morena de piel, más bien parece esquimal. Nos saluda pero pronto se ponen a desembarcar su equipaje. Dulce ironía, la de los que se van de un lugar cuando otros llegan, y es que nos da algo de pena irnos de Stavanger, después de lo vivido. Pero no queda más remedio que continuar. 

Mientras me encuentro con los últimos detalles de montaje del equipaje de nuestra moto, bajo la atenta mirada de los holandeses, oigo a M Carmen intentando hablar con nuestra nueva visitante en un tono algo autoritario. Resulta que me deje unos cubiertos y un vaso de plástico de nuestro menaje aventurero y nuestra "amiga" ha debido de presuponer que era "gentileza" del camping y se lo iba a llevar a su hytter. 

- "A ver si tienes más cuidado que lo vas perdiendo todo por ahí" - me regaña mientras mete las últimas cosas, ahora si, en nuestras alforjas.
"Esto me recuerda al Camino de Santiago del año pasado, iba con Miguel y al tender mi ropa me deje el paquete de pinzas en el lavadero. Al volver a por ellas la gente se las había llevado" - me justifico entre risas que se contagian a mi novia, y es que como ella me dice muchas veces estoy hecho un verdadero caso.

Nuestra amiga esquimal se queda un poco mirando sin saber que ocurre.

"Si, si, mira como mira, como si no hubiera roto un plato en su vida. Y casi nos roba parte del menaje, ya le vale" - me confiesa con sorna, mientras cierra la puerta de nuestro hytter. Puerta que por cierto, cuesta cerrar, no sabía que había que estudiar para cerrar algo tan cotidiano. Pero puedo asegurar que resultó una prueba titánica, hasta que M Carmen dió con la tecla. Quizá el destino no quería que nos fuéramos de Stavanger, pero los lamentos no tienen cabida en esta aventura y no queda más remedio que lamentar la marcha únicamente hasta que mi compañera de viaje monta en la moto y arranco la misma. Reemprendemos la aventura. Euro-Diversion 2013 vuelve a ponerse en marcha.


 Salimos del camping, y volvemos a coger la E-39 dirección norte, nuevamente la carretera madre que comenzó en Dinamarca nos vuelve a llevar en brazos en la Noruega de los fiordos. La verdad es que conducir en este país es una experiencia en sí misma, como ya pudimos apreciar hace dos días al iniciar camino a Stavanger desde Kristiansand. Siempre hay una sorpresa esperándonos detrás de cada curva. Pienso que no debe haber sido nada fácil construir estas carreteras, la verdad, teniendo en cuenta las temperaturas extremas, fuertes vientos, lluvia. En este país que parece fragmentado como si de un cristal se tratara, se atraviesan un sin fin de islas, glaciares, cascadas y fiordos, y cuando el fiordo es demasiado ancho para construir un puente o un túnel, la travesía se tiene que efectuar en ferry. Esta carretera no es una de las esas vías turísticas tan valoradas que nos transportan a lugares remotos. Pero es la única que, siempre paralela a la costa atlántica, atraviesa la totalidad de los fiordos, constituyendo además una ruta fundamental para la vida y el desarrollo de este país nórdico. Sin duda un compendio, la síntesis más completo, que bien podría resumir muchas de sus bellezas. Una carretera, la E 39, que cruza la zona de los fiordos noruegos de norte a sur, consideraba en todas las guías como uno de los lugares más bellos para conducir y dejarse llevar por paisajes de ensueño.

Mi cabeza en los primeros kms bulle de reflexiones de lo que estamos viviendo, M Carmen y yo, en este país. Es cierto que conducir nos puede dar la libertad y el acceso a las atracciones naturales del camino. Pero resulta imposible pretender parar la moto en cada momento para disfrutar del paisaje o sacar fotos porque esta carretera es un espectáculo constante. Como una película que se proyecta delante de nuestros atónitos ojos sin dejar de aferrarnos a la moto, si nos detenemos parece que vamos a interrumpir la proyección. Es preferible que continúe. Se atraviesan lugares idílicos. Fiordos, lagos, cascadas, ríos, playas, montañas nevadas y valles de una vegetación exuberante. Paisajes en estado puro. Parece que la huella del hombre no ha alterado todavía estos parajes vírgenes. Resulta imposible pretender asimilar tantas imágenes. Unos segundos y miles de sensaciones que tenemos que guardar para toda la vida. Detrás de cada curva, un paisaje de postal; de cada montaña que dejamos atrás, un horizonte de ensueño en una sucesión constante de sensaciones vertiginosas. Un espectáculo del que podemos ser privilegiados testigos sin movernos de nuestro asiento. Y aunque tengamos la tentación de echar el freno, la mayoría de las veces no podremos hacerlo, porque muchas veces no existen arcenes, ni miradores, porque circulamos por carriles muy estrechos. Tenemos que conformarnos con disfrutar de ese documental y soñar con que este viaje no se acabe nunca.

Ensimismado en mis pensamientos veo como cuando enfilamos el primer túnel de nuestro viaje, dividido en dos secciones, bajo el fiordo By, en ese momento comienza a llover con suavidad, pero ante la duda, nos ponemos los trajes de agua, a pesar de mis reticencias. Por la pérdida de tiempo que implica, parar y ponérselo. Reanudamos la marcha, y me fijo que el cuentakilometros de la moto marca 82056 kms, ya hemos llegado a ¡¡4000 kms!!. Inmediatamente se lo digo a M Carmen, que lo celebra con un sonoro grito de júbilo. No es para menos, 4000 kms en moto y en estas condiciones no los hace cualquiera, y más de paquete. Cada vez me queda más la sensación de que con cada cumplimiento de millar de kilometros es para ella como cumplir años. Sigues vivo, sigues acumulando experiencias y continuas tu viaje por la vida en busca de más descubrimiento. Y yo debo decir que, a 200 metros bajo el nivel del mar, comparto ese sentimiento durante los dos kilometros de longitud del túnel.

Atravesado el fiordo By, y con 4000 kms a nuestras espaldas, continuamos nuestro camino hacia Bergen saltando de isla a isla, de las muchas que suelen poblar los fiordos noruegos. Pasamos en un suspiro de Bru a Sokn y a la siguiente isla por un puente, hasta que de nuevo volvemos a introducirnos en un túnel para atravesar el fiordo Mastra. Un túnel, muy diferente a los que había visto hasta ahora, un tubo concéntrico perfecto con luz lúgubre en el que nos metemos como si estuviéramos adentrandonos en la garganta de un dragón. Una suave pendiente que pronto se torna más abrupta hasta llegar al 5%, vamos descendiendo poco a poco, poco a poco, en un interminable desfile de señales luminosas, pasamos el primer kilometro y el túnel continua sin visos de terminar. No me lo puedo creer, no sólo tenemos una temperatura más baja que el exterior, sino que ¡encima tenemos viento de frente!, seguimos bajando y pasamos los 2000 metros de túnel en una bajada recta que parece no tener fin, ¿Estaremos viajando al Centro de la Tierra?.Que extraña sensación esta de estar cayendo sin destino conocido, en un lugar donde incluso el ruido del motor de tu moto se encuentra acallado por el continuo batir del viento, ni siquiera nos oímos por los intercomunicadores. Continuamos nuestra caída libre.

- ¿Cuando demonios se va a acabar este túnel?parece que no tiene fin - pregunto dentro de la inmensidad del silencio.
¡Que barbaridad! - exclama mi novia mientras contempla los coches que ascienden por el sentido contrario.

Instantes después nuestra caída se hace menos evidente y la inclinación de nuestra pendiente cesa, estamos en llano. Hemos conseguido la estabilidad a los 3 kms aproximadamente, si bien todavía no hemos salido de las entrañas de la Tierra. En ese momento, aprovecho para acelerar un poco más la moto y aligerar la marcha, a mi alrededor puedo ver numerosos puestos de SOS y puertas de salida de emergencia, la iluminación mejora a la que habíamos tenido antes. Parece que estamos en una ciudad con una calle de doble sentido, con un carril para mi y otros dos para el sentido contrario. De repente un coche me adelanta de muy mala forma por línea continua, pero apenas me da tiempo a alcanzarle. Sin embargo, veo que mi único carril se desdobla y el coche que anteriormente me ha adelantado deja de ir recto para ir poco a poco subiendo. Tras tres kilometros de bajada, dos de llaneo, veo que la salida está próxima. Acelero el Falco Stradale y emboco la ascensión hacia nuestra salida.

Rafa, aquí hace un frío del demonio, hay que salir de aquí 
Ya queda poco M Carmen

En el momento de que estamos a punto de cambiar la inclinación, esta vez para ascender, veo un cartel que pone:  "368 MBSL"

¿Que pone Rafa? - Pregunta M Carmen con vivaz curiosidad.
Pone que estamos a.... 368 metros bajo el nivel del mar (Metres below sea level).
¿Como? - Exclama sin salir de su asombro, debo decir que compartido.

Teniendo en cuenta que estos valles están escavados por los fiordos e inundados por el agua del mar, a esos 368 metros habría que sumarles los metros de profundidad del propio lecho marino. Hemos pasado literalmente por debajo del mar, y a una profundidad que nos hace estar más cerca de Julio Verne que de la cordura de la superficie. Los siguientes kilometros, de ascensión, discurren igualmente lentos, pero con un atisbo de esperanza. Nunca imagine que un túnel me haría tener una sensación tan claustrofobica en el cuerpo, pero curiosamente, también estoy disfrutando de la experiencia. Experiencia que comparte mi querida compañera de viaje. Definitivamente si Holanda son especialistas en ganarle terreno al mar, en Noruega son los túneles rivalizan con los fiordos, aunque luego sean estos últimos los que se han hecho famosos y salen en todas las guías de viaje, me alegro de haber llegado hasta aquí para protagonizar un auténtico Viaje al Centro de la Tierra en Moto. Ha sido como cruzar el Canal de la Mancha pero en versión mini. No tengo ni idea, pero me hago una pregunta, ¿Cuál será el túnel transitable a más profundidad del mundo?¿Y el más largo?¿Será este de Mastra?

Pasados aproximadamente otros 3 kilometros nuestra ascensión de escape concluye y por fin, la luz al final del túnel se divisa. Al cruzar el umbral siento un gran alivio, creí que nunca iba a salir de las fauces de Gaia, pero finalmente, lo hemos conseguido, no sin que me pregunte qué otras cosas nos quedan por descubrir.

Inmediatamente a la salida del túnel conectamos con un puente que va sobre el fiordo Mastra de nuevo. Nos encontramos en una especie de "ría" y vamos dando saltos de una isla a otra. En la isla de Mosteroy decido hacer un alto en el camino y desviarme hacia Fjoloy, donde hay unos de los faros más bonitos y antiguos de Noruega. La verdad es que antes de comenzar esta etapa no sabía nada de dicho faro, pero en uno de los atisbos de vida del GPS ví que había un PDI en ese lugar y ahí, me surgió la curiosidad por descubrir que habría. Sin más dilación me propuse a averiguarlo a pesar de que nos desviábamos de nuestro rumbo original.



 ¿A dónde vas Rafa?¿Es por aquí?- me pregunta M Carmen.
No, vamos a desviarnos un poco de la ruta para ver un faro- les respondo con seguridad.
Ten cuidado que tenemos el GPS mal y no conocemos el lugar. A ver si nos perdemos.
Tranquila, en caso de problema volveremos a la E-39 y listo.

Ponemos rumbo al faro, evidentemente las distancias dentro de estas microislas son diminutas y llegamos al lugar en un santiamén. Ya podían ser así de accesibles todas las cosas que vamos a ver en este viaje.  Esta vez, no habría que escalar hacia ningún remoto lugar, tan sólo hacemos un desvío a la izquierda, pasamos un pequeño puente, con unas extrañas rejas en el suelo y ya estamos en Fjoloy. A ambos lados de carretera y coqueteando con el fiordo podemos ver vastos prados que se pierden allá donde alcanza la vista y con una tranquilidad sólo rota por el ruido de nuestro motor llegamos a este faro en la costa occidental de Noruega. Faro que constituye la puerta de entrada del mar en el fiordo de Bokna.









 A nuestro alrededor todo es roca y agua. Con pequeños islotes con balizas para los barcos, tan cerca y tan pequeños que parecen estar al alcance de la mano, como el que se aventura a andar en la playa en la zona que no cubre. La calma y tranquilidad de la mar se nos contagia y por un segundo es como si el tiempo se detuviera. Una imagen invade mi mente, y me siento como si hubiera tenido un dejá vu. Por un instante, parece que he viajado 4000 kms hacia el sur para volver al punto de partida de nuestra aventura. Esta paz me recordaba cuando estuvimos en la Isla Paloma en Tarifa en el punto más al sur de Europa, a las puertas de África.

Tras la visita privada nos vamos del lugar con una paz que con el ajetreo de Stavanger creía perdida y volvemos al cruce pasando otra vez por ese extraño paso metálico que está como roto. No le doy mucha importancia, pero casi todos los pasos de finca están delimitados por ellos ¿que será? Antes de reemprender el camino veo en el horizonte una iglesia que decido visitar. A nuestra llegada vemos a una chica sentada en un una especie de quad cortacésped, cortando el verde manto, pero ¡encima de un cementerio! surcando las lápidas de los finados. Estas son las cosas que hacen Noruega diferente, en un país como el nuestro acostumbrado ya a los nichos, nos extraña, al menos a mi, la imagen de un campo plagado de cruces y lápidas. Por desgracia, la iglesia está cerrada, pero mientras descansamos nos deleitamos con un espectáculo digno de las fuerzas de la naturaleza que habitan en estos lugares:




Tras la marabunta, llega la calma, y con la misma calma que llegamos decidimos irnos de alli, no sin antes tropezar con un rebaño rezagados de ovejas, las cuales, sin querer, me desvelan el propósito de esos barrotes puestos en el suelo. 

Rafa, son pasos canadienses,¿no lo sabías?
No - le respondo
¿Se algo que tu no sabes? Son para que el ganado se asuste y no se escape.- Aunque esta segunda frase no la pude escuchar bien a través del intercomunicador dado que mi novia estalló en una súbita carcajada. Nuevamente, había quedado como un tonto preguntando sobre algo evidente.

Con esta anécdota, dejamos atrás Mosteroy y pasamos a Rennesoy. Lugar donde repostamos la moto, con cierta imprudencia por mi parte, ya que creo que he esperado demasiado a rellenar el depósito. Debo de extremar las precauciones, ya que en este país no sabes cuando encontrarás la próxima gasolinera. Entre vistas de los indomables fiordos noruegos llegamos a la terminal del primer ferry que vamos a coger en esta etapa en la localidad de Mortavika y que nos llevará hasta Arsvagen en la isla Vestre Bokn. Esta vez los 8 kms de distancia que separan ambas localidades no los haremos bajo el fiordo sino a través de él. Nos posicionamos en el carril para motocicletas a la espera que venga el ferry a recogernos. Aparcamos la moto y me marcho a pagar los tickets para nuestro transporte. En total unos

Mientras espero para embarcar en el ferry, M Carmen vuelve a cumplir con su tradicional cafe matutino para despertar el animo. Cosa que no consigue al 100%, al no estar los cafés nórdicos muy cargados. Nuevamente la zona de espera esta perfectamente organizada y dotada de todo tipo de medios para hacer la espera más liviana. La cola de coches va haciendose importante, pero aquí nadie se salta su turno, cosa que se agradece bajo la incesante lluvia que nos ha acompañado desde nuestra entrada en el túnel de Mastra. Pasados unos minutos, aparece el imponente ferry de la compañía Fjord1. Y en el mismo orden que nos apilamos comenzamos todos los vehículos el embarque. El personal de la Fjord1 me hace señas de que aparque un poco encajonado entre camiones y caravanas, cosa que no me gusta, pero supongo que donde manda patrón no manda marinero. También me da un poco de recelo que la moto no se caiga por algún envite del agua. Con la inestimable ayuda de M Carmen ponemos los casi 300 kg del Falco Stradale sobre el caballete central, con la esperanza de no encontrarnos con la desagradable sorpresa de ver nuestra moto en el suelo.



Cogemos las cosas más indispensables para hacer alguna foto y nos metemos en la cubierta ya que la climatología no invita a disfrutar de unas preciosas, pero lluviosas, vistas. Ahora experimentamos esa sensación absoluta de libertad y de paz que nos transmite la exuberante naturaleza que nos rodea y un horizonte infinito. Miremos donde miremos, unas vistas de impacto. Desde luego, Noruega está siendo un país de sorpresas, que cambia con el discurrir de cada etapa. Si en los primeros compases de nuestra aventura teníamos abundancia de bosques y valles glaciares, ahora estamos siendo testigos de la grandiosidad de los fiordos en todo su esplendor, gracias a los ferrys, que hacen las veces de un sucedáneo de crucero. Aunque nada tienen que envidiarles por lo bien acondicionados que están.

Nos sentamos en la cubierta acristalada del ferry para ver como avanza entre la inmensidad del fiordo. Un fiordo salpicado de innumerables islas distribuidas a modo de lágrimas de tierra en el horizonte. Nuevamente contamos con todo lo necesario para ponernos tibios a comer. Sin embargo, nosotros preferimos deleitarnos con el espectáculo y descansar mientras saboreo, en mi caso, un chocolate caliente, y M Carmen vuelve a la carga con otro cafe.

Estos cafés están malísimos, están muy aguados - me dice ella mientras me invita con un claro gesto para que pruebe ese megunje.
¡Que malo está!, encima no les has echado azúcar. Bueno, esto se bebe como la Coca-Cola, desde luego aquí la prioridad no es activarse o desconectar por unos minutos. La función de esta bebida es calentarse.
Desde luego, voy a tener que enseñarles a los noruegos lo que es un buen café. - me dice con una sonrisa en la cara. Tan clara como el día que se está empezando a despegar, aunque, por supuesto sin dejar salir el sol. 

Tras unos 15 minutos, llegamos a Arsvagen con ganas de salir y reemprender la marcha. La cual iniciamos serpenteando por unas curvas en claro ascenso a la pequeña ciudad de Arsvagen, la cual cruzamos con tanta facilidad como atravesamos la isla de Vestre Bokn. Vamos "volando" literalmente sobre las aguas, dando saltos de una isla a otra de este archipiélago que siembra las aguas del fiordo. Pasamos a Autre Bokn y cruzando dos puentes más, pasamos por sendas islas: Ognoya y Halandsoya. Esta última isla es algo más grande y podemos ver en el horizonte pequeñas poblaciones que la salpican, todas con sus casas de madera, cobertizos, su ganado pastando en los verdes campos cercanos. Todas imágenes que trasladan la paz a nuestra marcha. Después de la isla de Fjoloy, estamos empezando a ver civilización de nuevo y afortunadamente para nosotros, gasolineras. A parte del paisaje indómito nórdico, ya empiezo a fijarme en las estaciones de servicio y en los precios de las gasolinas, cercanas a 2€ el litro, ciertamente las más caras del viaje. Pero eso no es lo que más me preocupa, lo que más me preocupa es quedarme sin gasolina en mitad de la nada. Así que, voy a bajar la cadencia de repostaje a 150 kilometros, en vez de cada 200 como lo estaba haciendo hasta ahora. 

La localidad de Aksdal nos ve pasar como una estrella fugaz, dejando a la población de Haugesund a nuestra izquierda. Rogaland queda atrás y nos espera la región de Hordaland, región donde nos espera el primer fiordo que tenemos que franquear. Su nombre: Bjordal, el cual atravesamos mediante un túnel similar al que usamos al principio de la jornada. Una gran bajada, en caída libre de casi tres kilometros, durante los cuales experimentamos las mismas sensaciones que con el primero, frío, viento en la cara, y ausencia de rozamiento en el desplazamiento del Falco Stradale, casi como de vacío. Al llegar a la parte llana del túnel de tan sólo un kilometro de longuitud podemos ver en un cartel la profundidad a la que nos encontramos: 268 metros, ¡casi nada!. Tras esta visión comenzamos una verdadera ascensión para salir de las entrañas de la tierra, cosa que ocurre tras tres kilometros. Como curiosidad, decir que tras salir del túnel puedo ver en el GPS que hemos atravesado dos islas: Otteroya y Foyno.

Ya estamos en Leirvik, en la isla Stord, donde tendremos que decidir porqué zona vamos a conducir ya que existen varias opciones para continuar por la parte oriental u occidental. Veo en un cruce cercano el nombre  de Fitjar, y me acuerdo que la novia de mi amigo Toni (Cabra) vive allí. Se me ocurre que puede ser una buena idea pasarme por allí para hacerle una visita, pero por consejo de mi novia, intento ponerme en contacto con ella para asegurarme de que esta en casa. Sin embargo, no tenemos tarifa roaming para usar el 3G de nuestro móvil. En ese momento, de casualidad, pasamos por una estación de servicio con WIFI y aprovecho para comunicarme con mi amigo Toni de Cabra y preguntarle si se encuentra en Fitjar con Emilia. Tras unos minutos de espera me contesta que no, así que desafortunadamente nos perdemos una visitar guiada por el país, pero a cambio ganamos una subida por la isla de Stord más rápida por la parte oriental. Aprovechando que estamos en la estación de servicio y mientras M Carmen usa el WIFI para hablar con su familia, yo me dirijo al mostrador a pagar por llenar el depósito y de paso preguntar, una duda que me estaba asaltando desde que hablamos con Eric en Kristiansand.

¿Las motos pagan peaje?- Le pregunto a la dependienta.
No, no pagan. Es gratis - Me contesta con una sonrisa.

Me despido con una sonrisa de oreja a oreja y una profunda sensación de alivio. No es para menos, hemos pasado por un montón de cámaras y tenía dudas de si estábamos infringiendo la ley. Así que con esa buena noticia reemprendemos la marcha, aunque siempre con reservas con respecto a la gasolina claro está. Y es que no abundan las áreas de servicio en Noruega, y eso sumado a que no cuento con indicador de nivel de gasolina, ni luz de reserva hace que no sea prudente jugar con la capacidad del depósito del Falco Stradale.  

Seguimos bordeando la isla coqueteando con el tranquilo fiordo que discurre manso a nuestra derecha. Todo ello bajo el manto de una profusa lluvia, que no llega a incomodar. Tras unos kilometros que transcurren como un respiro, llegamos a la localidad de Sandvikvag, lugar donde cogeremos nuestro segundo ferry hacia Bergen.


En ese momento, mientras bajábamos para el terminal del ferry observamos como una camión delante de nosotros frena bruscamente. M Carmen aprieta rápidamente sus piernas a modo de alarma para avisarme, yo ya me había dado cuenta y comienzo a frenar con más de cien metros de margen. Comienzo frenando con el freno trasero con suavidad, pero viendo que la moto no se detiene, piso el freno trasero con energía. Sin embargo, el Falco Stradale no se detiene, no dispongo de espacio para apearme, ni tengo arcén, el firme está mojado y el camión cada vez está cerca. Por lo tanto, no me queda más remedio que frenar combinadamente con el freno trasero y poco a poco con el delantero, la moto desciende mucho la velocidad pero no es suficiente. En el último instante y cuando el choque parecía inminente freno con los dos frenos con energía y casi con los ojos cerrados veo como la moto se detiene apenas a un metro del camión. ¡Uffff! - pienso, casi nos la pegamos. Sin tiempo para celebrarlo y producto de la inercia de nuestra fuerte frenada el Falco Stradale vuelca y cae a mi derecha sin que M Carmen y yo podamos hacer nada para evitarlo. Nuestras miradas se cruzaron y eran ciertamente asesinas.

M Carmen, ¿no has podido ayudarme para que no se caiga la moto?
Pero ¿Cómo? si no hacía pie, podías haber frenado que casi nos la pegamos, ¿no?
¿Te parece poco lo que he hecho?Me he dado cuenta a tiempo, pero con la carretera mojada, lloviendo, en cuesta abajo y con todo el peso que llevamos encima es difícil frenar. - En esos momentos, me dolían las manos de apretar los frenos y los brazos de intentar mantener la estabilidad de nuestra montura.

Entre nosotros se hizo un silencio tenso e incómodo y juntos intentamos levantar el Falco Stradale del suelo. Afortunadamente, estamos bien, pero esta caída ha mermado nuestra moral y puesto en peligro nuestra aventura. Sin embargo, a me resulta imposible poner más fuerza para levantar la moto, estoy cuesta abajo y mis botas resbalan y M Carmen sola no puede. En ese momento, se presenta un noruego, rubio, alto y fuerte como un roble que resultó ser el conductor del camión.

¿Os habéis caído?¿Estáis bien?¿Le ha pasado algo a la moto?- Nos interroga el desconocido.

En ese momento, me encuentro sin fuerzas para responder, tan sólo emito una mirada acusadora, mientras siento como un fuego me sube por el cuerpo. A mi novia parece que le ha subido dicho fuego antes, ya que sin previo aviso explota contra nuestro conductor.

¿Pero se puede saber que te pasa?no se puede frenar así antes hombre. No nos ha pasado nada, pero no ha sido gracias a ti
Lo siento -  responde pausada y educadamente sin entender a mi novia - Pero, ¿de verdad no me habéis visto? ¿Necesitáis ayuda?
Si, por favor, ¿puedes ayudarnos a levantar la moto? - le solicito como única esperanza de continuar nuestra aventura. Debo de reconocer que el tono de sus palabras y su interés por nosotros me relajo bastante. Incluso aplaco los ímpetus de M Carmen.  

Los tres juntos ponemos la moto de pie y compruebo si el Falco Stradale funciona. Acciono el contacto, contengo la respiración y finalmente, al apretar el encendido eléctrico nuestra moto se pone en marcha. Nuestro desconocido se va a su camión. Resulta que estaba parado por unas obras en la E-39 cuya señalización brillaba por su ausencia. Menos mal que conseguí frenar a tiempo y no hay que lamentar daños personales y materiales, ambos importantes, desde luego. Continuamos nuestro camino con el susto en el cuerpo todavía latente. Nada mejor para superarlo con un café y un chocolate caliente en los momentos previos a la subida al ferry, nuevamente de la compañía Fjord1. Una embarcación que nos permitirá superar los 20,7 kms de distancia entre las localidades de Sandvikvag y Halhjem. Este va a ser un viaje largo así, grabo algunos videos y M Carmen realiza unas fotos de la bella travesía.



Tras 30 minutos aproximadamente llegamos a la localidad Halhjem y con animo emprendemos los últimos 34,9 kms hasta Bergen. Al salir del ferry adelantamos al camión con el que casi chocamos y este nos saluda con una ráfaga y una pitada, el problema ha quedado más que zanjado. Desde luego, que momento tan raro pasamos, si hace unos instantes queríamos matar a ese camionero, a este le bastaron unas suaves palabras e interés por nosotros para domar nuestros embrutecidos ánimos. Ojalá todas las discusiones del mundo se finiquitarán así.

Comentando la jornada, rica en anécdotas, a través de los intercomunicadores llegamos a la bella Bergen. Bergen, con 258000 habitantes, es la segunda ciudad tanto en importancia como en población de Noruega, y según me dijo mi amigo Toni, la más bonita, ya que la capital, Oslo, es para su gusto una ciudad bastante gris. Así que, aunque sea de manera breve, enamoremonos de Bergen y de lo que tiene que ofrecernos. Es el momento de localizar el hotel Citybox, algo que va a resultar díficil dado que nuestro GPS funciona con intermitencia. En un momento de lucidez conseguimos orientarnos entre el tráfico y llegar a nuestro alojamiento. Aparco la moto y mientras M Carmen desengancha las maletas, yo me dispongo a hacer el check-in.




En el Citybox me encuentro con una puerta cerrada de par en par y con un teclado númerico. Entiendo que hay que introducir algún tipo de clave y deduzco que quizá sea el código de reserva que da booking.com. Sin embargo, no consigo abrir la puerta. Ante mi perplejidad y la posibilidad de no poder dormir en una cama decente me pongo algo nervioso. Menos mal que una chica que pasaba por alli, rusa creo, me ayuda en el curioso metodo para abrir la puerta. Resulta que en este hotel el check-in no te lo hace una persona sino una maquina, un cajero. En el hay que introducir mi número de reserva y una vez confirmado los datos se facilita una clave de 4 números que es la que hay que poner en el teclado númerico de la entrada. Madre mía - exclamo - ¿hay que estudiar un doctorado para abrir una puerta en Bergen?

M Carmen ha terminado su tarea y viene a mi encuentro por si me hubiera pasado algo. Voy a parecer un imbécil, pero decido confesarle lo ocurrido consiguiendo con ello arrancarle una sonrisa y disminuir la tensión de la etapa. Juntos y con el número de habitación, facilitado por la maquina nos dirigimos a nuestra habitación. Una estancia, amplia, de muebles sencillos, pero que cuenta, a parte de la cama, con un escritorio, sillon y lo mejor WIFI gratis. Sacamos de nuestras alforjas lo necesario, ponemos a secar nuestra ropa y reposamos un poco sobre la cama, a la vez que damos novedades a nuestras familias sobre como ha discurrido la jornada. Después nos duchamos, y nos preparamos para salir a ver esta gran ciudad. Pero ¿Qué cosa podríamos ver?Ante la duda, decidimos ir hasta la recepción del hotel en busca de información y de paso de alguna persona de recepción, a la cual encontramos. Dado que el mapa de Bergen costaba 2€ pensamos que sería mejor opción coger la señal WIFI del hotel y desde hall del mismo planear nuestra jornada.

Mientras estamos ensimismados en la tarea observamos a dos personas, padre e hijo al parecer, que están hablando español ante la distante mirada de una chica rusa que estaba comprando por internet. Nosotros instintivamente miramos hacia a ellos como en busca de complicidad del que encuentra a un compatriota. Ellos sin embargo, no muestran tanto interés, más bien indiferencia, y se ponen a hablar inglés. Como mi novia no sabe, los abandona con la mirada, sin embargo yo continuo observando como intentando descubrir el motivo de este comportamiento. A continuación, sin mediar razón, se ponen a hablar catalán entre ellos y empiezo a comprender el carácter malicioso de ese comportamiento. Desconozco lo que les ha llevado a comportarse así, pero decididamente me parece estúpido. ¿Que más da de la región que seas? lo importante es que somos del mismo país, estamos en el extranjero y siempre se agradece encontrar a alguien con quien se pueda compartir información o experiencias. No las encontraremos desde luego, con ellos, aunque tampoco nos importa demasiado, la verdad, es que no entiendo como la gente puede comportarse como extranjera no sólo ante los lugareños del país que visita sino ante sus propios compatriotas, ¿Qué es lo que pretenden?
Con esta reflexión nos vamos a un supermercado cercano para comprar algo de pan y comer fuera del hotel mientras visitamos la ciudad. De repente frente a nosotros vemos como un coche de la policía noruega identifica y detiene a unos sospechosos (no sabemos de que) sin que los numerosos ciudadanos que pasan se inmuten lo más mínimo. Si estuviéramos en España, habría al menos veinte personas grabando desde todos los ángulos, sin olvidar a los listos que se creen más capaces que los agentes para realizar su trabajo. Desde luego, Noruega es un país muy diferente en el que la policía parecer ser respetada y donde los detenidos, al menos estos, se ponen las esposas ellos solos. 

Después del asombro, nos introducimos en el supermercado, en busca de un poco de pan. Sin duda aquí en Noruega, no conocen el concepto de pequeño. Los panes son de un kilo y valen una media de 7€, algo caros la verdad, pero a cambio te duran unos diez días. También es muy particular la forma en la que puedes dispensarte el pan.



Hasta en los más cotidiano Noruega nos sorprende, así que seguro que Bergen nos deslumbra. Cogemos el Falco Stradale y ponemos rumbo al centro de la ciudad, comenzando nuestro periplo en un gran parque con un gran lago central del que sale un chorro de agua enorme de 5 metros de altura. El parque se encuentra rodeado de arboles y espacios verdes profundos. También en sus aledaños tenemos una exposición de Edvard Munch y varias estatuas que amenizan el paso de los visitantes como la del famoso compositor noruego Edvard Grieg.











Un lugar perfecto para perderse en esta especie de bosque urbano, todo lleno de vida y de gentes que disfrutan de este espacio de ocio. Precisamente, vemos a un grupo de niños intentando hacer equilibrios sobre una cuerda, ignorando lo que se avecinaba decido aceptar el desafío que uno de ellos me ofrece. Me coloco sobre la plataforma, que esta a unos 50 cms del suelo, y cuando voy a dar el primer paso, me caigo sin remisión en un sonoro ridículo de tanto estruendo como la risa de mi novia. Esta claro que el equilibrio no es lo mío, ya que varios de ellos son capaces de cruzar con relativa soltura al otro lado. "Humillado" por los niños noruegos decido probar otra vez suerte con el mismo resultado.


Anda ven que te vas a matar - acierta mi novia a decir entre risas.
Estos seguro que no se hacen los kms que nos hemos hecho en moto - intento autoconsolarme tras la derrota sufrida, aunque se de sobra que muchos de ellos no tendrán ningún vehículo que vaya más allá de una bici.

Nuestro siguiente paso es subir al monte Floyen, punto desde el cual se puede disfrutar de las mejores vistas de la ciudad. Pero mientras subimos al lugar donde se coge el funicular Floibanen, observamos una iglesia digna de mención, nuevamente un edificio del siglo XVIII coetáneo al que vimos en Stavanger, aunque en ese caso era una casa particular.



Tras la visita llegamos a la taquilla del funicular. Afortunadamente, hemos llegado a tiempo para sacar dos tickets. En nuestro caso serán de ida y vuelta, aunque es posible subir hasta el mirador andando por un paseo, el cual, por un momento, me recuerda al que hay en el Castillo de Gibralfaro de Málaga. Lo cierto es que necesitamos, dada la premura de tiempo llegar lo antes posible para realizar fotos y volver lo más rápido posible al hotel. El precio para los dos es de unas 80 KR (aproximadamente 22,85€ ida y vuelta para dos personas), así que tras pagar sólo nos queda esperar en el anden a que el funicular aparezca. Tras unos minutos de espera hace acto de presencia nuestro transporte acristalado. Nos acomodamos y poco a poco vamos ascendiendo adquiriendo cada vez más una mejor perspectiva de la ciudad que dejamos abajo. Si Bergen es preciosa a pie de calle, ni os cuento lo bonita que es desde las alturas. Una vez en la cima del monte, tenemos un restaurante de lujo, tan de lujo que parece digno de la realeza, se llama Folkerestaurant. Para los niños hay un parque infantil custodiado por un troll, que causa sensación entre los visitantes. 


Es un reclamo turístico más del lugar, aunque no roba protagonismo al mirador que preside el monte Floyen, desde podemos contemplar Bergen en toda su magnificencia. Un horizonte de Bergen muy nublado, pero a pesar de la ausencia de sol este hace por intentar salir y saludarnos, haciendo en conjunción con el agua del mar un bonito efecto como si el cielo estuviera en llamas. Siempre que he viajado con mi novia por el mundo a lugares donde sabíamos que habría bonitas puestas sol, como en el Cabo de Roca o Sagres en Portugal, hemos ido en busca del atardecer perfecto. Es curioso pensar que aquí, donde no se pone el sol en verano hayamos visto uno así, las imágenes hablan por si solas.



Después de las fotos y antes de irnos, decidimos hacer una visita a la zona de souvenirs. Sabemos que todo será caro, pero hay que cumplir con el trámite de comprar una pegatina del país que visitamos. Ya llevamos 9, y parece mentira a donde hemos llegado. Mientras M Carmen mira alguna cosa más, profundamente indecisa, observo una postal con una fotografía del famoso sol de la medianoche en el Cabo Norte. Destino de la primera parte de nuestra aventura, por si acaso no tenemos suerte en verlo, decido guardarme con mi móvil esta foto de recuerdo. Tanto nos entretuvimos con la postal que se nos fue el santo al cielo en un santiamén y casi perdemos el funicular de regreso a Bergen (el próximo salía en una hora). Menos mal que alguien se lo indicó y estuvo esperando nuestra llegada pacientemente.

Rafa, podíamos haber bajado andando
M Carmen, ¿bajar un monte andando? seguro que esta hecho un camino de cabras.

Mientras debatíamos sobre la conveniencia o no de bajar andando, observo por la ladera de una montaña una escalinata con poca pendiente muy bien acondicionada, con algún que otro parque por el camino. No puedo evitar poner cara de circunstancia. Después de todo, no parecía tan mala idea haberse dado un paseo para bajar a Bergen. En fin, una vez llegados al terminal del funicular, nos dirigimos hasta la Iglesia de Santa María es el edificio más antiguo de Bergen, con alguna de sus partes construidas alrededor del año 1130. Fue la iglesia de los comerciantes hanseáticos desde 1408 hasta 1766. Tras la visita, muy interesante la verdad, nos vamos caminando hacia uno de los rincones de esta ciudad de visita obligada. Tan obligada que si no lo visitas no puedes decir que has estado en Bergen, el barrio de Bryggen.


Bryggen era un barrio de comerciantes de la Liga Hanseática, establecidos allí en 1360. A lo largo de la historia, Bryggen, con sus edificios de madera, ha sufrido varios incendios; hoy en día, la cuarta parte de los edificios datan de después del incendio de 1702; el resto son más recientes. Se conservan algunos sótanos de piedra que se remontan al siglo XV. Tras el incendio de 1955, en la zona afectada se construyó un museo y varias casas de madera en el estilo antiguo; también se edificó un hotel de ladrillo muy controvertido. Este barrio ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad desde 1979, y desde luego no es para menos. Frente al puerto de Bergen se erige este barrio de casas de madera de colores llamativos y variopintos. Aunque hoy día el barrio ha retrocedido y ya no está cercano al agua, por la construcción de un paseo marítimo y una carretera, paseando por las inmediaciones uno tiene la sensación de retroceder hasta el siglo XIV. Frente a las casas se han dispuesto numerosos bares y pubs para los turistas.

Rafa, mira esos, tomándose una cerveza con una manta, me muero de frío de verles- Me comenta M Carmen mientras pasamos a su lado.
No se que me da más miedo si el frío o el precio que tendrá tomarse una cerveza aquí en el mismísimo puerto de Bergen. En ese momento, estallamos en una sonora y espontánea carcajada por lo natural del comentario de mi novia y proseguimos la marcha.

De momento, hemos visto el barrio de Bryggen como lo ven muchos turistas, desde fuera y con vistas al mar. Nosotros, que somos más decididos nos sumergimos entre las casas, encontrando, a nuestro paso, un sinfín de callejuelas forradas completamente en madera al más puro estilo del siglo XIV. De hecho ni las calles son planas en su trazado, ni los lados de las casas siguen una línea recta. Nunca había visto un barrio así¿Habremos dado, sin querer, un salto hacia atrás en el tiempo? A este sentimiento contribuye el hecho de que una vez dentro de las callejuelas de Bryggen, y tan sólo habiéndonos aventurado unos metros, el barullo del paseo marítimo de Bergen desaparece por completo.


Este barrio interior, como he decidido llamarle, se compone de dos alturas, con escaleras que se reparten cada ciertos metros, para subir a la planta superior. Es curioso pensar que si no me dijeran que estoy en Noruega me pensaría que estoy en los famosos salones de las películas de oeste, con su planta baja y la superior que asoma en forma de balcón, pero no estamos en tierras de Odín.




Otra cosa que me asombra es que a pesar de estar hecha en madera y de ser calles bastantes vetustas, siguen en uso y pleno funcionamiento. Si de cara al público se disponen restaurantes, pubs y tiendas de souvenirs a lo largo del paseo marítimo, en las casas interiores hay negocios de lo más dispares, desde tiendas de artesanía en madera, como no, hasta estudios de fotografía o arquitectura, pasando por despacho de abogados y academias de diseño informático en 3D. Los cables y WIFI llegan a todas las instancias procurando respetar la integridad y esencia de este barrio tan singular. Tras esta reflexión me aventuro por la pasarela superior para que M Carmen me haga una foto desde abajo, pero al llegar al lugar me encuentro a dos chicas haciendo manitas. Mi primera reacción fue de corte, ya que no esperaba encontrarme a nadie, y más en un sitio tan alejado del común discurrir de los turistas, incluso me ruborice ante la situación, porque sencillamente, no la esperaba. Mi novia, desde abajo, permanecía ajena a este "encuentro". Ellas con discreción se marchan, aunque ni mucho quería importunarlas ni molestarlas, tan sólo hacer una foto desde la altura. Tras este experimento, decidimos hacernos algunas románticas fotos juntos en este particular "salón noruego".

Seguimos avanzando en nuestra aventura de recto destino para acabar en un bulevar, paralelo al paseo marítimo, también de madera, que es donde realmente se esconde el tesoro de este lugar. Una casa originaria de la época en que se construyo Bryggen sigue en pie, junto a la curiosa escultura de un pescado. que parece hecho de madera. Dicha casa, sin duda, la más antigua de Bergen han dispuesto un museo y varios restaurantes en los aledaños, tuvimos la oportunidad de entrar en uno tan diáfano que parecía que estábamos en la casa de alguien. Sin embargo, no permanecimos mucho en el lugar. En ese momento, vi a un gato callejero y decidí hacer una pequeña broma acordándome de mis amigos de Elgoibar.



Volvemos sobre nuestros pasos, y regresamos al puerto de Bergen, con varios cruceros y barcos de recreo atracados en el. El sol, que por supuesto, no se pone, y esta un poco bajo, da la impresión de que esta ocultándose incendiando el cielo, como vimos desde el monte Floyen. La luz del sol, caprichosa da de lleno en la fachadas del barrio de Bryggen y dota a las casas de un brillo especial, que deslumbra a pesar de estar hechas de madera, algo difícil de explicar casi hipnótico. Salvando las distancias muy parecido al de la Alhambra de Granada.


Este largo paseo por Bryggen está siendo muy interesante, tanto que, parece que inconscientemente lo estamos alargando para que no se acabe. Prolongamos la visita acudiendo al famoso mercado del pescado, recomendado por mi amigo Toni. Hay multitud de puestos en el lugar que sirven platos de diversa índole, aunque la estrella es, por supuesto, el pescado. Como el hambre, tras una larga e intensa jornada empieza a apretar, vamos mirando la tabla de precios de los puestos, sin mucha decisión la verdad. Nos tira para atrás el precio y que no nos guste lo que para los noruegos pueda ser una delicatessen. Un chico de un puesto al aire libre llama nuestra atención para que elijamos su local, en un claro español.


Tu no eres de aquí, ¿no?¿Como te llamas? - Le pregunta mi compañera de fatigas.
No, yo soy de Barcelona, me llamo Jordi, ¿Qué os pongo? 
Pues no estamos muy seguros - lamento
Yo os recomiendo el salmón, nos sale buenísimo y a muy buen precio.

En ese momento, un pensamiento recorrió mi mente como un flash: Resulta que en una ocasión Toni, me dijo que había probado carne de ballena y le había gustado. Así que me tiro a la piscina y le pido para mi un plato de carne de ballena mientras esperamos sentados a la mesa. Unas mesas dispuestas en plena calle bajo una carpa y con vistas al Puerto de Bergen. Desde luego, la infraestructura no sería lo mejor, pero lo que son las vistas, no tienen parangón en este país. Mientras esperamos me doy cuenta de que no tenemos dinero suficiente para pagar la comida, es decir el salmón y la ballena. En concreto nos faltan unas 30 KR (7€), así que decido ir a hablar con Jordi para comentárselo y de paso que no cocine los platos.

Lo siento Jordi, no podemos pagarte nos faltan 30 KR
Por 30 KR no te vas a quedar sin comer, pagame  lo que tengas y ya esta
Gracias.
Además como sois paisanos os voy a poner un poco más de cantidad en el plato. Que me habéis caído de puta madre.

Con la buena nueva, me dirijo a mi novia y le cuento lo sucedido. No sale de su asombro, es algo inaudito, por lo menos para nosotros. Pero teniendo en cuenta que estamos haciendo un viaje que se sale de los canones habituales de normalidad, es lógico que nos tengan que pasar cosas anormales, algunas malas y otras buenas, como la de hoy. No hay que darle más vueltas, es hora de disfrutar del momento, mientras nos sirven la comida nuestro amigo catalán. Mientras nos deleitamos con la espera, las vistas de Bergen y comentamos los acontecimientos de esta jornada, una pareja que cena con su hijo, se ponen a hablar con nosotros. Son una familia de Colombia que están haciendo un crucero de dos semanas por los fiordos noruegos y en su día de descanso de excursiones, han decidido darse un paseo por la ciudad de Bergen. Por la expresión de sus caras, puedo deducir que la elección de este puesto dentro del Mercado del Pescado de Bergen ha sido todo un acierto. Hablamos sobre las excelencias del país que nos acoge, muy caro, pero desde luego cautivador. También, aprovechamos la ocasión para relatar nuestra aventura, los días que llevamos de ruta, los kms recorridos, en definitiva, las vicisitudes de un viaje, no falto de emociones.

¿A donde vais ahora? - Pregunto con eminente curiosidad.
Vamos a Stavanger, y de allí cogemos el avión para Colombia
Si tenéis al menos dos días de descanso, visitad el Preikestolen y la Roca Kjerag, que esta última nos fue imposible de visitar - les apunto. Y es que sin duda, visitar Stavanger y no pasar por estos dos monumentos naturales es como no haber estado en Stavanger.
Creo que vamos a tener nada más que uno, ¿verdad, papa? - En ese momento, el padre asiente con la cabeza.
Bueno, pues entonces el Preikestolen, lo podeis subir en una tarde sin problema - les dice mi novia.

En ese instante, se presenta Jordi con los dos platos, bastante surtidos de guarnición y con una pinta ciertamente estupenda.

El salmón de un rosa brillante, está tan exquisito que se derrite en la boca con el primer bocado. Mi novia parece disfrutar con la elección. Yo sin embargo estoy algo más receloso con el aspecto del plato de ballena que me han servido. A pesar de mis remilgos, no me queda otra que lanzarme, así que pruebo un trozo, y tras unos segundos de suspense masticando no puedo evitar dar un gesto de aprobación a que el manjar me ha gustado. Una carne, jugosa, que igualmente se deshace en la boca en una explosión de sabores. El salmón estaba excelente, pero el de ballena, no le iba a la zaga ni mucho menos.

¿A que sabe? -  me pregunta M Carmen mientras corta y prueba un trozo
A ternera - le respondo, mientras ella con la cabeza asevera mi afirmación.
¡Que raro!, ¿no? - comenta ella
¿Por que? Si es un mamífero, como una vaca, ¿Que te creías, que iba a saber como un pescado? - le respondo.Unos segundos de suspense y de silencio se ciernen sobre nosotros. M Carmen está sorprendida ante mi afirmación, sin embargo, tras unos segundos de reflexión emite una sonora carcajada.
Es verdad, me había confundido, creía que por ser del mar, tenía que saber como un pescado, pero no me acorde de que son mamíferos como nosotros - exclama con sorpresa, a la vez que nuestros recientes amigos sonríen levemente, ¿Quien sabe? a lo mejor ellos han cometido el mismo error.

Entre las risas por esta anécdota, nuestros amigos colombianos se marchan a su hotel, así que le pedimos a Jordi que nos haga unas fotos. Él, sin embargo, está con las manos manchadas, así que le deja el recado a una camarera suya, una chica muy simpática, natural de Polonia, que por desgracia, quizá embargada por la emoción de nuestro encuentro con los latinoamericanos, no supo mantener el pulso firme.



Tras la despedida, nos quedamos con todo el puerto de Bergen para nosotros, al menos, en los dominios del puesto no había nadie más. Así que seguimos disfrutando de la cena. Con las vistas de una ciudad que mira al Mar del Norte y que nos ha encandilado, con su aire elegante, sosegado, bohemio, y porque no decirlo, romántico. Bergen invita a la reflexión, a abstraerse pensando que las prisas, no son buenas y no dejan ver la belleza del mundo que nos rodea. Invita a perderse en sus calles, para encontrarse a uno mismo. Invita a sentirse grande mirando la ciudad desde las alturas y pequeño a la vez, mientras se divisa el atardecer incompleto del cielo noruego. Es difícil de explicar, pero, a pesar de estar lejos de cualquier paraje natural, cenando en el puerto de Bergen me siento con la misma paz que a orillas de cualquiera de los fiordos de ensueño que hemos lindado en moto. Momentos así, no suelen salir en las guías, ni tienen cabida en la crónica de nadie. Pero cuando has pasado una etapa plena de lluvia, y arrastras casi 5000 kms a tus espaldas, son estos momentos los que te hacen pensar que lo que estas haciendo merece la pena vivirlo y contarlo. 

Al terminar de cenar, pagamos a Jordi, que nos presenta a su hermano y aprovechamos para hablar un poco de nuestra aventura y de los sinsabores que hemos vivido. Lo verdaderamente importante, son los buenos momentos, al fin y al cabo con los que te quedas. Momentos, por ejemplo, como los que hemos pasado en el Puerto de Bergen. Jordi, agradecido, no puede salir de su asombro ante nuestra gesta, nos desea suerte y nos despedimos de la mejor manera posible, con una foto y la promesa de volver, quien sabe, algún día.



Sin duda, una bonita manera de terminar esta etapa, sin dinero en el bolsillo, pero con el corazón lleno de gratitud hacia una persona, qué ¿quién sabe? a lo mejor no volvemos a ver, pero que por unos instantes se ha convertido en nuestro anfitrión y amigo en una de las ciudades que hemos visto desde que empezamos nuestra Vuelta a Europa en Moto: Bergen.