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martes, 21 de octubre de 2014

CAPÍTULO 16: BAILANDO CON RENOS

ETAPA 16: VILHELMINA-GALLIVARE

Distancia total ruta:  519 kms

Tiempo total:   7 horas

Ciudades visitadas:   3  

Paradas:  3

Consumo medio:   5,15 l/100




Desde que empezó esta aventura solemos tener un día de perros seguido de otro estupendo. Esta vez nos tocó el bueno. A pesar del superavit de stress del día de ayer Suecia nos da los buenos días con un sol radiante sin atisbo de nubes en el horizonte. Como en Noruega, se sigue cumpliendo la regla de tener días alternos de buen tiempo. Salimos de nuestra tienda sami (o lapona) con las pilas cargadas y llenos de optimismo para afrontar esta nueva etapa que nos llevará al centro de Suecia y en la que se supone cruzaremos el Círculo Polar Ártico. Me pongo a limpiar y tensar la cadena de mi moto, nuevamente, mientras, M Carmen prepara nuestro desayuno con jamón (que ya nos dura 2 semanas), queso y dos buenos cola-cao calientes. Cuando ella ha terminado juntos preparamos el equipaje para dejarlo ensamblado en nuestra moto. Ayer entre tanta lluvia, dió tiempo a sacar lo imprescindible. Limpiamos nuestra labba, para evitar pagar el extra de 50 SEK  por no hacerlo, y con todo listo nos sentamos a los pies de nuestra tienda lapona para desayunar tranquilamente con vistas al lago Baks, unos minutos sin duda inspiradores para perderse en esta inmensidad, abstraerse de lo sufrido y disfrutar de todo lo que llevamos vivido.




Justo cuando termino de hacer el check-out me doy cuenta de que tenemos nuevos vecinos, madre e hijo que se instalan en la tienda de al lado. Nos despedimos de ellos con la pena de abandonar este lugar tan ídilico en el centro del país y ponemos rumbo a Gallivare, en plena región de Laponia. Dejamos atrás el lago Baks y cogemos la E-45 con decisión y nuevamente volvemos a las rectas indefinidas entre los frondosos bosques suecos. Estas inhóspitas tierras suecas son ricas en agua y bosques, no me extrañaría nada que Suecia fuera una gran potencia mundial en la industria maderera. Por primera vez en mucho tiempo, tenemos una metereología clemente con nosotros, hace un día tan esplendoroso que parece, por momentos, que hayamos vuelto a nuestra casa. Mientras realizamos los primeros kms, voy reflexionando que por ahora hemos tenido mucha suerte en encontrar los campings donde ibamos a pernoctar. De momento, ir de A a B y luego C, esta siendo asequible, mientras pasamos cerca del lago Arons, me pregunto si en Gallivare nos pasará lo mismo.

Al igual que en la recta final de la etapa de ayer, el trayecto hasta Gallivare vuelve a estar pleno de vacío. No hay absolutamente nada ni nadie con quien cruzarnos, tan sólo la E-45 nos acompaña en nuestra aventura. Discurren los kms y los únicos testigos de nuestro paso son los altísimos arboles y el viento que mece nuestro avance. A M Carmen empieza a preocuparle el hecho de que no encontremos gasolinera, pero creo que habiendo repostado al salir de Vilhelmina tenemos al menos 150 kms de tranquilidad. Yo por si acaso, teniendo en cuenta que no conocemos la densidad de gasolineras en la zona y que no tenemos depósito auxiliar aprovecharé para esta atento al llegar a los 100 kms.    




Seguimos avanzando entre la más absoluta soledad, tanto es así que creo que desde que salimos de Vilhelmina no nos hemos cruzado con ningún coche, y de eso hace ya una hora. Setenta kms de soledad, de silencio, que lejos de ser incómodo sirve para disfrutar de la vista que nos ofrece Suecia. Sin embargo, esa soledad que puede parecer amenazante, no me hace padecer miedo alguno. Me siento libre de una forma que nunca me había sentido hasta ahora, al igual que en la Noruega de los fiordos, aquí tengo las sensaciones más puras sobre las dos ruedas. Una manera diferente de encontrarse a uno mismo. En mi mente, el recuerdo de la evocadora canción de Enya para la BSO del Señor de los Anillos, sin duda una canción que refleja a la perfección como nos sentimos al explorar los confines de Europa.





De repente, sin previo aviso, a la altura de Storuman, volvemos a la realidad y despertamos de nuestro sueño. Diviso algo grande al borde de la carretera de color blanco llama mi atención, parece que está esperando nuestra llegada. Al principio, parece un coche, pero poco a poco va redondeando sus formas, tomando cuerpo y reduciendo su tamaño, incluso acompaña el compás de nuestra marcha. Tras muchos intentos acabamos divisar nuestro primer reno. 




Nos habían dicho que eran muy comunes en Escandinavia y que podían verse en los márgenes de la carretera, no obstante, no habíamos divisado ninguno hasta ahora. Menos mal que M Carmen estaba prevenida y llevaba la cámara para reflejar nuestro primer encuentro con este bello animal. De un blanco impoluto, me da la impresión de que es albino, y si ya es raro encontrar un reno que no huya ante nuestra presencia, más raro aún es encontrarlo albino. Otros tantos le acompañan más adelante, a los que damos alcance para hacer alguna foto más. 




El grupo esta formado por una pareja que viaja con su cría, que de forma tímida nos acompañan durante unos metros en nuestro viaje. M Carmen, ante estos peluches andantes, no puede evitar un exclamar un dulce y maternal: "Miraaaaa" mientras paramos nuestra moto con la esperanza de poder acercarnos a acariciar los renos. Desgraciadamente, no lo conseguimos, huyen de nosotros en cuanto paro la motocicleta. Con algo de tristeza nos montamos en el Falco Stradale.

- Has visto la cosa tan rara que llevan todos en el cuello - Me pregunta M Carmen
- Debe ser algún dispositivo para geolocalizarlos y tenerlos controlados - Le respondo
- Pues que nos pongan a cada uno uno en el cuello y así no nos perdemos - dice con gran sentido del humor.



Lo del control de estos animales no es de extrañar ya que no conozco las cifras, pero es muy probable que haya en este país y en los vecinos, más renos que personas. Del fugaz encuentro también saco una curiosidad: Parece que estos animales tienen pelaje en los cuernos. Algo que desconozco que tengan ciervos y alces en nuestras tierras. Con la alegría de este primer hallazgo, reemprendemos el camino hacia Gallivare, con el curioso encuentro aún fresco en nuestras mentes, y con la esperanza de que no sea el último. Tras la visión de los renos, empezamos a ver vehículos que comparten nuestra senda por la E-45, de una forma velada, volvemos a la civilización entre la agreste Suecia. 

Gracias a la generosidad de los límites de velocidad en Suecia estamos atravesando el país como un cuchillo en la mantequilla. Esto hace que los kms cundan de una manera que teníamos olvidada desde Dinamarca. Las poblaciones se van haciendo cada vez más pequeñas y espaciadas según vamos viajando hacia el norte, pasando ante nuestro ojos a modo de carrusel. Pasamos de la región de Vasterbottens a Norrbottens bañadas por las vastas aguas del lago Led. Cercano a Arvidsjaur cruzamos por un puente el bello lago Byskeäl que nos recuerda, por un momento, los bellos fiordos noruegos. Casi sin darnos cuenta, entre la inmensidad de los bosques suecos, pasamos por Moskosel y llegamos a la ciudad de Jokkmokk. 





Un nombre, que ciertamente, me recuerda un poco a mesa de Ikea, una bonita ciudad de largas avenidas y abundantes parques. Nada más entrar en esta ciudad y sin saber muy bien como, nos vemos inmersos en un convoy de más de diez coches clásicos seguidos, todos el mismo modelo: Ford Mustang Cobra. Los hay de todas las épocas, antiguos y modernos, de todos los colores. Todos circulando por las calles de Jokkmokk en un simpático desfile, que nos deja maravillados. Sin duda, tiene que haber algún tipo de festival o concentración de este modelo en Jokkmokk, porque sino no se explica la existencia de tantos juntos. Desde luego a estos suecos, al igual que los noruegos, les encantan los coches clásicos y caros. Supongo que todos tenemos sueños caros.

Nosotros con nuestra humilde moto, decidimos hacer un alto en el camino para descansar y de paso almorzar. Como de costumbre el menu se compone de noodles con algo de queso en barra. Mientras M Carmen los prepara, decido dejarla sola por un instante e ir a la entrada de Jokkmokk para repostar. En el camino voy pensando que a estas alturas deberíamos estar ya dentro del Círculo Polar Ártico, sin embargo, sin GPS ni brújula no podemos corroborarlo. Para colmo de males, tampoco caigo en la cuenta de preguntárselo a la dependiente de la gasolinera, me apremia más reunirme con mi novia. No es que tema que le vaya a pasar nada, pero en estos momentos estamos sin saber el uno del otro y eso en otro país puede ser un verdadero problema, ante cualquier contratiempo. Cuando me reencuentro con ella me percato de que hemos parado en un parque dedicado a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, firmada por la ONU en 1948 y justo enfrente de la redacción en español, del artículo 1:  "Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros."




Con este curioso detalle comenzamos a comer, pero no puedo abstraerme del pensamiento que tenía en la gasolinera: ¿Habremos llegado ya al Círculo Polar Ártico?

- No se M Carmen, pero me da la impresión de que hemos cruzado la línea del Círculo Polar Ártico.
- Pero ¿Donde? yo no he visto nada - me explica circunspecta.
- Yo tampoco, pero tenía entendido que tenía que haber algún tipo de señalización, raya en el suelo o algo que indique que ya estas en el Círculo Polar, al igual que lo hay para señala el paso del Ecuador. 
- Después de comer preguntamos en la Oficina de Turismo, sin duda allí tienen que saber algo. - sentencia ella.



Tras comer, decido que ya va siendo hora de resolver la duda de cuan alto hemos subido en el mapa y si estamos, finalmente, cerca de cruzar esta famosa frontera imaginaria en nuestro camino al "fin del mundo". Bajo una curiosa estatua que parece el escudo de la ciudad, encontramos un edificio bastante moderno que resulta ser la oficina turística. 




Lo cierto, es que hemos tenido mucha suerte al encontrarla, porque tal y como anuncia en la entrada es la única oficina de turismo en 100 kms a la redonda. La próxima estaría en Gallivare, nuestro destino. Un suspiro de alivio sirve de preludio a nuestra entrada en la estancia, donde se encuentra una chica atendiendo a unos turistas. Tras su turno, nos acercamos y le contamos nuestra problemática. Con la amabilidad típica de estos lares, y con la sonrisa (tímida) por bandera, la chica nos cuenta que ya hemos cruzado la línea del Círculo Polar Ártico. Según ella, dicho lugar se encuentra a unos 15 kms al sur de Jokkmokk. Tras esta revelación, aprovechamos para pedir algunos mapas de carreteras de Suecia, sin embargo, lo único que nos puede facilitar la muchacha son mapas turísticos del Parque Nacional de Muddus, que se encuentra de camino a nuestro destino en Gallivare. Mapas que, por desgracia, son de poca ayuda para la consecución de nuestra etapa.

Después de unos minutos de incredulidad ante la noticia y sin más preguntas que hacer, salimos de la oficina.

- Lo sabía, sabía que habíamos cruzado el Círculo Polar Ártico, hay que volver como sea - . - Le digo a mi novia, a la vez que me monto en el Falco Stradale de un salto.
- Esta vez vamos a ir más tranquilos a ver si vemos alguna indicación - asevera ella.

Pongo el odometro a cero y deshago el camino andado en dirección sur, como si fuéramos hacia Vilhelmina de nuevo. Sinceramente, espero que haya alguna indicación que nos advierta, y que no nos volvamos a perder en la inmensidad de Laponia. Sin GPS, sin mapas en concreto de Suecia, y poquísima gente a la que preguntar, sería una tragedia perder el rumbo de nuestra etapa. Según la chica, está a unos 15 kms, y no nos ha dicho que haya que desviarse. En teoría deberíamos verlo, ya que, supongo que debe ser una atracción turística interesante. Tras 15 minutos de travesía en la que el suspense reina en el ambiente llegamos al punto kilométrico 15 desde Jokkmokk sin novedades a la vista. Decido ir un poco más al sur, por aquello de que la chica se haya equivocado al estimar en la distancia. Sin embargo, nada, nada que anuncie la entrada en el Círculo Polar Ártico. Tras cinco minutos de camino, y a punto de dar la vuelta, dando por infructuosa la búsqueda, observo a mi izquierda un claro en el bosque. En mi paso fugaz, sólo alcanzo a ver que tiene una especie de restaurante con un área de descanso. A pesar de que no parece nada del otro mundo, decido investigar a ver de que se trata, además esta área de descanso se encuentra  a orillas de un lago. Sin duda, una vista bonita para fotografiar. 



Al llegar al lugar y desmontar de la moto, no me lo puedo creer, M Carmen tampoco sale de su asombro: Hemos llegado al cartel que marca la frontera del Círculo Polar Ártico. No puedo disimular la alegría, ¡Lo hemos conseguido!





La alegría y el nerviosismo casi no me da para pedirle a una pareja que se encontraba en el lugar que nos hiciera una foto para reseñar la consecución de este hito en nuestro viaje. Ahora si, por fin, ya estamos a todos los efectos en Laponia y podemos cruzar de pleno derecho hacia Jokkmokk y luego a Gallivare. 

- ¿Sabes, M Carmen? Me alegro de haber vuelto en busca de este sitio. Hubiera sido una verdadera pena perdernos este momento: El cruce del Círculo Polar Ártico. Ya nos queda menos para Nordkapp.



Con esta seguridad, reemprendemos el viaje, esta vez, sin parar en Jokkmokk para atravesar los densos bosques del Parque Nacional de Muddus, cercano a Porjus. Una región singular, con grandes lagos de nombre tan impronunciable como su belleza. El reflejo de la luz en ellos nos tiñe de un sutil dorado, un cálido e intermitente reflejo. Un reflejo que es intermitente, por las cepas de los arboles que nos dan cobijo entre el batir del viento y que por un momento, nos da la impresión de que estamos jugamos al escondite con el Dios Sol Sin duda, estamos disfrutando de uno de los mejores momentos en moto desde que arribamos a Escandinavia hará cosa de una semana. No obstante, ahora que hemos llegado a B desde A, queda la premisa de encontrar el camino hacia C.



A nuestra llegada a Gallivare, tomo la decisión de ir hasta el centro de la ciudad con la esperanza de encontrar una Oficina de Turismo al igual de Jokkmokk. ¡Bingo! la señales nos indican que hay una en el centro de la ciudad. Ponemos rumbo entre numerosas obras, que serpenteamos con soltura. Sin embargo, al llegar a la sede del ayuntamiento, no encontramos ninguna oficina para viajeros perdidos como nosotros. Tan sólo la estación de trenes y una parada de autobus. Desconcertado, busco hasta encontrar un hotel en la zona para preguntar como llegar al nuestro. M Carmen espera intrigada mi regreso, mientras me sumergo en las entrañas del edificio en busca de alguien que nos ayude a encontrar nuestra estancia. ¿Quien sabe? a lo mejor es este y lo hemos encontrado por casualidad. Después de unos minutos, de pasillos y puertas sin fin, aparezco en la recepción del hotel. Por lo que se ve, he entrado por la puerta de las mercancías, espero que nadie se moleste por ello. Le enseñó al recepcionista la hoja de reserva del hotel y, desgraciadamente, tiene que darme malas noticias: No estamos en el hotel correcto, y para colmo de males, que el hotel no se encuentra en Gallivare, sino en la ciudad de Skaulo dentro de la región de Gallivare. Craso, error el mío que nos condena a otros 45 kms de búsqueda. Afortunadamente el recepcionista, muy amablemente, accede a ayudarme para encontrar dicho hotel, con ayuda de algunos mapas turísticos y el google maps, me hace un croquis de como llegar a nuestro destino en Skaulo.

- M Carmen, que este no es el hotel, está en Skaulo, nos toca 45 kms más de travesía. - le confieso con cierto cansancio y hastío. Ella me responde con la misma mirada resignada, y resoplando. 
- Bueno, al menos son 45 kms menos para la etapa de mañana - Ella ya se había hecho a la idea de quedarse en Gallivare y que este era el fin de nuestra etapa. Sin embargo, no le queda más remedio que acomodarse el casco en su cabeza, abrocharse la chaqueta. Es hora de subirse a la moto para afrontar el último tirón de esta etapa. 

Nos ponemos de nuevo en marcha, tras esta parada técnica. Me temo que vamos a perder mucho tiempo en las sucesivas etapas intentando encontrar cada uno de los hoteles que nos esperan. Ojalá que no tengamos más sorpresas, parece que Skaulo es una ciudad pequeña y que el camping será fácilmente localizable. 

Dejando la ciudad de Gallivare atrás y el aeropuerto a nuestra derecha tomamos un desvío de la E-45 que nos hace tomar otra carretera, la E-10. Nos sumergimos de nuevo en la espesura de la verde Suecia en dirección a los confines septentrionales del país. De esos frondosos bosques, salen a saludarnos algún grupo de renos, aunque de forma tímida. Antes, el espectáculo estaba en las vasta planicies, bosques infinitos y lagos entre la maleza que te giñaban con su reflejo, ahora nos centramos en el borde de la carretera por si vuelven a aparecer estos simpáticos animales. Debo confesar que mi novia no me deja relajarme en exceso, por si alguno de estos lindos renos decide pasar a la carretera sin previo aviso y darnos un susto. Pero yo siempre que puedo los miro furtivamente sin apartar la vista de la carretera. Ahora que los tengo más cerca, observo que a parte del pelo que tienen en los cuernos, el pelaje de su cuerpo es bastante feo, está como con calvas, supongo que estarán despelechando para afrontar el duro invierno sueco.



A la altura del lago Made hacemos una nueva parada, en esta ocasión para repostar. 



La moto lo llevaba demandando hacía varios kms. Nuevamente, M Carmen se toma un café conmigo. Mientras, por mi parte, me tomo un chocolate,  observo las garrafas de aceíte de motor en busca de alguna con la graduación 10/40. No tengo éxito. No obstante, todavía tengo cerca de litro y medio, y desde que pisamos Escandinavia, la moto no ha vuelto a pedir que le reponga líquidos. Pero estoy seguro de que en cuanto empecemos nuestro largo viaje al Sur empezará a consumir aceite otra vez. Cuando me dispongo a pagar nuestras consumiciones y el repostaje aprovecho para hablar (en inglés) con la dependienta sobre lo que nos falta para llegar a nuestra destino.



- ¿Para Skaulo?, nos falta mucho - Me responde ella, mientras M Carmen y yo enfilamos la puerta de salida.
- Tened cuidado con los renos - Me aconseja en la lejanía
- ¿Los renos? pero si son preciosos
- ¡Vaya animales más estúpidos!, los odio, provocan al año multitud de accidentes. Encima como están protegidos, si atropellas a uno puedes meterte en un lío.
- ¿Por eso llevan los dispositivos esos al cuello? - le pregunto, con inmensa curiosidad.
Ella asiente con la cabeza - Para controlar sus migraciones. Además ¿Por que te crees que todos aquí llevan esos enormes faros supletorios?
- Creía que era para alumbrar más por la noche, por ejemplo, en plena nevada - le respondo.
- ¡Que va! es para asustarlos - sentencia ella. A continuación, como creo que le hemos caído bien y como premio a nuestra curiosidad, nos regala una pegatina de advertencia de reno en carretera. Tan común aquí como en nuestro país la de advertencia de ciervos en la carretera, ahora bien, y yo pregunto: ¿Quién ha visto en España por la carretera, tantos ciervos como nosotros renos en dos días de viaje?

M Carmen y yo nos vamos de la gasolinera, con cierta incredulidad, no sabíamos para nada que unos animales tan tímidos daban tantos problemas a los suecos. Supongo que serán los efectos por colonizar de humanos estas remotas tierras. A la salida de este pequeño nos despiden las cuatro banderas que forman Escandinavia: Dinamarca, Noruega, Suecia y Finlandia. De todos ellos el que nos falta es Finlandia, al que iremos próximamente. Han sido  países que nos han maravillado y que esperamos volver a visitar algún día.   





Dejamos atrás el lago Made, pasamos con brío entre los lagos Kivi y Mosko y pocos kilometros después llegamos a Skaulo. Un pequeño pueblo cuya calle principal es la misma por la que estamos viajando nosotros. Una pequeña aldea, de casas de madera blanca, muy bonito, aunque bastante inhóspito. En fin, ya hemos llegado a B, es hora de encontrar el camping en concreto. Cojo mi reserva y me lanzo a la búsqueda de alguien que pueda ayudarnos a encontrarlo. De repente, tras muchas vueltas, acudo disparado al encuentro de una persona que camina detrás nuestra con cierto aire titubeante. Cuando estoy a su lado le pregunto, con la reserva en la mano si sabe donde está el Snow Trail Dogcamp, sin embargo, no obtengo respuesta entendible, ni siquiera en ingles.

- Rafa, ¡vamonos ya! pero ¿no ves que es el tonto del pueblo? - me dice mi novia con carcajadas crecientes. En ese momento, miro mejor a mi interlocutor - "¡Demonios!" - pienso, M Carmen tiene razón.

Con una gran vergüenza solo acallada por las risas estridentes de mi novia abandono el lugar en dirección sur. Salgo en busca de alguna indicación a pie de carretera que me indique donde esta el camping. Sin embargo, el bochorno hace que no pueda articular palabra ni pensamiento ante las risas de M Carmen, esa sensación de rídiculo extremo, me esta desconcentrando, atenazando y hasta cabreando.

- Pero Rafa, ¿tu no sabes que en todos los pueblos siempre hay un tonto? - se continua mofando de mi urbanita ignorancia.
- Y yo que se, no tenemos ni idea de donde está el camping y era la única persona a la que preguntarle, ¿Que querías que hiciera?
- Ya, pero ya es mala suerte encontrarse con el tonto del pueblo en el polo..........., M Carmen apenas podía hablar sin partirse la caja torácica de tanto reir. Mientras su voz dejaba paso a su risa, mi cabreo crecía. Parece irónico pensar que de todas las desventuras que nos han pasado sea un momento gracioso el que nos vaya a abocar a una discusión. No me gusta que se rían de mi y más en esta situación en la que viajamos por instinto. Lo que verdaderamente me molesta es que siempre el que tiene que dar la cara y hablar con la gente soy yo. Y claro, esos atrevimientos a veces dan lugar a patinazos. 

Con las risas en el ambiente y mi cabreo latente llegamos a un grupo de casas, que da la impresión de ser un camping de cabañas, ¿Habremos llegado?. Desgraciadamente, no, como me confirma un amable anciano que regenta el negocio. Le pregunto por la situación del camping y me dice que esta en la siguiente salida a la derecha por un camino de tierra. Bueno, parece que después de todo la cosa se va arreglando. Tomamos el desvío tal y como dijo el señor. Pero solo encontramos algunas cabañas, obviamente sin nadie que nos ayude. La risa de M Carmen ha cesado, pero la preocupación aumenta, allá donde miramos no hay ninguna indicación, absolutamente nada. En eso que aparece una pareja con sus hijos que sale de su vivienda. Con un poco de recelo, y con M Carmen otra vez, a punto de morirse de risa a mis espaldas, les pregunto la ubicación del maldito camping. Según ellos no hay perdida, hay que seguir el camino de tierra durante unos 4 o 5 kms y ya estaremos en nuestra residencia.

Hay algo en todo esto que no me cuadra, el camino parece bastante impracticable, ¿como van a recibir así a los clientes un camping?, no tiene sentido. Intentando mi novia, encontrar lógica en todo esto, haya en la descripción de nuestra estancia, una nota que había olvidado leer:

"El Snowtrail Lodge se encuentra en una ubicación remota, y sólo se puede acceder a él con vehículos todo terreno"

Bueno, seguro que son unos kms de nada, si vamos despacito con el Falco Stradale podremos llegar, ¿acaso no es esto una aventura? - aseguro.

M Carmen, se monta con algo de dudas, pero está algo drogada por el efecto anestésico de la risotada que se ha pegado antes. Vamos avanzando con cautela, la carretera está repleta de pequeñas piedras, pero el camino es ancho y podemos avanzar con más o menos soltura. De vez en cuando, la moto "culea" de atrás pero sin consecuencias. Mi novia, permanece tranquila pero inquieta, aunque no la veo, intuyo que empieza a preguntarse donde demonios nos hemos metido. 

Tras bajar una cuesta de aproximadamente de un km con piedras de distintos tamaños, pasamos a un terreno más abrupto y escarpado, sin embargo, el Falco Stradale, responde estupendamente, y con bajo ritmo vamos sorteando los obstáculos. He de decir que todos los movimientos se ven dificultados porque vamos hasta arriba de peso, y la moto se convierte en un hierro inmaniobrable. Aún así, intento aplicar la fuerza justa con ambos brazos para mantener la montura entre los pasos de tierra en los que se ha tornado la carretera con piedras que habíamos pasado antes. Poco a poco el camino se va estrechando y el terreno empeorando, pasando del asfalto a la tierra, en pocos hectómetros. En esta situación casi echo de menos las piedras, porque ahora tenemos que sortear casi como icebergs en el mar, bloques de piedra más grandes que nosotros. Además el terreno se ha embarrado y llenado de boquetes, algunos encharcados. Para no estropear la mecánica procedo con gran lentitud. Está claro que el Falco Stradale no está para estos trotes, sin embargo, no cejo en mi empeño de continuar la marcha. Mi novia, sigue animándome por el intercomunicador, ya que la empresa de llegar al camping se esta tornando muy ardua.

- ¿Cuatro kms ha dicho el tío? Me están pareciendo 40 - exclamo con agobio en mitad de la espesura.
- Madre mía, demos la vuelta, que por aquí no pasa ni un tanque - Me dice en un tono muy preocupado. 

La esperanza vuelve a nosotros, al llegar a un claro en mitad del bosque, sin embargo, esta todo yermo. No hay nada ni nadie, tan solo algunos troncos, y restos de motos de nieve.

- Mira Rafa, allí hay un cartel de camping, vamos por el buen camino - exclama mi novia
Joder, pues ya podía poner lo que falta. ¡Parece que no vamos a llegar nunca!

Con algo más de esperanza afrontamos los nuevos metros de nuestra andadura. Sin embargo, el claro ha sido nada más que una efímera tregua, ya que de nuevo volvemos a los caminos angostos, llenos de barro piedras y charcos. Por más que intentamos mirar a nuestro alrededor no encontramos en las inmediaciones ningún atisbo de civilización ni nada que nos pueda dar una pista de donde nos encontramos. No hay casa, caminos a alguna finca, humo de alguna chimenea, algún ruido de personas o maquinas, absolutamente nada. El rumor de la carretera donde nos desviamos ha quedado tan atrás que parece que estamos a 100 kms de distancia de cualquier punto habitado. Y eso que vimos a una familia a no más de 2 kms de aquí. Esa gente ha quedado tan lejos como las risas burlonas de mi novia. Que debo decir, incluso echo de menos, al igual que ella, a la que cada vez siento más asustada. El bosque es tan denso que apenas se puede ver a un par de metros en los márgenes de la carretera, el camino es tan angosto que las ramas empiezan a rozarnos como si quisieran agarrarnos para impedir nuestro paso. A la fiesta se va uniendo progresivamente, un ejército de mosquitosLa situación se está tornando tensa, vamos a ciegas, y ni siquiera M Carmen, mi navegante es capaz de orientarse en la espesura.

- Rafa, volvamos esto es imposible, no estamos avanzando y no sabemos donde estamos - me pide con gran preocupación.
- Aguanta seguro que estamos cerca - le pido con un hálito de esperanza, tan desconocedor como ella de nuestro destino.

Subimos dos grandes repechos y al bajar por el segundo de ellos me encuentro con un gran charco a mi derecha. Lo intento esquivar virando a la izquierda, pero, la moto lleva un poco de velocidad. Para evitar salirme del camino y toparme con un árbol, piso levemente el freno, sin embargo, la rueda trasera que se encuentra sobre el charco, patina y hace derrapar la moto en un movimiento incontrolable. A pesar de que siento el movimiento e intento corregirlo, llevo demasiado peso y sin remisión el Falco Stradale cae al suelo, atrapándome bajo el carenado. 

Afortunadamente, M Carmen ha podido salir por su propio pie de la situación y en un salto instintivo ha sabido separarse de la moto. Pero yo me he quedado atrapado entre la moto, que me tiene, atenazado el pie y un charco enorme que me obliga a tirar de la cabeza hacia arriba para no quedarme sumergido en él.  Las vistas desde esa posición son estremecedoras, parece que el bosque quiere engullirte. Le indico a mi novia que desconecte la moto, pulsando el cortacorriente para pararla. En ese instante, el motor se para con unos ruidos propios de los estertores de la muerte, emitiendo una gran nube de vapor. Tras el susto inicial, veo que estamos bien y no tenemos ninguna lesión importante. Pero por desgracia, tengo la moto encima y no puedo levantarme. Mi novia intenta hacerlo, pero en cuento la mueve un poco, no puedo evitar emitir un grito de dolor. La cosa es grave, la cadena del Falco Stradale me ha atrapado la pierna, es más, si no fuera por las botas el movimiento de la cadena de la moto hasta que se paró, me hubiera destrozado el pie.

- Rafa, dime algo, ¿Te has roto la pierna?- Me pregunta tremendamente angustiada
- No, estoy bien, solo tengo unos moratones, pero no me muevas, deja que salga yo solo

Con delicadeza, me muevo y me libero, sin embargo no puedo zafarme de la moto, ya que también tengo pillado el brazo derecho y el tronco. Desde mi posición de semi-libertad resulta imposible levantar mi montura. No queda más remedio que M Carmen me eche una mano. Hacemos un primer intento sin éxito, con un sólo brazo no puedo levantar los cerca de 300 kgs que pesa el Falco Stradale, y mi novia no tiene tanta fuerza para hacerlo sola. En ese momento, entre los gemidos por el esfuerzo, el chapoteo del agua y el inerte crujir del carenado y chasis de la moto, ambos caemos en la cuenta de una aterradora realidad: 

Estamos en la Laponia Sueca, en un denso bosque que apenas deja entrar la luz, perdidos, sin cobertura, sin moto, sin rastro de nuestro camping o alguna casa y sin que nadie sepa donde estamos. Todo ello aderezado con una nube de mosquitos que no cesan de picarnos.

- Rafa, no puedo, no puedo, levantar la moto, esto es superior a mi. ¿Voy al pueblo a buscar ayuda? - pregunta, asustada hasta el extremo, con una cara casi de pavor.
- M Carmen o levantas la moto o no vamos a salir de aquí, tienes que hacerlo tú - le dijo con rabia desde mi incómoda "cama de agua".

Desconozco el efecto que tuvieron esas palabras en el espíritu de M Carmen. Sin duda una sobredosis de adrenalina invadió su cuerpo, como nunca antes lo había hecho. Quizá el verme atrapado, la aterradora situación o el verse pérdida, provocó en ella una reacción desconocida. Sin mediar palabra y sin pensárselo dos veces, cogió el manillar de la moto con una mano, el retrovisor con otra, y tras unos segundos de suspense, empezó a levantar y sacar la moto del agua. Todo ello en mitad de un gran grito, que se propagó como el fuego de su mirada en el bosque. Continuó con su desgarrador esfuerzo hasta que pude acompañarla. Debo decir que prácticamente, mi intervención fue para rematar la faena, así que el mérito de conseguir levantar la moto de allí es entero de ella. 

Recuperada la verticalidad intento arrancar la moto, sin éxito. Está mojada y llena de barro, al igual que yo. En ese momento, ambos nos miramos en un tenso silencio con los ojos algo vidriosos.

- M Carmen vamonos de aquí antes de que nos pase algo peor - le digo asustado
- Es lo más inteligente que has dicho hoy, vamonos y que le den al camping. Prefiero perder 90€ de la reserva, que matarme de camino a llegar al lugar. - dice mientras se seca las lágrimas de rabia.

Con el rabo entre las piernas, vencidos por la naturaleza y en vista, de que no teníamos referencia alguna sobre lo que habíamos recorrido o lo que nos quedaba por recorrer, decidimos que lo mejor era volver sobre nuestros pasos. Ponernos a buscar algún hospedaje para esta noche en Skaulo, e intentar dejar atrás esta mala experiencia. Desgraciadamente, como la moto no arranca, tenemos que hacer el camino de vuelta a pie empujando la moto. Por efecto de la caída cojeo un poco, pero puedo empujar el Falco Stradale hasta el cruce maldito que tomamos, M Carmen, por supuesto me ayuda. A pesar de la evidente lentitud de nuestra marcha, y aún con el susto metido en el cuerpo, el camino de vuelta se me hace cortísimo, extrañamente.

Una vez, en el cruce, nos tomamos unos minutos de reflexión, ya que hemos estado a punto de terminar el viaje de forma abrupta, y lo que es peor aún, lamentar una desgracia.

- La única población cercana que tenga hoteles que me suene de la zona es Kiruna, pero está a una hora de camino, ¿Que hacemos?¿Vamos? - le pregunto a M Carmen
- Oye, ¿Y porque no vamos al camping del anciano? Quizá tenga alguna cabaña libre.
- Ya, lo malo es que la moto no arranca, y hasta allí..... - digo mientras pulso sin esperanza el botón de encendido de mi moto. Sorpresivamente, el Falco Stradale, se ha recuperado del trance, consigue arrancar, y tras unos segundos de duda expulsa el agua de los tubos de escape.

Nos ponemos en marcha, con una profunda sensación de alivio. Por fin, hemos conseguido salir del bosque. Ya hemos tenido un episodio de mala suerte, ya va siendo hora de que hoy tengamos un poco de buena suerte.

A los pocos kms volvemos a tocar a la puerta del anciano, esta vez, clamando dentro de nosotros por un poco de fortuna y con la esperanza de quedarnos a dormir allí tras una jornada aciaga. Con unos larguísimos segundos de retardo, el amable señor nos abre la puerta, siempre con una sonrisa en la cara. Sin embargo, la sonrisa se torna en gesto de preocupación. 

- ¿Que os pasado? - Me pregunta.
- Nos hemos caído en busca del camping, estamos perdidos y no tenemos donde dormir. - ¿Podemos quedarnos en su camping, por favor?¿Tiene cabañas libres? - le digo con inocultable desesperación
- Por supuesto, pasad y calentaos, tendréis frío. 

Al menos, debo decir que estas fueron las palabras que entendí del señor, ya que no se expresaba muy bien en ingles, pero el lenguaje universal de los signos obra el milagro. Ambos, pasamos, aunque M Carmen se queda en el marco de la puerta. Mientras, yo, acompaño al señor hasta su despacho para efectuar la reserva. Este señor, tiene una casa preciosa e inmensa, toda hecha de madera, rica en detalles y fotos de su familia. La casa esta un poco desordenada la verdad, con papeles por doquier, parece como si el no fuera el que estuviera regentando el negocio y se encontrará realizando una sustitución, porque le cuesta encontrar las fichas de reservas. Después de todo no voy a presionarle, que tarde lo que quiera, bastante amable está siendo ya con dos desconocidos como nosotros. La estancia perdida del Snowtrail Dogcamp costaba 900 SEK (unos 98 euros al cambio), dentro de la desgracia, hemos salido ganando porque la estancia aquí nos va a salir por la mitad más menos 480 SEK (unos 52 euros al cambio). 

Tras el pago y sin mediar palabra me da la llave de la cabaña (la número 4) y me indica donde está en un mapa. No tiene perdida, es la primera según entras en el recinto a la izquierda. A continuación, me conduce como si de su nieto se tratara, hasta el patio trasero de su casa. Allí tiene una manguera y me hace indicaciones para que lave la ropa de la moto con ella, mi novia que observaba la escena en la lejanía se acerca para ayudarme a borrar las señas de la batalla, ayudándola con un cepillo. 



El hospitalario anciano desaparece de escena, por unos momentos. Cuando terminamos la tarea y nos disponemos a acercar la moto a la cabaña, nos encontramos con otra sorpresa: El señor mientras nosotros estábamos ocupados ha cogido una manguera y nos ha lavado la moto, librándola de los restos de barro. Desde la puerta de su casa se despide de nosotros con una pregunta: ¿Cuando os vais a duchar?. Y es que nos ha abierto, el agua de modulo de duchas para que nos aseemos. Ambos nos volvemos a mirar incrédulos, que persona tan amable y servicial. Quizá su camping no tenga tanto glamour, no salga en las guías oficiales, pero por la amabilidad, el trato, y sobretodo el fácil acceso, debería salir.

Nos dirigimos a nuestra cabaña entre una impertérrita nube de mosquitos que nos nos deja ni a sol ni a sombra, molestando y picando. Nuestra cabaña es muy similar a los hytter noruegos, en cuanto a confort y habitabilidad, tiene un pequeño porche de madera, pero cualquiera se expone a esas fieras voladoras. 




Antes de cualquier cosa nos quitamos la ropa motera, nos ponemos más cómodos y nos preparamos para las duchas. Tras ellas, llega la hora de una bienmerecida cena, la cual, a pesar de estar compuesta por lo de siempre: En esencia, queso, pan y leche, todo sabe a gloria, tras una jornada que ciertamente, nos ha llevado al límite de nuestras fuerzas. Nos ha puesto a prueba, pero, afortunadamente, hemos sabido salir airosos, esa, creo yo es la esencia de la vida y de la aventura. Una pregunta, no obstante, continua invadiendo mi mente:

- M Carmen, ¿Como conseguiste levantar la moto, tu sola? 
- No se Rafa, te vi tan mal, los dos perdidos, que ni me lo pensé, saqué fuerzas de donde no las tenía - me cuenta emocionada.

Desgraciadamente, la cámara no ha registrado nada de lo que nos ha pasado, porque la teníamos sin batería. Aún así intento dejar una reseña de lo que nos ha pasado en una videocrónica. Sin embargo, M Carmen la interrumpe con sonrisa burlona:

- Vamos, déjate de historias, que si no le hubieras preguntado al tonto del pueblo, no nos habría pasado nada de esto.

Después de unos segundos los dos nos miramos, y estallamos en una explosión de alegría. Todo lo que ella se reía de mi, esta vez me estoy riendo con ella. En este día hemos tenido de todo, desde momentos buenos, como el avistamiento de renos, hasta momentos malos como la caída en pleno bosque. Pero a pesar de todo lo que nos ha pasado hasta ahora, que no es poco, seguimos adelante con Euro-Diversion 2013 rumbo a Nordkapp. A más de 5000 kms de casa eso es lo verdaderamente importante, esta "noche soleada" tenemos motivos para estar contentos.