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lunes, 3 de noviembre de 2014

CAPÍTULO 17: SUEÑOS DE UNA NOCHE BLANCA DE VERANO

ETAPA 17: SKAULO-KAUTOKEINO


Distancia total ruta:  304 kms


Tiempo total:   5 horas

Ciudades visitadas:   3  

Paradas:  3

Consumo medio:  5,17 l/100


Tras el pequeño susto de ayer, al salir indemnes de nuestra tercera caída, la segunda en marcha, nos despertamos con la moral alta y capaces de todo. Es lo que tienen las crisis, que te hunden o te ensalzan, a nosotros nos ha pasado lo segundo. Hemos aprendido a fuego una gran lección de este viaje: Mirar siempre el lado positivo de las cosas. Si ayer, llegar hasta Skaulo, por sorpresa, fue una pesadilla, hoy nos despertamos 46 kms más cerca del destino de nuestra próxima etapa: Kautokeino en Noruega. Pasaremos de Suecia a Noruega, previo paso por un tramo de 100 kms pertenecientes a Finlandia. Tres países en un día, al igual que en la novena etapa de Euro-Diversion 2013 donde pasamos por Alemania, Dinamarca y Noruega. Abandonaremos Suecia, y eso me pone algo triste, un país mágico donde, sin lugar a dudas, hemos tenido las sensaciones más puras en moto. Volvemos a nuestra añorada Noruega, pero esta vez será diferente, ya hemos dejado atrás la Noruega de los fiordos para adentrarnos en la región Finnmark (Tierra del Fin del Mundo). La laponia noruega nos espera, y en medio de ellos nos encontraremos con la otra parte de laponia, la de Finlandia, todo un misterio. 

Después del desayuno y tras realizar tareas de limpieza en la cadena del Falco Stradale, toca despedirse de nuestro amable anfitrión. El cual para despedirse nos aconseja que tengamos cuidado con los mosquitos. No es nada nuevo, lo que asegura el anciano, por alguna extraña razón que escapa a mi comprensión aqui, a pesar del frío, los mosquitos proliferan, son mortalmente pesados. Ya me había advertido de estos molestos acompañantes, pero sinceramente creí que era producto de la exageración de los turistas, una vez más me equivocaba. Nos ponemos en marcha con decisión hacia el norte de Europa una vez más por la E-10, aunque no es por mucho tiempo, a la altura de Svappavaara deberemos cambiar de nuevo a la E-45, carretera que no tendremos que dejar hasta nuestro paso a Finlandia. 


Suecia se va despidiendo como nos recibió con profusos bosques verdes de interminables copas que ciegan hasta el sol, interminables carreteras de asfalto semiperfecto, que se funde en la lejanía con el cielo más azul que hemos visto desde que pisamos tierras nórdicas. No sabría describir muy bien lo que es, pero estas tierras tienen algo mágico, algo especial, algo que te hace sentir diferente y eso en la moto se hace más palpable. Incluso para mi novia, la que, a pesar de ser mi acompañante, se siente también extraña y maravillada por lo que llevamos descubierto hasta ahora. Su silencio por el intercomunicador atestigua su fascinación por estas tierra. 



Volviendo de nuevo a la tierra, no hay despreciar el peligro que suponen los renos que se apostan en el borde de la carretera. De momento, al menos, no tenemos ninguna sorpresa. También, como en el cruce a otros países, hay que estar atento al paso de frontera. La eliminación de las mismas por la UE hace casi 20 años hace que pasar de un país a otro se haya transformado en un mero trámite que puede pasar tan inadvertido como el paso del Círculo Polar Ártico en Jokkmokk. La ausencia de burocracia y de sello en el pasaporte. Pero también de ese romanticismo propio del viajero, impaciente por descubrir las nuevas cosas que le esperan al cruzar la línea. 


Después de 31 kms dejamos atrás Svappavaara, y sin apenas pisarla cogemos la E-45, rumbo a Finlandia. Los últimos kms de Suecia discurren con la tranquilidad más absoluta, como en el resto de nuestro recorrido nos escoltan los altísimos arboles, todos ellos compitiendo por tapar el sol que nos guía hacia el norte. Nuevamente, sentimos la soledad de la carretera, la bella soledad que te pone en comunión por partida doble. Con mi moto y con mi pareja, solos los tres en la inmensidad de la Laponia, aquí en Suecia me siento casi, casi como si estuviera en otro planeta. Sin embargo otros peligros a parte de los renos nos acechan y esta vez no son ellos, sino, las innumerables obras de mantenimiento de la carretera que estamos encontrando durante el trayecto que no avisan de su presencia hasta que las tenemos encima, tal y como nos advirtió nuestro agradable anfitrión de Skaulo. Tanto es así, que a la altura de Vittangi, el asfalto nos cambió de pronto a tierra, sin previo aviso, haciendo que se desestabilizara nuestra moto y casi provocando nuestra caída. Afortunadamente, pude hacerme con ella sin problemas, aunque no sin el sobresalto de M Carmen. Deberé estar, a partir de ahora, más atento.



Pasado el susto, a los márgenes de la carretera surgen más renos que parecen acudir a nuestro encuentro para despedirse. A pesar de que provoquen el malhumor de los locales a mi, particularmente, me parecen encantadores y una curiosa anécdota que contar a nuestros familiares.



-Rafa, ¿A que no sabes lo que me ha dicho mi sobrino Samuel sobre los renos?
-No,¿el que? 
-Que esos no pueden ser los renos de Santa Claus, que los renos de Santa Claus no se les cae el pelo como a estos. Yo le he dicho que los verdaderos renos de Santa Claus están en su aldea. - La inocencia de mi sobrino Samuel, provoca en mi una sonrisa cómplice con mi novia.
-Dile a Samuel, que dentro de 4 días visitaremos la aldea de Santa Claus y le enseñaremos los renos auténticos.


Entre esta y otras conversaciones no muy trascendentales van pasando los kms poco a poco, como deshojando las páginas de un calendario, sin embargo, a pesar de que avanzamos bien y a buen ritmo, empieza a surgir en mi un sentimiento de impaciencia. ¿Habremos pasado de Suecia a Finlandia y no nos habremos dado cuenta? Nuevamente, el síndrome de Jokkmokk hace acto de presencia. Y es que otra de las cosas a las que el GPS ayuda es a saber en todo momento donde estas y cuanto te queda para llegar. Sin él, estamos a expensas de nuestro precarios mapas y a la escasa señalización que hay por estas tierras del norte. 

Instantes después empieza a chispear, y nosotros por precaución, nos ponemos los trajes de agua. Sabia decisión, porque al poco tiempo, empieza a llover a raudales. Decidimos hacer una parada técnica en una gasolinera, sin otro ánimo que el de tomar un café caliente para cargar las pilas, repostar el Falco Stradale e inflar los neumáticos de la moto.



Mientras nos lo tomamos, vuelvo a indagar en busca de algún aceite para hacer el cambio a nuestra moto (al llegar a los 8000 kms), sin fortuna. Al acercarme a pagar, y quizá conmovida por mi cara de cansancio, la dependienta me regala un mapa de carreteras de Suecia, Noruega, y Finlandia, bastante detallado. ¿Donde estaba este mapa cuando lo necesitaba en Hegra? me pensé para mis adentros sobre el mapa. Insisto en pagar, (el mapa cuesta unos dos euros) aunque ella lo declina, me dice que si quiero ir al norte tan solo debo seguir esta carretera hasta llegar a Karesuando, la última población sueca antes de pasar a Finlandia, cuya "frontera" está marcada por un puente. Dado el consejo, la dependiente me desea buen viaje y se despide con una sonrisa. No deja nunca de sorprenderme la voluntad de ayudar de los escandinavos en general. Instantes después de salir de la gasolinera, y a pocos kms de la frontera sueco-finesa vuelvo a mirar mi odometro y me llevo otra alegría.

-¡¡¡M Carmen, ya llevamos 6000 kms de aventura!!!
-¡¡¡¡¡¡Bien!!!!!! seguimos hacia Nordkapp

Como si de un cumpleaños se tratara, ella responde con alegría y energía, dando un grito que se pierde en la lejanía de mi oído. Ciertamente, esta contenta, poco a poco va viendo posible (si quedaba algún atisbo de duda) que la consecución de esta aventura es posible. Yo también me siento más capaz y seguro de nuestras posibilidades como equipo. Hemos tenido algún que otro contratiempo, quizá al peleilla, pero lo importante es que seguimos adelante con nuestra loca aventura. Bendita locura esta, pensarán muchos, la de dar la vuelta a Europa en moto en 40 días. Con una moto alejada enormemente del perfil de motos que se ven por aquí. Todas motos de alta cilindrada y de alto standing, con las que quizá este viaje podría ser más cómodo, pues en fin, aquí estamos M Carmen y yo en casi el fin del mundo, demostrando que con una moto humilde, coraje y algo de suerte se puede vivir una gran aventura formando con tu pareja un equipo.

Mientras mis pensamientos se pierde en lo conseguido hasta ahora, esta claro que en Escandinavia o llueve un diluvio o nada, no hay termino medio. Al menos el viento respeta nuestra marcha, al contrario que en Dinamarca y creo que por primera vez en este viaje lo tenemos de cola. Quizá por eso nuestros siguientes kms se hacen más cortos. En ello también influye el hecho de que no hay muchos asentamientos humanos por estas latitudes, espero no tener que necesitar la ayuda de nadie. Porque si algo no ha cambiado en esta etapa ni en la anterior, es la sensación de soledad más absoluta. De forma extraña, poco a poco, la naturaleza va cambiando sutilmente a nuestro lado. El paisaje se va apagando y pareciendo más yermo. Es como una transición de un país a otro, de modo que los frondosos bosques del principio de Suecia, dan paso a una vegetación menos. De pronto es como si el horizonte se abriera, aunque por desgracia, eso nos esta marcando el final de este país tan maravilloso. Sólo han sido dos días en Suecia, pero ha dejado en nosotros una impronta indeleble en nuestros corazones. Un país maravilloso donde creo que he tenido las sensaciones más puras sobre dos ruedas. Es algo difícil de explicar, pero que cualquier motero de pro sabrá comprender. Sin duda, si te has perdido en la vida, aquí en la Laponia sueca es muy posible que te encuentres.





Llegamos a Karesuando, último pueblo de Suecia, un pequeño pueblo de 300 habitantes, situado en la frontera con Finlandia, tan sólo a 2 kms de ella. El pueblo es tan pequeño que casi nos lo pasamos de largo y pasamos a Finlandia sin dilación. Paramos justo en el comienzo del puente que delimita ambos países y M Carmen realiza esta foto. Ya "sólo" nos faltan 434 kms para llegar a Nordkapp, nuestro objetivo esta cerca. 


Damos la media vuelta para repostar nuestra moto antes de pasar a Finlandia, que será más caro y de paso tomar un chocolate caliente. Nada más estacionar en la gasolinera nos arrepentimos de hacerlo, los mosquitos nos atacan sin piedad, haciendo que la más rutinaria tarea, como sostener el boquerel, se convierta en un infierno. Junto con M Carmen me refugio de ellos en la gasolinera, y nada más entrar me doy cuenta de que no es una estación de servicio al uso. Allá donde miro, solo veo cabezas de osos y renos disecadas, multitud de escopetas, munición, utensilios de pesca, accesorios y ropa de caza, en fin, todo un compendio de cosas que hacen a la gasolinera parecer más un supermercado de la caza que otra cosa. Encima como el local está a tope, da la sensación de que es el fin del mundo y que le gente se está aprovisionando para protegerse. Además, todos parecen hablar un extraño idioma que parece ruso, pero parece que no lo es, me suena algo robotico, la verdad.

-M Carmen, están hablando en finlandés
-Es verdad, no se le entiende nada
-Borut, me dijo una vez que el finlandés y el estonio, parecen lengua extraterrestre, ya que no derivan ni tienen similitud con ninguna lengua del entorno. Algo muy curioso, es uno de los idiomas más raros del mundo

Una locura de lugar, a la que nosotros parecemos ajenos por completo. Estamos demasiado atareados debatiendo sobre que rumbo tomar en Finlandia, país que tenemos a tan sólo 2000 metros de distancia. Suecia, no es que haya sido un prodigio de señalización vial, y vuelven a surgir, por tanto, los miedos a perderse en la inmensidad de los bosques fineses. También hay tiempo para comentar lo molesto de estos mosquitos, la autentica Fuerza Aérea de Noruega, no consigo comprender como pueden proliferar tanto con estas temperaturas, es increíble.


Tras el parón, nos acercamos a la iglesia de Karesuando en la ribera del río que separa Suecia de Finlandia, para hacerle alguna fotografía. Nos ha llamado la atención su forma, en pico, la arquitectura nórdica nos resulta ciertamente peculiar. Mientras mi novia hace alguna foto, me paro a reflexionar, no se explicar muy como pero parece como si de alguna forma estuviera intentando retrasar la entrada en Finlandia. Afortunadamente, los mosquitos nos invitan a que nos montemos en la moto y nos vayamos de sus dominios.

Volvemos al principio del puente y del cartel. Un profundo sentimiento me invade: Lo que antes teníamos a más de 6000 kms ahora lo tenemos a poco más de 400. Cada vez veo más posible conseguir nuestra gesta, y eso, me llena de alegría. Está es la penúltima frontera que cruzaremos hasta llegar al ecuador de nuestra aventura y el octavo país que visitaremos. Al igual que Noruega lo haremos en dos fases, esta transitoria, y luego otra más en serio de tres días en el país de los mil lagos. Veremos si su fama le precede. 

Un profundo suspiro sirve de preludio a mi avance por el puente, bastante titubeante la verdad. 



Poco a poco avanzo hasta el cartel de Finlandia con la estrellas de la UE, me paro y me hago algunas instantáneas con mi novia para simbolizar nuestra entrada de nuevo en la zona Euro, después de algo más de una semana (desde Dinamarca nos hemos manejado con coronas). En el cartel descubro una curiosidad, debajo de las estrellas y del nombre Finland, pone: Suomi, ¿Qué significará? Pues bien resulta que aunque su origen es desconocido, la teoría más extendida es que proviene de la proto-palabra "Zeme", que significa "tierra". Además su ortografía es muy parecida al término Saami, que se utiliza para designar al pueblo lapón. Así pues, a los lugareños de este país se les puede denominar entonces de tres maneras: finlandés, finés, o suomi. Acabamos de pisar Finlandia y ya hemos aprendido algo, por si fuera poco, a escasos metros del puente nos sorprende un cartel con el nombre del pueblo: Karesuvaanto. Muy parecido Karesuando en Suecia, ¿Será esta la versión nórdica de Villa Arriba y Villa Abajo? 



Con la única referencia previa del trayecto, en la ciudad finlandesa de Enontekio, emprendemos la marcha con la esperanza de encontrar algún cartel que nos indique el camino a través de Finlandia. Sin embargo, no tenemos suerte, salimos de Karesuvaanto, sin rastro de esa ciudad y siguiendo recto, acabamos en una zona de descanso en medio de un cruce. A M Carmen le entran ganas de ir al servicio, cuando vuelva preguntaré al dependiente como llegar a Enontekio, y si sabe el camino hasta Kautokeino. 


Por fortuna, no me hace falta pasar, al regreso de M Carmen, ambos observamos un grupo motero finlandés de Harley Davidson a cada cual más espectacular. Me acerco a estos hombres, con algo de respeto, ya que entre los tatuajes, pinchos, el cuero, los bigotes, e imponente presencia, tira un poco hacia atrás. No parecen muy amigables, al menos desde mi posición, parecen que están enfadados por algo. Les pido ayuda sobre como llegar a Enontekio y luego atravesar el país para llegar a Kautokeino. Entre ellos se ponen a hablar en finlandés, de forma airada, no entiendo que pasa. Uno de ellos, el más grande, se acerca a mi y me dice de forma amigable, que si quiero llegar a Enontekio debo coger la E-8, a la izquierda del cruce que tenemos enfrente y seguir recto. Una vez en la ciudad, sin entrar en ella hay una glorieta, allí debo coger la salida hacia la E-93. Esa carretera nos llevará hasta la frontera con Noruega y, siguiendola, hasta Kautokeino. Agradeciendo el gesto, nos despedimos de ellos con una sonrisa. Después de todo, aunque parezcan siempre enfadados cuando hablan, y su idioma no se entienda, poseen la misma disposición a ayudar a los demás, de la que hacen gala suecos y noruegos.


Nos adentramos en la inhóspita Finlandia, los frondosos bosques suecos y los fiordos noruegos han quedado atrás, dejando paso a una tierra yerma con escasa vegetación y mucha roca salpicando los márgenes de la carretera. Aunque seguimos en un entorno natural digno de visitar, digamos que ha perdido un poco de alegría. Al menos, como nota positiva, puedo decir, que se ha abierto el horizonte ante nosotros, eliminando la dulce claustrofobia de los bosques de Suecia. Sin embargo, nos hace más vulnerable al viento, el cual empieza a golpearnos con fuerza. Reduzco velocidad para hacer más liviana la travesía, intento con ello podemos apreciar los numerosos lagos, de pequeño tamaño, que comienzan a aparecer a nuestro lado, como el lago Lintu. Se suceden a modo de pecas sobre la tierra, o como migitas de pan que nos guían a través de país. Durante los primeros kms por terrenos fines seguimos coqueteando con la frontera con Suecia. Al igual que allí, aquí nos acompañan también renos en nuestra travesía. Aunque se muestran algo tímidos a nuestro paso, huyendo incluso a la mínima que detecta que hago ademán por para la moto. 


Tras 40 kms lindando con Suecia, tomamos el desvío que nos conduce a Enontekio y ya si, nos adentramos en Finlandia de pleno. Según mis cálculos, habremos hecho la mitad del trayecto por tierras finlandesas de la etapa de hoy. Seguimos en dirección Este, pasando por los impresionantes lagos Sotka y Muotka, tan vastos como mares interiores, en los que vislumbrar la orilla se hace del todo imposible, por los arboles que nos tapan la visión. A pesar de ello, no son tan abundantes como en Suecia, pero rompen con la monotonía del paisaje que teníamos hasta ahora. Ambos lagos están comunicados con otro, el lago Ounas, situado enfrente del aeropuerto de Enontekio. Señal, sin duda, de que nos queda poco para llegar a Enontekio, población que alcanzamos casi sin darnos cuenta. Sin entrar en ella, tomamos, como nos dijo nuestro amigo de Harley, la salida de la glorieta que marca E-93. Según nuestro amigo, no deberemos abandonar dicha carretera hasta la frontera con Noruega.

-M Carmen, no se lo que pasa pero se me está haciendo esta etapa, cortísima. No deben de quedar de 150 kms para llegar a Kautokeino.
-Normal, se ayer nos hicimos casi 60 kms de más, hoy los tenemos de menos - me replica ella un poco contrariada por un comentario tan evidente

Es posible que haya pensado en voz alta que, esta todo discurriendo con tanta fluidez y facilidad, que me parece mentira que vayamos a llegar a nuestro destino sin ningún incidente. Desde que comenzamos esta aventura por Europa, todos los días nos ha pasado algo digno de mención, a veces malo, a veces bueno. Podría contar con los dedos de una mano las jornadas en las que no ha habido novedad en el frente, sin duda hoy sería una de esas veces. Eso, combinado, con tener una etapa 100 kms más corta que la media de los últimos días está haciendo que la jornada transcurra, al menos para mi, como un dulce paseo y se me esté haciendo más corta de lo normal. No obstante, creo que también nos merecemos días así, tras todo lo sufrido hasta ahora. 


El viento, parece no compartir la misma impresión que nosotros, dándonos de vez en cuando una sacudida, impidiendo así, que bajemos la guardia. M Carmen, esta atrás en una sorprendente calma tensa. Por ahora no han sido necesarios los servicios de mi navegante. Pero ella, siempre metódica, comprueba de vez en cuando nuestra posición con el GPS del móvil, para corroborar nuestro rumbo. Efectivamente, una vez superado Enontekio, tan sólo nos queda viajar hacia el norte atravesando los Parques Naturales de Tarvantovaaran y Pöyrisjärven, además de los lagos Lijanki, Matala, Mukka, y Palo. Observando los larguísimos nombres de las cosas en las señalizaciones en Finlandia, uno puede llegar a imaginar que el finés es un idioma harto complicado, ¿acaso alguien sabe como se pronuncia Tarvantovaaran o Pöyrisjärven? Son tan largos que uno se queda sin aire al pronunciarlos, y más teniendo en cuenta la costumbre española, y sobretodo andaluza, de acortarlo todo.  

A los 37 kms llegamos a la frontera con Noruega, nuevamente volvemos a nuestro "país favorito", abandonando la UE y la zona Euro. Inauguramos también nueva región del país: Finnmark, la tierra del Fin del Mundo. Noruega ha cambiado mucho desde nuestra última estancia hará dos días. Esa Noruega verde, de espectaculares fiordos y barrancos, libro abierto para la geología y paraíso para los amantes de la naturaleza, se ha convertido aquí en un terreno totalmente plano y despejado, que sigue siendo verde, al contrario que los tintes grises de Finlandia, pero más monótono, con menos densidad de arbórea, y bajo un cielo cada vez más gris que amenaza lluvia. Por lo tanto, atravesar nuestra novena frontera no supone ruptura alguna con Finlandia. Ya que, a parte de una vegetación menos abundante, también tenemos un terreno salpicado de pequeños lagos.

Una vez en Noruega, ya sólo nos restan 44 kms hasta Kautokeino, parece mentira lo rápido que ha transcurrido esta etapa. Siguiendo siempre la senda de la E-93, supongo que a partir de aquí, con límites de velocidad máximos de 90 km/h bajaremos el ritmo. A la entrada nos encontramos con el impresionante lago Geadge, al que le siguen otros que se alternan con pequeñas lomas de verde pino, al mismo le siguen otros muchos bañados por caudalosos ríos que fluyen a nuestro alrededor. Quizá las vistas no sean tan espectaculares como en los fiordos, pero también impresionan. Por un momento, nos da la impresión de ser un glóbulo rojo dentro del torrente sanguíneo, con sus innumerables arterias, venas y capilares alimentando esta baldía tierra. Al igual que en Suecia y Finlandia, en estas latitudes de Noruega la soledad más absoluta nos invade. Al menos aquí, hay algo más que ver que en los anteriores países, es cierto que quizá sea algo monótono para los amantes de los paisajes. No obstante estos momentos, que para cualquiera podrían ser de tedio, para mi constituyen una oportunidad magnífica para reflexionar y porque no para hablar con mi novia de los pormenores que llevamos en la aventura hasta ahora.

-Cielo, sólo nos quedan 40 kms hasta Kautokeino
-¡¡¡Sólo!!!, a este ritmo vamos a llegar a la hora de comer - exclama ella con gran asombro ante mi noticia
-Ya ves, hoy vamos a tener una etapa perfecta, ojalá todas fueran así.
-Ya te digo - sentencia.  

Es verdad lo que dice ella, en lo que llevamos de aventura o por una cosa u otra, siempre hemos tenido alguna cosa que ha retrasado la conclusión de nuestra etapa. Unas veces por perdernos, otras por que nos hemos resistido a irnos de una ciudad que nos ha encantado, otras por sencillamente inclemencias del tiempo que ha ralentizado nuestro ritmo, lo que está claro es que si no hay ningún imprevisto concluiremos nuestra etapa en Kautokeino para la hora de comer. 

Efectivamente, tras los últimos 40 kms de travesía bajo un sol radiante, con los mosquitos acechando en cada parada, y casi sin darnos cuenta, llegamos a Kautokeino, final de la etapa de hoy. Nuevamente volvemos a perdernos, pero esta vez por un despite mío. El camping estaba a la entrada de la ciudad y era fácilmente localizable, pero me lo pasé, por quedarme mirando a unos renos que estaban a los márgenes de la carretera con ganas de cruzar la carretera, y ellos no avisan. Hay que tener, cuidado, por tanto. Aprovecho la ocasión al menos, para adentrarme un poco en Kautokeino y echar un vistazo. Pero dicha vuelta de reconocimiento, queda truncada porque el Falco Stradale nos "pide" una parada para repostar. Afortunadamente, hay una cercana a la E-93 en la entrada del pueblo, muy próxima a un supermercado, donde seguro M Carmen hará algunas compras.

Mientras estoy repostando caigo en la cuenta de varios detalles en lo referente al de las gasolineras: Resulta que aquí en Noruega y Suecia, al menos de momento, no existen las monedas pequeñas. La más pequeña es la de 1 KR, sin embargo, al repostar los precios vienen marcados, como en España con decimales. ¿Manera de resolverlo?, fácil: Si el importe a pagar es inferior a 0,5 se paga la cifra inferior y si es superior a 0,5 la cifra superior. Es decir, a mi este repostaje me ha salido, por 135,05 NOK (unos 16,17 €), al cambio, por lo tanto deberé pagar 135 NOK (16 €), si hubiera sido 135,51 NOK debería de pagar 136. 

Después de esta reflexión para advertir a los que decidan aventurarse por estas tierras, M Carmen y yo nos vamos al super a hacer algunas compras. Como siempre, compraremos lo más barato y necesario, ya que nuestro espacio es limitado. Todavía tenemos el jamón disponible, así que compramos un brik de leche, pan, salchichas, y esas patatas ali-oli nada picantes que estan buenísimas y que se pueden encontrar por un euro o dos como mucho al cambio. Una opción sin duda, atractiva para los que buscan un avituallamiento low-cost. Al salir me fijo en un curioso refresco, sabía que la compañía Rovio que realiza los juegos de Angry Birds era finesa, de hecho uno de los dibujantes es el hijo de un compañero de trabajo, pero me asombro de hasta donde ha llegado el éxito del merchandising de estos simpáticos pollitos.

Tras pagar, ahora si, volvemos a la afueras del pueblo para hacer el check-in en nuestro camping. 


Un camping pequeño, pero colorido y con amplio aparcamiento. Nos recibe una amable señora llama Ingra, la cual al ver que somos españoles intenta chapurrear algunas frases en castellano, sin mucho tino pero que arrancan de nosotros un sonrisa cómplice. Según nos cuenta, su marido es español, pero por desgracia, no se encuentra en el camping. Una pena, porque, seguro, habríamos tenido una interesante conversación con él. La señora aprovecha para contarnos lo bien que lo pasó en sus vacaciones por la costa valenciana.

-Yo no hablo español, pero mi hija si, además tenemos una compañera de trabajo que es italiana. - Nos dice con entusiasmo. Con esta última frase, empiezo a deducir que el camping es de gestión familiar. Mejor así, seguro que el trato será cercano y el ambiente idóneo para pasar una agradable estancia.
-Ah si! que casualidad, yo hablo italiano - le respondo con ilusión. Una ilusión suscitada por el hecho de poder usarla antes de tiempo,  de llegar a Italia.
-Pues esta tarde a las 20:00 da una reunión en nuestra tienda lapona para dar café a los asistentes y contar historias de Laponia.
-Que bien, pues ya tenemos plan, allí estaremos. 
-Que chico más aplicado tienes, no lo dejes escapar querida - le dice la señora a M Carmen. Ella sonríe, pero no ha entendido la frase dicha en un perfecto ingles. Yo sirvo de interprete y es entonces cuando la comprende. Mi novia deja escapar algún:   Bueeeeeno.....   riéndose con cierto rubor a continuación. En ese momento M Carmen (con mi ayuda) le pregunta a la mujer.
-Oiga no tendrá usted nada contra los mosquitos -
-¿Son molestos verdad? - responde ella, con cierto aire resignado.
-¿Como es posible que haya tantos con el frío que hace? - le pregunta, curiosa, mi navegante.
-Hay tantos por la enorme cantidad de zona pantanosas que hay aquí en Finnmark. Nosotros los llamamos la Real Fuerza Aérea Noruega. - Nuevamente el buen humor invade la recepción del camping. Mientras reímos, la señora haciendo caso a la petición de M Carmen, le obsequia con una espiral de un material liviano y poroso de color verde. 
Es una vela lapona, enciende un trocito cada noche que este aquí y los mosquitos no te molestarán.






Después del obsequio y de la distendida charla, pagamos nuestra cabaña, ella nos da la llave y salimos de recepción con aire renovado, es lo que tiene el buen humor. Eso, y el hecho de que estamos ya en nuestro destino antes de las 15:00. Nos montamos en el Falco Stradale y vamos al encuentro, nuevamente, de nuestro hytter. El camping esta dispuesto en forma circular con una enorme tienda lapona en el centro, las caravanas a un lado y bordeando el terrenos las cabañas. Las nuestra es la última de todas. Está pintado en rojo y blanco a orillas del lago. Por desgracia, no podemos disfrutar de esa vista porque el hytter no cuenta con ventanas que den a esa parte de la finca. Mientras descargamos, M Carmen y yo intentamos trazar nuestra agenda para el día de hoy.

-Rafa, ¿Estas loco? no nos vamos a enterar de nada, como les de por hablar en noruego.
-No te preocupes, seguro que consigo que al menos a nosotros nos hable en italiano, y así más o menos lo entendemos todo. Merece la pena por mezclarse con los lapones.


Estamos tan asombrados (gratamente) de nuestra pronta llegada, que ahora nos sentimos abrumados por el mucho tiempo que tenemos disponible. De momento, nos ponemos a comer, que la verdad sienta muy bien cuando se hace en el lugar de destino. Evidentemente, el menú, como otras tantas veces tiene al jamón como protagonista. Lo acompañamos con un poco de queso en barra, comprado en el supermercado lapón y pan de cereales recién cortado. 

Tras la comida, queda pendiente en qué ocupar las horas que estemos en Kautokeino hasta mañana. No es cuestión de hacerlo todo hoy ya que volveremos a esta ciudad, una vez conquistado Nordkapp, pasado mañana. Mientras M Carmen va a ducharse, yo friego los platos en un módulo aparte de nuestro hytter. Supongo que separados ambos estaremos dando vueltas a la cabeza sobre la mejor manera de gestionar el tiempo libre. A la vez que friego estoy ensimismado en mis tareas, en ese momento, entra en el módulo (que también sirve de pequeño comedor) un señor de aspecto claramente británico, el cual no deja pasar la oportunidad de conocerme. Este hombre se llama Ian, es de Irlanda, y esta de viaje en caravana con su hijo. Es escritor, y se encuentra precisamente escribiendo un diario de todo lo que les pasa en el viaje. Por supuesto, ambos viajan a Nordkapp (Cabo Norte), y es que este destino no es exclusivo de los moteros, sino de cualquier amante de los viajes. Yo también le cuento la razón de nuestro viaje hasta Nordkapp, primero, y por Europa después. Parece interesarle mucho, inmediatamente relaciona mi aventura con la Ewan McGregor y Charlie Boorman (Long Way Round y Long Way Down). Sonrió y le doy la razón, aunque le indico que no cuento con tantos medios como ellos, lógicamente. Más sorprendido se queda al ver la moto con la que estoy realizando este viaje - ¿Con esta moto? - Me pregunta sin salir de su cara de asombro, al ver como asiento con la cabeza ante su pregunta, me dice:  - Los españoles, sin duda, sois gente valiente. Por supuesto, le digo que no estoy sólo en esta aventura, también me acompaña mi novia, M Carmen. Justo cuando la nombro, casi como llamada por un acto de telepatía, aparece en la sala donde Ian y yo estábamos hablando, vestida con un chandal y el pelo mojado. 

-Venga Rafa, ahora te toca ducharte.-  

Hora de marcharse, cosa que hago, no sin antes presentar a mi nuevo amigo irlandés, con el que he tenido una conversación de lo más interesante. Es agradable ver como en estos tiempos de stress y prisas. que todos sufrimos, todavía hay padres e hijos que se las ingenian para pasar momentos juntos, más allá de la infancia. Me ha sorprendido gratamente. 

Comidos y con todo hecho, ha llegado la hora de decidir que hacemos en Kautokeino.

-"La fiesta del cafe" es a las 20:00, pero mientras, ¿Qué sugieres?¿Vemos Kautokeino?
-Lo primero, y más importante, creo yo es planificar la etapa hasta el Cabo Norte de mañana. Después si queda tiempo podemos ver la ciudad, y si no pues dentro de dos días volvemos a Kautokeino, ¿no?

Dicho y hecho, nos vamos a la recepción para planificar la siguiente etapa. Aunque ya no está la amable señora. En su lugar hay una joven muy simpática, que nada más entrar en el hall de recepción nos pregunta si nos apetece un poco de té y unas pastas. Nosotros, con la desconfianza española, le decimos que no, creyendo que nos va a cobrar. Nada más lejos de la realidad, según ella es una cortesía que se tiene con todos los clientes y es totalmente gratis. Abrumados un poco por nuestro rechazo inicial aceptamos su invitación con gusto. Resulta que esta chica es la hija de la recepcionista y conoce nuestro idioma, así que no dudamos en hablar con ella. Lo aprendió cuando estuvo en Valencia durante 3 años, aunque según reconoce, ya ha pasado un tiempo y se le está olvidando. Nuestra anfitriona nos acomoda en una mesa con sillas de madera de pino echas y pintadas a mano preciosas. También nos facilita la clave WIFI para empezar a trabajar en la siguiente etapa de nuestra aventura, retirándose a continuación para atender a otros clientes, aunque con la firme promesa de volver.



-Bueno Rafa, ¿Donde esta situado Cabo Norte? exactamente.
-Busca en el mapa Nordkapp. Tras unos segundos de espera, M Carmen por fin localiza el destino de nuestra próxima etapa.
-Desde luego, hijo, contigo voy a aprender geografía si o si.
-Bueno, esa también es uno de los motivos de este viaje, aprender, geografía, historia, costumbres, y sobretodo todo aquello que no se aprende en los libros pero que es igualmente valioso.


Mientras me muestra nuestro próximo destino, M Carmen me enseña con cierta preocupación las enormes mellas que están haciendo los mosquitos en su cara. Yo sin embargo, apenas estoy marcado, supongo que las mujeres les gustan más. Va siendo hora de planificar la próxima etapa, para ello usaremos el WIFI del camping.


La etapa de mañana en teoría es fácil, seguimos por la E-93 hasta Alta, allí se toma la E-6 hasta un cruce próximo a la costa, donde haremos izquierda y cogeremos la E-69 todo recto hasta Nordkapp pasando por Honningsvag. Quizá la única dificultad que tiene la etapa es el hecho de que estas latitudes próximas al paralelo 71º apenas hay poblaciones, por lo que es posible que las gasolineras también escaseen. A pesar de la información que intento recopilar por internet, apenas hay datos de este tramo. Lo más prudente será repostar en Alta (a 130 kms) y luego aguantar el tirón hasta Honningsvag o alguna población cercana. 

Resuelto lo de mañana, lo de pasado también es fácil: Desandar el camino hasta Kautokeino, donde pasaremos una segunda noche. Creo que va a ser el único de nuestra etapa que repetiremos. Aprovechamos el WIFI para planear otras etapas de nuestro periplo finlandés: como la que nos lleve de Kautokeino hasta Rovaniemi, de Rovaniemi a Viitasaari, o de Viitasaari a Helsinki. Con la ayuda del mapa de carreteras que me prestó la amable chica de la gasolinera concretamos la ruta y los pueblos de paso. Sin embargo, el GPS de mi novia solo puede dibujar una ruta (con su bolita de geolocalización) cada día, por lo tanto marcamos el trayecto de Kautokeino a Nordkapp y la guardamos dentro de la aplicación de mapas, ya está lista para el día de mañana. 

Mientras estamos contestando a algunos mensajes por whatsapp y colgando algunas fotos de nuestro viaje por facebook, me fijo en un cuadro precioso de una pareja en una escena claramente campestre. No sabría decirlo, pero hay algo en ese cuadro que me resulta familiar. Justo en ese momento, se aproxima de nuevo nuestra anfitriona y ya lo tengo claro.


-Tu eres la chica del cuadro, ¿verdad? - Le pregunto con gran interés, aunque casi sabiendo la respuesta.
-Si, soy yo, es un retrato de mi boda. - Contesta ella, desde luego, soy buen fisonomista.
-Que bonito, ¿como vais vestidos? - Pregunta M Carmen incorporándose a la conversación con nuestra amiga.
-Con el traje tradicional lapón de la mujer y del hombre por supuesto. - Nos explica
-Pues es un vestido precioso, vas muy guapa, y el novio va muy original - Le dice M Carmen
-Pues mi marido está aquí detrás - A continuación ella le saluda, al igual que nosotros. Efectivamente era él, pero apenas se le ve dentro de una zona de penumbra en el salón.

Como una imagen vale más que mil palabras, prefiero poner una foto del cuadro aquí y que veáis vosotros mismos lo original y a la vez bello de los trajes típicos de Laponía para contraer matrimonio.

Durante los siguientes minutos estuvimos hablando los cuatro de las costumbres más arraigadas de los lapones. Como por ejemplo: Que son un pueblo nomada que lleva existiendo en Europa desde hace más de 9000 años,  que su día nacional es el 6 de Febrero, su región abarca cuatro países: Noruega, Suecia, Finlandia y Rusia, aunque ellos se sienten Samis y no nacionales de ninguno de esos países. Su famosa bandera fue creada en 1986, la cual puede ondear libremente en cualquier ayuntamiento o edificio noruego desde 2003


Al ver mi interés por dicha bandera, Antonella, orgullosa, me da una pegatina de su enseña nacional. Es curioso ver, que aunque Laponia no constituye un país los integrantes de esta etnia se sienten partícipes de una patria, que aunque no reconocida oficialmente es respetada y querida por todos los escandinavos. Todo un ejemplo de convivencia, con diferentes maneras de entender una nación que por derecho propio se ha ganado su sitio en la historia.

Sin quererlo el tiempo se nos ha echado encima, son casi las 20:00 y es el momento de acudir a esa famosa fiesta, donde se ofrece café a los visitantes dentro de una tienda lapona. Estoy seguro que descubriremos cosas realmente interesantes.




Al llegar y abrirla encontramos a un grupo de cinco personas, un ruso, una pareja alemana, y otra inglesa. Todos turistas, y todos juntos entorno a una anciana con el vestido tradicional lapón. La mujer ataviada con el vestigo lapón nos invita a pasar y a sentarnos en unos troncos. Nos encontramos alrededor de un fuego que calienta un viejo caldero de cobre, en él se va haciendo nuestro café.¿Como estará?Mientras se fragua nuestra bebida, la mujer cuenta, en ingles, viejas historias de la cultura lapona. Yo intento hacer de traductor simultáneo a M Carmen, lo cual no es tarea fácil.

Cuando termina, me da por preguntarle su nombre en italiano, para romper el hielo, en ese instante, su cara cambio radicalmente.

-¿Eres italiano?- Me pregunta
-No, soy español, mi nombre es Rafael y ella es mi novia es M Carmen. Nos ha dicho la recepcionista que eres italiana, y da la casualidad que yo también estoy aprendiendo italiano. ¿Como te llamas?
-Antonella - Nos contesta nuestra anfitriona.
-Pues bueno contadnos un poco vuestra historia mientras os tomáis un café con nosotros.

En ese momento, me sentí compungido, y con miedo escénico ante nuestro pequeño público. M Carmen se descartó rápido, al no saber ingles, pero yo me encontraba perdido, no sabía que hacer ni que decir. Respiro hondo le pego un trago al café y con la ayuda puntual de Antonella en algunas palabras, pude conseguir engatusar a nuestra audiencia con el relato de nuestra historia. A la luz del fuego y compartiendo un café caliente con la gente, se creó un buen ambiente idóneo para hablar y compartir experiencias con otros viajeros. La pareja inglesa que nos escucha lo único que sabe decir en español es: "Una cerveza, por favor". A M Carmen le hace mucha gracia esta espontánea manera de chapurrear nuestro idioma, así que ella se anima y hace lo mismo con el ingles: "One beer, please". Todos nos reímos, pero yo especialmente estaba contento. Desde que Stavanger o más lejos, no recuerdo, llevo diciéndole que tiene que abrirse y soltarse más con la gente, aunque no tenga destreza con el idioma. Parece, que por una vez, está haciéndome caso. 

Cuando ya vamos por el tercer café decidimos retirarnos a nuestro hytter. Nos despedimos de todos, y muy especialmente de nuestra anfitriona Antonella, con la que decidimos hacernos una foto final, aunque por su gesto parecía algo reacia, como si le robaramos el alma con ello. Espero no haber ofendido sin querer alguna superstición lapona con respecto a las instantaneas. 




Una vez fuera de la tienda, grabo la siguiente crónica bajo un viento de justicia, con mis impresiones y como resumen perfecto de esta etapa.


Mientras nos dirigimos a la cabaña mi compañera de viaje me habla sobre el café noruego.

Igualito este café al español, esos si que son cafés y no estos que estan aguados - Me comenta contrariada.
M Carmen, el café aqui lo toman, no como una costumbre social, sino para calentarse.

Es hora de acostarse y descansar bajo el bello sol de la medianoche lapona. Llevamos cerca de ocho días en Escandinavia y aun hoy no me acostumbro a que el sol no se ponga. Sin embargo, las pocas ganas de dormir no son debidas al molesto sol, ni al aguado café, son quizás los nervios que me asaltan. Mañana, tras 18 días de travesía, llegamos al ecuador de nuestra aventura con el firme propósito de completar el primer hito importante de la misma, llegar a Nordkapp, uniendo así el punto más al Sur de Europa (Tarifa) con el punto más al Norte. Aunque supongo también que será un momento agridulce, ya que a partir de mañana nos va quedando menos para volver a casa.