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lunes, 22 de diciembre de 2014

CAPÍTULO 21: EL PAÍS DE LOS 1000 LAGOS

ETAPA 21: ROVANIEMI-VIITASAARI 


Distancia total ruta:  500 kms

Tiempo total:   6 horas

Ciudades visitadas:   2

Paradas:  3

Consumo medio:    4,24 l/100


Después de una noche totalmente soleada y bajo el cálido abrigo de la chimenea, nos levantamos en nuestra mansión de ensueño con plenitud de energías. Sin duda, el de ayer fue un día rodeado por el estigma de la decepción al no poder llegar a conocer a Santa Claus, el cual se unió al desértico aspecto de las instalaciones. Sin embargo, siempre viene bien para elevar la moral abstraerse dando un paseo y descansar en una morada tan confortable como esta. Estamos tan cómodos que mientras desayunamos nos planteamos por primera vez en nuestro viaje, la idea de permanecer en este lugar un día más en este paraíso lapón. Tenemos un día comodín todavía disponible (el otro lo quemamos en Stavanger) y la verdad es que el precio de la estancia aunque elevado merece la pena, así de paso, podríamos reponer fuerzas para lo que nos queda de viaje. 

Tras 8000 kms de aventura no nos vendría nada mal un break, el pasar de los kms se va haciendo sentir en nuestros cuerpos: M Carmen se queja bastante de las rodillas y el culo, no es para menos, dada la menor comodidad que sufre el acompañante en este tipo de viajes. Yo sin embargo, me quejo más del cuello y hombros, por la constante tensión de nuestras etapas en mi constante lucha contra los elementos. La lluvia y sobretodo el frío han sido nuestros peores enemigos en esta aventura, llevándonos al borde de la rendición en muchas ocasiones, por la hipotermia, por el cansancio, el miedo a caer, etc. A pesar de ello, juntos, hemos sido capaces de salir airosos de innumerables contratiempos y dificultades, juntos  hemos llegado hasta aquí, y juntos llegaremos al final de nuestro viaje, completando la Vuelta a Europa en moto.

El desayuno transcurre con esta y más reflexiones sobre la historia de nuestro viaje, una aventura que vamos escribiendo km a km. Tras mucho recapacitar decidimos retomar este viaje y dejar para más adelante el día de descanso, pero no vamos a irnos de este bello lugar sin disfrutarlo un poco más. Así sin más dilación, nos permitimos el lujo de hacer esperar a Santa Claus mientras vamos a dar un agradable paseo por nuestra finca haciendo fotos de todo, casi como si de nuestra casa se tratara. 

De casualidad, descubro en uno de los armarios dos chalecos salvavidas. Inmediatamente, y eso que es temprano, mi mente los relaciona con el lago que tenemos cercano a la casa y que se llama (según me dijo Helena) Vikajarvi.

- M Carmen, ¿vamos a dar un paseo en barca antes de irnos? - le digo a mi novia entusiasmado.
- Rafa, no se, déjate a ver si nos va a pasar algo y verás luego - responde ella titubeante a la vez que extrañamente temerosa.
- Venga cielo, animate, ¿Cuando tendrás la oportunidad de repetir una experiencia así? Vamos a descubrir los lagos de Finlandia desde dentro. 

Ella acepta a regañadientes y se deja llevar por mi, quizá por verme más decidido, por una vez, a hacer algo diferente. Nos vestimos con ropa moteraNada más salir volvemos a sufrir la horda infatigable de mosquitos que vuelven a la carga con insistencia haciéndose molestos hasta el extremo. Así que, casi a la carrera, nos dirigimos hasta el embarcadero de la orilla del lago, con la clara intención de explorar las especulares aguas del lago Vikajarvi. Aunque M Carmen no parece muy convencida.


- Rafa, dejalo, a ver si nos vamos a caer al agua y entonces verás
- M Carmen, y ¿Que esperabas?¿un crucero?¿socorristas de lago?Esto es lo que hay, una barca, un lago y la posibilidad de hacer algo diferente. Dar una romántica vuelta en barca por este lago, ¿De verdad, no te atrae la idea?

A M Carmen no parece hacerle gracia mis argumentos, se empieza a cabrear por momentos, y no tiene muchas ganas de cosas raras, se le nota en la cara. Sin embargo, la convenzo para que me siga una vez más. Cojo la barca, le doy la vuelta, y la acomodo, en la orilla del lago para empezar nuestra travesía. Debo decir que no me extraña que M Carmen tenga tanto recelo, la embarcación es de fibra de color beige, con un aspecto algo frágil la verdad. Me monto con sumo cuidado, me hago con los remos y me coloco en posición para estabilizar la "nave", a continuación sube mi novia con muchas dudas para iniciar nuestro particular crucero. 



Es curioso, pero las dudas iniciales de M Carmen se disipan en cuanto nos alejamos de la costa, a la vez que la horda de mosquitos deja de atacarnos vorazmente. Precisamente, en ese instante ella se relaja y empieza a disfrutar de este pequeño viaje por las tranquilas aguas del lago. Poco a poco la tensión entre nosotros desaparece y por fin disfrutamos de un buen momento juntos, acompañado de sonrisas cómplices. No sabría muy bien como describirlo, pero al hacerme con los remos es como si llevará toda la vida  usándolos, cosa que extraño algo a mi acompañante. En fin, supongo que de mis años mozos en el Norte de España se me ha pegado algo de espíritu marinero, ¿quién sabe?, a lo mejor el mismo que me ha llevado hasta aquí. Mi navegante, aprovecha para mudarse de papel y pasar a ser nuevamente la fotógrafa oficial de Euro-Diversion 2013, como otras tantas veces, coje su Canon y realiza un buen reportaje de la inmensidad del lago Vikajarvi, tan sólo al alcance de su belleza. De pronto, en mitad de aquellas aguas me siento de nuevo en un profundo sentimiento de soledad y abstracción me embargan, tanto que no si se vamos en barca o en moto sobre las aguas. El solo sonido de la fina brisa y el de tu respiración interrumpen el normal discurrir de la naturaleza, con la que llegamos a una extraña comunión. Casi da reparo habla para no estropear la estampa de un bello amanecer reflejado en las cristalinas aguas del lago Vikajarvi.





Tras las fotos llega la hora de las despedidas, sin duda lo único que no echaremos de menos de esta casa serán los mosquitos, si, en cambio, las instalaciones y el trato amable de nuestra anfitriona, el cual nunca olvidaremos. Tras recoger la casa, para evitar la famosa tasa de 50 euros, procedemos a vestirnos antes de salir al exterior. Antes de hacerlo hacemos unas fotos de recuerdo de esta verdadera mansión en Laponia.







 Ya sólo nos resta acomodar nuestras alforjas a la moto y meter el contenido de nuestro cofre de nuevo en su interior. Una maniobra rutinaria, pero que con el incordio de los mosquitos se hace eterna y molesta, desde luego que cinco minutos más largos, quizá los más largos de la aventura.

Nos vamos de nuevo con la casa a cuestas para la Aldea de Santa Claus, no sin antes entregar las llaves en recepción. Nos despedimos de Helena, la cual nos desea suerte, sin poder evitar comentarle la excelencia de su casa, sinceramente, nos pesa tener que marcharnos de este pequeño edén a orillas de Vikajarvi, pero no nos queda más remedio que proseguir con nuestra aventura.

Tras unos kms de camino por carreteras limpias de tráfico llegamos de nuevo a la aldea. 



-¡Maldición! ¿otra vez cerrado?¿Pero esto que es? - espeto a los cuatro vientos.
-Rafa, calla, mira allí hay unos coches - me señala mi novia

Nuevamente mi navegante no se equivoca, hay signos inequívocos de vida humana en la aldea, creo que por fin podremos cumplir nuestro objetivo. Sin embargo, tenemos ante nosotros un dilema importante: Tenemos la moto cargada hasta los topes, y hay que dejarla aparcada lejos de nuestro vigilancia ¿Quién se queda custodiándola?. Al igual que en Versalles la situación es complicada, ya que ambos queremos disfrutar del encuentro con Santa Claus, pero tampoco queremos que los amigos de lo ajeno nos estropeen o comprometan la aventura. Tras unos minutos de divagaciones llegamos a la conclusión de que la mejor idea es que los dos nos vayamos al encuentro con Santa. Sin duda, en la toma de esta decisión pesa las numerosas muestras (Como en el Trollstigen) que hemos encontrado en nuestro viaje de que los nórdicos no son muy amigos de lo ajeno. Aún así decido ponérselo difícil ocultando el Falco Stradale y candando nuestros cascos a la moto, del lugar me llevo el dinero, y la cámara de fotos. Lo único que queda al aire es el GPS (por mi que se lo lleven, no funciona), los cascos, una mochila con herramientas y nuestras alforjas. Espero que la apuesta nos salga bien, ya que en las alforjas están las cosas menos valiosas pero quizá más necesarias como ropa y cargadores.   

Con la moto a buen recaudo y con las instalaciones vistas en el día de ayer, nos disponemos a ir derechos al edificio central del complejo que parece ser la casa de Santa Claus. En su umbral esta la advertencia de no poder grabar ni tomar fotos del lugar, supongo que para conservar la magia del sitio. Nosotros como siempre, hacemos caso omiso para poder compartir con vosotros estos momentos. Así que de manera discreta cojo mi casco y pongo mi GoPro a grabar de forma discreta, ambos nos miramos y respiramos hondo, estamos muy nerviosos, una fuerte emoción nos embarga al cruzar esa puerta, ¿Qué nos aguardará?

Al cruzar observamos un edificio oscuro con una tenue luz roja, un estrecho pasillo guía nuestros pasos por un suelo cristal que hace las veces de hielo, sobre el circula una intensa niebla. A pesar de la oscuridad es perfectamente posible continuar caminando por el sendero de "hielo" sin problemas. Con los pasos nos vamos abriendo cada vez más a la realidad, sin salir del halo de oscuridad, de extraño lugar que parece ser el sitio exacto donde se controla el giro de la Tierra, como así demuestran la marcha de numerosos engranajes. Al poco tiempo, el pasillo se ensancha y nos vemos a los pies de una escalera cubierta por una gran alfombra roja, subimos los tramos de la misma a la vez que nuestra expectación y nerviosismo se elevan. Al terminar de subir nos encontramos con una cola de unas diez personas, por lo que parece hemos llegado a la antesala para conocer, por fin, a Santa. Mientras hacemos la cola, M Carmen no deja de llamarle la atención a un turista japonés supuestamente despistado.

-Oye, tu para atrás - Le indica ella indignada
-¿Que ha pasado? - Le pregunto totalmente desconocedor de los ocurrido
-El japonés este que se quería colar, entre sonrisitas, ¡a mi me la va a dar!
-Que raro los japoneses son muy educados.
-Pues este se perdió las clases - Responde M Carmen con ironía.

Tras unos minutos llega nuestro turno, debo reconocer que me encuentro nervioso e ilusionado como un niño. Desde que comenzó esta aventura entregar las cartas de los niños de SOS Aldeas Infantiles y nuestros sobrinos se había convertido en una de las misiones principales de nuestro viaje. Salvando las distancias con la conquista del Fin del Mundo en Nordkapp, una emoción difícil de describir nos embarga, ha llegado la hora de conocer a Santa Claus





Es curioso decir esto, pero sentado a su lado me sentía como volviera a ser niño otra vez, la agradable y extraña sensación de conocer a alguien tan importante para los niños ha convertido en mágicos los pocos e intensos minutos que hemos estado junto a Santa Claus. Les entregamos las cartas de los niños ¡Misión cumplida! 

-Rafa, ¿Lo has grabado? - Me pregunta M Carmen al salir de la habitación
-Todo - sentencio

Al finalizar la visita, M Carmen y yo descubrimos porque visitar a Santa Claus es gratuito: Resulta que durante la visita te filman y te hacen fotos con una cámara profesional, para mostrártelas posteriormente y ponerte los colmillos largos. Y claro, de esta forma es fácil caer en la tentación de llevarte un recuerdo de este encuentro tan singular, al menos, para mostrársela a nuestro sobrinos. Las seis fotos nos salen por 30€, bastante caro la verdad, pero supongo que no se puede poner precio a la ilusión de unos niños que cuando volvamos querrán saber si hemos conocido a Santa Claus, ¿verdad?

Cuando pagamos las fotos, preguntamos a la elfa de Santa por una compañera suya que sabemos, por internet, que es española y se llama Cristina. Nos indica que está en la oficina postal, así que esa será nuestra nueva parada antes de irnos de la Villa de Santa Claus.

No sabemos el aspecto de esta muchacha, pero al menos sabemos que trabaja y donde está. En la Oficina Postal tan sólo se encuentra una elfa trabajando, así que no ha sido difícil encontrarla. 





-Hola, ¿eres Cristina? - pregunta mi novia
-Si, ¿De donde sois? - pregunta ella sabiendo ya, al menos, nuestro país de procedencia.
Mi novia nos presenta - Yo soy de Badajoz y mi novia de Córdoba.
-Yo soy de Cataluña, ¡Que alegría encontrar a alguien con quien hablar en castellano! estaba un poco harta de usar el ingles y el finlandés - nos dice mientras resopla y atiende a unos turistas galos.
-Bueno y ¿Cuantos idiomas hablas? - pregunto en la lejanía.
-Seis: Ingles, Francés, Italiano, Finlandés y por supuesto, Catalán y Español - nos contesta ante nuestro asombro
-Cristina, teníamos ganas de conocerte desde que descubrimos en internet que aquí trabajaba una elfa española - le dice mi novia. 
-¿En serio?, no me lo puedo creer. No sabía que en internet eran tan famosa - responde ella estupefacta.
-Bueno, y ¿Como te encuentras aquí en Rovaniemi tan lejos de casa? estarás un poco harta de tanta Navidad, ¿no?
-Que va, para mi es la mejor época del año y aquí la tengo todos los días, además me encantan los niños, así que en lo que a mi respecta estoy en el mejor trabajo del mundo. 
-¿Y no echas de menos España?
-A veces hecho de menos a mi madre, pero de vez en cuando o viene ella aquí o voy yo para allá, lo llevamos, bueno ¿Qué os trae por aquí?
-Le hemos dado a Santa Claus unas cartas de nuestros sobrinos y de los niños de SOS Aldeas Infantiles de Madrid y ahora queríamos que hacer para que les responda.
¡Hablar conmigo! veréis Santa Claus intenta responder y complacer todos los que le escriben, pero recibe al año más de 16000000 de cartas de más de 198 países del Mundo, por eso estamos los elfos, para ayudarle. Nosotros leemos con él y contestamos todas las cartas que podemos. En vuestro caso, y como me habéis caído muy bien, se la haré llegar para que la responda personalmente. Además le diré que tenga un detalle especial con vuestros sobrinos.
-¿Un detalle?¿Cuál? - Pregunto intrigado.
-Les suele mandar a los niños que han sido buenos un calendario del año próximo con una receta de postre típico de Laponia, ¿Qué os parece?
-Que estamos deseando que sea Navidad - decimos M Carmen y yo al unísono.

En ese instante, Cristina toma la iniciativa y nos pregunta como dos españoles han ido a parar al mismísimo Polo Norte para entregarle, en persona, unas cartas de los niños de España tras 8000 kms de aventura. Yo le explico que estamos realizando una Vuelta por Europa en Moto con la intención de unir el punto más al Sur con el punto más al Norte de nuestro continente. A Cristina, inmediatamente se le ilumina la mirada.

-¿No me puedo ir con vosotros? Los países del Este no los he visitado - dice entre las risas de todos. Desafortunadamente, llegan más clientes y hay que atenderlos, por lo que Cristina se va de nuestro lado. No sin antes desearnos feliz viaje.



 Damos una vuelta por la Oficina Postal de Joulupukin y nos sentamos a descansar un momento en una salita de sillas enanas, todo decorado con motivos navideñas hasta el extremo. Sin embargo, lo que más nos llama la atención es una pizarra con algunos datos de interés.


Resulta que anualmente se reciben en la Aldea de Santa Claus un total de unos 16 millones de cartas de 198 países del Mundo. Por países, los que se acuerdan más de Santa Claus, por orden, son: los italianos, británicos y los rusos. España no está ni entre los 10 primeros lo que demuestra que es nuestro país somos, quizás, más seguidores de los Reyes Magos. También llama la atención que la propia Finlandia no esté entre los primeros, sea como fuere este es un lugar de ensueño para los chavales y a pesar de la larga distancia que nos separa de nuestro país recomiendo su visita, pero en Navidad, que seguramente estará más bonito con su nieve y todo. En verano, por desgracia, es como si hubiera una guerra no hay casi nadie en sus instalaciones. Aunque visto de otra forma, no me quiero imaginar la cola para ver a Santa en invierno, estoy seguro que cada persona puesta en fila india daría como para llegar al Cabo Norte desde aquí. 

Terminamos la visita con el deseo de ver a los famosos renos de Santa con la clara intención de hacer fotos para nuestro sobrinos. Pero desistimos al comprobar que ir a verlos se hace mediante una excursión por 10€ por cabeza, algo caro para ver algo que se puede ver gratis en cualquier punto de las carreteras de Escandinavia, sobretodo una vez superado la línea del paralelo 66 del Círculo Polar Ártico.


Salimos de la Aldea y oficialmente hemos cruzado la línea del Círculo Polar Ártico, para celebrar nuestra salida del Polo Norte el sol baña nuestras caras y recarga nuestras pilas. A pocos kms se encuentra el Santa Park, un pequeño parque tematico en honor del habitante de Laponia más famoso. A nuestro paso fugaz, lo vemos cerrado, así que decidimos no gastar más tiempo en investigar que le sucede y llegar hasta la ciudad de Rovaniemi a unos 8 kms de allí.




Llegados a la capital de la Laponia finlandesa seguimos por la E-75 con dirección al sur, hacia las costas bañadas por las aguas del Golfo de Botnia, a la altura de Vallintunsaari cambiamos nuestro rumbo sin cambiar la carretera coqueteando con la costa finesa. Tras unos 50 kms de travesía entre vastos bosques nos encontramos de repente con una extraña visión. De pronto la angosta carretera por la que circulábamos entre arboles se abre de tal manera que parece que hemos salido de una cueva. Todo se despeja, el sol nos deslumbra y no deja ver lo que le ha sucedido a nuestra E-75, pasamos de un ancho de carretera de un carril para cada sentido a otro de por lo menos ocho por cada sentido. Algo increíble y digo ocho por cada sentido por decir algo, porque la verdad es que la carretera se han ensanchado tanto que no sabría decir exactamente cuantos vehículos podrían circular en paralelo, lo que si es cierto, es que la carretera se han hecho tan ancha que es imposible divisar alguno de sus extremos.

Como si de un Amazonas de asfalto se tratará nos abrimos paso decidido entre aquel horizontes gris durante unos cuantos kms, absolutamente impresionante encontrar algo así en mitad de la naturaleza. -Pero, ¿Qué demonios es? - me pregunto a la vez que mi navegante. Teorizando un poco y dada la rectitud de la carretera creo que podría tratarse del puesto de peaje de una antigua autopista o un antiguo aeropuerto, ignoro si civil o militar, nada lo indica desde luego. Sin pistas de este descubrimiento en mitad de Finlandia, llegamos a la localidad de Oulu, ciudad importante del noroeste de Finlandia, quinta del país en importancia y población con 190000 habitantes. Precisamente en este lugar será donde repostaremos el Falco Stradale y de paso nos tomaremos el protocolario café, las más barata forma de hacer un break y de paso calentarse en Escandinavia. Debo decir que, por primera vez en mucho tiempo, mientras M Carmen se lo toma yo paso directamente de buscar aceite para mi moto y prefiero quedarme anodadado viendo maquinas tragaperras en una gasolinera, ciertamente increíble. Al volver a la moto veo el mismo charco ingente de aceite, por un momento, parece que el Falco Stradale ha sido herido de muerte y con ello las esperanzas de completar nuestra aventura. La moto, sin embargo, responde bien y nosotros estamos plenos de confianza en nuestras posibilidades, pero no dejo de estar preocupado. 

Tras el repostaje, nos ponemos de nuevo en marcha siguiendo la E-75 rumbo a Kolima. Dejamos atrás Oulu y la costa finesa para adentrarnos de nuevo en el país, aunque en los primeros compases no vemos ningún lago esta claro que los yermos páramos son cosa del pasado. Aquí volvemos a frondosos bosques de verdor impenetrable que se perpetúan en la carretera allá donde alcanza la vista. Esta vez, parece que no vamos a tener problemas en orientarnos, parece que le estoy pillando el truco a las carreteras de Finlandia y sus extraños nombres. Por si acaso mi navegante, sin que me de cuenta, repasa nuestra ruta en el GPS del móvil.


De pronto en un claro que se forma en el camino divisamos el lago Uljuan Teko. El primero que hemos visto libre de cualquier tipo de vegetación que entorpezca nuestra visión un lago pequeño, más que Vikarjarvi, pero igualmente precioso. Una pena tener que continuar, pero desde que pisamos Escandinavia allá por el 30 de Junio, nos hemos acostumbrado al hecho de observar tanta belleza de una manera fugaz. Tan sólo el silencio entre nosotros da fe de nuestra profusa admiración por estos lugares que escapan a nuestra imaginación. 

No me cansaré de decirlo, Noruega, Suecia, Finlandia..., -¿Que más da?- la cuestión es que estos tres países son bonitos hasta decir basta, no podría quedarme con ninguno. Tratándose de este tema prefiero ser egoísta y quedarme con lo mejor de los tres, sin duda ha sido todo un acierto volver a casa no por el mismo camino por el que llegamos a Nordkapp sino por otro diferente. De esa forma tendríamos la oportunidad de ver otras cosas a nuestro regreso, y sinceramente perderse Finlandia hubiera sido todo un delito, como supongo que serán otras que nos aguardan.

A pesar de la belleza de los innumerables lagos de Finlandia, apenas han aparecido en el horizonte salvo contadas excepciones y de forma aislada. Quien sabe detrás de cuantos arboles había un lago aguardando nuestro paso. Sin embargo, una vez superada la región de Pihtipudas somos ya conscientes de que estamos en el país de los 1000 lagos, a ambos lados de la E-75 se suceden los lagos, que más que lagos parecen mares, ya que abarcan todo el horizonte a nuestro paso. Tanto es así que parece que estamos viajando a través de las gélidas aguas finesas, una sensación muy parecida a la que tuve al pasar por el Puente Vasco de Gama de Lisboa (17 km), el más largo de Europa y el tercero del mundo. La diferencia es que en aquella ocasión atravesé el puente en coche y por supuesto, se pierde mucho de las emociones del viajar además el puente ejercía una influencia como una especie de sujección entre tanto cable. Ahora en moto, con el único sostén de la naturaleza, sumado a la soledad de estas tierras tengo que reconocer que las sensaciones son más autenticas.

A pocos kms de completar la etapa pienso que desde que conquistamos el Fin del Mundo el tiempo, antes inclemente, ha mejorado bastante. Desde más o menos Dinamarca hemos tenido un día de buen tiempo con otro malo. Sin embargo, aquí en Finlandia una vez cruzada Laponia, y bañados por el sol parece que el traje de agua es cosa del pasado, cosa que sin duda agradecemos. Escapan a mi memoria la de veces que hemos tenido que interrumpir la marcha de nuestra etapa por unas gotitas o unos nubarrones. Pero mi navegante, siempre previsor, me obligaba para no tener problemas de secar la ropa al finalizar la etapa, por ejemplo. Ropa, que por cierto noto, en mi caso, empieza a oler a un desagradable aroma de gasolina quemada, evidentemente el sangrado de mi moto me esta pringando de líquido desde la bota hasta la rodilla. Pero no se puede hacer nada, no tenemos tiempo, para solucionar este problema hay que seguir hacia adelante, confiando en que la moto no este en sus últimos estertores.

Con este y otros muchos pensamientos que circundan mi cabeza como nubes sobre este cielo tan azul llegamos por fin a nuestro destino a Viitasaari. Una pequeña y bella población en el centro de este gran país de unos 7000 habitantes situada practicamente entre dos islas separadas por sendos puentes. 


No obstante no es la única, ya que antes de llegar a Viitasaari vemos varias indicaciones a otras poblaciones cercanas que igualmente se encuentran al abrigo de la inmensidad del lago Keitele. Aunque parezca mentira no estamos circulando entre islas en mitad del mar, sino entre islas en un lago, visto desde aquí se ve tan impresionante que nos olvidamos de que estamos en tierra firme a más de 500 kms de cualquier costa.

Atravesamos un ciudad casi desierta a la hora de nuestra llegada y cruzamos los dos puentes que la dividen en dos, antes de cruzar el segundo, diviso una gasolinera-centro comercial enorme.

- Rafa, mira esa gasolinera, tiene WIFI, podemos usar internet.

- Cuando hagamos el check-in volvemos para repostar y de paso contactar con el mundo exterior.

Pasado el puente, nos volvemos a enfrentar al fantasma de si seremos capaces de encontrar nuestro camping, sin la ayuda de un GPS. Afortunadamente, nuestra dudas se disipan gracias a una buena señalización. Resoplo aliviado mientras me salgo de la carretera principal para tomar un camino.

- Rafa, ten cuidado, acuerdate de Skaulo - me dice mi novia preocupada.

- No te preocupes, el terreno esta seco y sin baches, de todas maneras iré despacio - la tranquilizo. Sin duda no es para menos que me advierta, desde lo que nos pasó en la Laponia sueca cuando nos quedamos tirados en mitad del bosque. Sin embargo, me da a mi en la nariz de que esta vez no vamos a tener problemas a llegar al camping.

A los pocos metros llegamos a la recepción del camping y ambos respiramos aliviados, hemos llegado. Por ahora, seguimos completando las etapas y nos las hemos arreglado para llegar a nuestros destinos, algo harto difícil en países donde no hablan tu idioma y sobretodo en donde el ingles no es un dogma de fé (como en Finlandia). La impresión, al llegar es que el camping es grande, a orillas del Lago Keitele, la recepción es lo primero que se ve,  y luego los diferentes módulos de duchas, lavanderías, etc, se disponen en una pendiente, pero, ¿donde estan las casas?

Hago el check-in como siempre mientras M Carmen espera expectante, con la ayuda de un mapa y las indicaciones del recepcionista llegamos a nuestro hytter. Un hytter dispuesto en mitad de un bosque de altos arboles como si de una aldea ewok de tratara. La verdad es que nuestro alojamiento en poco se parece al anterior de Rovaniemi, pero el hecho que se parezca tanto a los que disfrutamos en Noruega y las increíbles vistas al Lago Keitele hacen que no echemos tanto de menos al país nórdico. Guardamos nuestras cosas a buen recaudo en la cabaña y salimos de nuestro bosque ewok en busca de Viitasaari. Sin embargo, pensando en las veces que nos hemos perdido y en el hecho de no disponer de GPS hace que desistamos de investigar mucho por esas desconocidas tierras. Así que de momento, vamos a ir a la gasolinera a la entrada del pueblo a repostar nuestro Falco Stradale, y después Dios dirá.

La gasolinera en la que repostamos nuestra moto es más un centro comercial que una estación de servicio, tiene todo lo necesario para el viajero, menos el aceite que necesito para mi moto: Biblioteca, sala de lectura, restaurante, sala de duchas, sala de juego, tragaperras, sala de internet con WIFI, y por supuesto la gasolinera. Desde luego, aquí en Finlandia todo es a lo grande, aunque para nuestros propositos sólo nos interesa la sala de internet, más bien sus ordenadores. Y no por el hecho de navegar por internet, cosa que podemos hacer con nuestro móviles para dar novedades del progreso de nuestra aventura a través de las redes sociales, sino por la posibilidad de descargar nuestras fotos en el disco duro portatil que llevamos. Aunque el iPad es un dispositivo idóneo para un viaje por el tema del espacio, sin embargo, para verter contenidos de dispositivos externos se antoja inexplicablemente complicado. 

Tras la puesta al día nos tomamos un refresco en el paseo fluvial con vistas al lago Keitele, y es que la caprichosa naturaleza de los lagos glaciares de Finlandia hace que se estrechen tanto que parezcan un río, para a continuación volverse a ensanchar hasta límites insospechados. Por fin, tras largas horas de travesía podemos sentarnos un momento para relajarnos con la agradable sintonía del silencio en nuestros corazones, allí entre el bullicio de los coches esperando su turno para repostar nosotros hemos encontrado nuestra particular paz interior. El paso de las embarcaciones de recreo no nos hace ser conscientes de que estamos en Finlandia, en el país de los 1000 lagos. 

Con el impertérrito sol como testigo, que nos ha acompañado sin ocultarse en el horizonte desde hace más de 10 días, volvemos a nuestro camping para dar una vuelta por sus instalaciones, y es que al parecer, este lago cuenta con numerosas islas cercanas a nuestro camping. Así que nos lanzamos a la exploración del Lago Keitele.

Tanto tiempo pasamos en la isla del Lago que si hubieramos podido nos hubieramos quedado a acampar allí, pero por desgracia nos llega la hora de cenar, y las viandas las tenemos en la cabaña, así que, pasamos andando hasta el camping y abriéndonos paso entre el frondoso bosque llegamos a nuestra estancia. Al abrigo protector de nuestro espantamosquitos particular cenamos en el pequeño portal de nuestra cabaña observando con admiración la belleza más representativa de Finlandia, aún con la emoción reciente de haber conocido a Santa Claus. Ahora con la tranquilidad de la etapa cumplida
Nuestro largo peregrinar por tierras finesas ha tenido su justa recompensa en estos momentos de paz.