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domingo, 20 de diciembre de 2015

CAPÍTULO 23: BALTIC EXPRESS-PERDIDOS EN RIGA


ETAPA 23: HELSINKI-RIGA

Distancia total ruta: 400 kms
Tiempo total: 6 horas 46 minutos
Ciudades visitadas: 3
Paradas: 3
Consumo medio: 5,05 l/100




El comienzo del fin de nuestra estancia en Escandinavia tiene su inicio en el amanecer de Helsinki, miro por la ventana mientras M Carmen prepara un escueto desayuno con las últimas existencias de queso, pan y leche que nos quedan, ya repondremos por la tarde. Y hablando de reponer, hoy antes de partir vamos a realizar los cambios de líquidos en nuestra moto, así que sin más dilación, nos ponemos a comer para coger fuerzas con vistas a la dura etapa de hoy. Por primera vez, no va a ser una etapa dura por el clima, ya que brilla un sol de justicia en la capital finlandesa, sino por el hecho de que tendremos que coger un ferry y cruzar tres países en un sólo día.

Esta vez no habrá problemas con el asunto de cumplir el horario de salida del ferry ya que gracias al móvil tenemos la ruta perfectamente trazada hasta el puerto. Así que tras desayunar, lo guardamos todo y lo dejamos perfectamente recogido, todo menos el aceite, filtro y alguna herramienta, antes de partir hay que poner la moto a punto y de pasa hacerle una pequeña revisión de su estado.

Bajo y realizo el check-out sin problemas, salgo del hotel y coloco la moto en un sitio apartado en el ala trasera del mismo, mi novia mientras acude con los útiles y un par de garrafas de agua vacías que ha encontrado en la basura. Con su ayuda pongo la moto en vertical y me dispongo a "operar" en el Falco Stradale, entre los dos vamos a hacerle lo siguiente:


  • Cambio Filtro del Aire
  • Cambio de Aceite, vaciaremos el deposito y lo llenaremos con las garrafas compradas ayer a precio de oro
  • Limpieza y engrase de cadena
  • Apriete de los tornillos de la moto




Voy poniéndome los guantes de trabajo veo que M Carmen se encuentra inquieta mientras graba los prolegómenos al otro lado de la camara, insiste en participar de forma activa en las reparaciones. Tanto lo hace que al final ella sola desatornilla el deposito de la moto y cambia el filtro del aire con solvencia. Luego, limpia la cadena mientras yo cambio el aceite, una operación harto complicada porque cualquier mínimo descuido me puede dejar literalmente embadurnado en aceite, y ya que tengo el pantalón oliendo a quemado desde Alta no es cosa de ir "aceitado" por el resto del continente. Finalmente consigo desatornillar el tornillo de vaciado y sacar todo el aceite usado que cae con fuerza en la garrafa (agujereada) que M Carmen ha colocado bajo la moto. Antes de que caiga la primera gota de aceite usado M Carmen ha terminado por completo de la tarea de la cadena, así que tan sólo queda esperar a que se vacíe el depósito. Al terminar, atornillo con fuerza el tornillo de vaciado y relleno con las dos garrafas compradas ayer, aunque son de distinta marca a la que tengo yo, son de la misma graduación, así que no habrá ningún problema. La garrafa de cuatro litros que llevo a menos de la mitad la usaré para reponer nivel durante el viaje de vuelta. Después de realizarlo todo de la forma más limpia posible, llega el momento de arrancar la moto y cruzar los dedos.

Ufff, la moto arranca - exclamo con alegría
Venga pues a recoger, nos vamos a Tallín (Estonia)- dice mi novia entusiasmada

Recogemos nuestras cosas, nos limpiamos las manos con un quitagrasas que llevaba mi navegante y dejamos el aceite usado en un contenedor de aceite usado ubicado cerca del hotel. Para mi sorpresa hemos sido bastante rápidos en efectuar estas operaciones, apenas habremos invertido 30 minutos de nuestro tiempo, tan sólo nos queda montar nuestro equipaje y poner rumbo al puerto de Helsinki. Dejamos la moto aparcada lo más cerca posible del hotel y subimos por última vez a la habitación para recoger nuestras cosas y de paso hacer una última revisión, no vaya a ser que nos olvidemos alguna cosa.
Con todo montado, iniciamos nuestra etapa a eso de las 10:30 aproximadamente, nuestro ferry sale a las 11:30, por lo tanto tenemos una hora para cogerlo. Podrá parecer poco tiempo, pero hoy sábado 13 Julio creo que haya mucho tráfico en la capital y además apenas nos separan unos 10 kms de nuestro destino. La fortuna se ha aliado con nosotros y el móvil gracias al WIFI municipal de Helsinki nos guía sin excesivos problemas hasta la terminal de ferry de la compañía Tallink Silja Line. Mientras esperamos, a M Carmen le surge la necesidad de ir al baño pero no se ve ninguno en la inmensa explanada que sirve para recibir a los vehículos que van a embarcar. Como hemos llegado con tiempo de sobra ella se marcha en busca de uno y yo grabo una videocrónica para entretener la espera.
A la espera del ferry en Helsinki

Llegando al terminar del ferry























Minutos después de la espera, cuando casi se está abriendo la verja y los coches arrancan sus motores, aparece mi novia algo apurada.

Ufff, menos mal que he llegado. No te puedes imaginar lo que me ha costado encontrar un baño y claro encima a guardar cola de toda esta gente que esta esperando.

Pasamos el primer control sin problemas y avanzamos casi hasta la boca de la bodega del ferry. Allí debemos detenernos a esperar, afortunadamente la espera se hace amena contemplando la larga fila de Honda Goldwings a nuestra izquierda y la de un extraño personaje.

Esperando para embarcar
Hondas Goldwing












Dejamos atrás Helsinki
























La curiosa anécdota da paso al embarque en el segundo gran ferry de nuestra aventura. Contando el primero de Hirtshals y los interiores de Noruega creo que con este llevaremos alrededor de 10 embarques. Entramos en la bodega del ferry y dejamos nuestra moto aparcada en mitad del grupo de 20 Goldwings, si el ferry de Dinamarca parecía grande observando la bodega de este nos parece más bien un transatlántico. Hileras de coches y camiones del tamaño de un dinosaurio se suceden en un torrente de vehículos que parece no tener fin. No nos deja mucho tiempo para asombrarnos, los operarios nos apremian para que aseguremos las moto, la amarramos sin más dilación, aunque debo decir que a M Carmen se le dan mejor estas cosas, y subimos a cubierta que se encuentra 8 pisos más arriba. Nada más llegar nos quedamos asombrados ante las magnitudes y comodidades que tiene este ferry. Sin lugar a dudas, no tiene nada que envidiar a un transatlántico. Además de camarotes, cuenta con restaurantes, solarium, terrazas, tiendas de todo género (ropa, licores, tabaco), salas de juego, salas de ocio para los niños, y hasta cuenta con supermercado y piscina. Increíble dotación de medios para un ferry que hace un trayecto entre la capital finlandesa y estona de apenas 40 kms.

M Carmen en cubierta
Nosotros las dos horas de trayecto la vamos a invertir en descansar un poco, y por mi parte, adelantaré un poco en la escritura de esta crónica que además puedo complementar con la planificación de nuestro viaje a Riga gracias al WIFI del barco. De repente, nuestro relativa paz se ve interrumpida por una alocución de la megafonía del barco, la cual no entendemos. Pero lo que esas palabras en finlandés ocasionan es difícil de describir, en primer lugar se oye un gran barullo y la gente empieza a moverse como impulsada por una especie de dinamo hacia las zonas de restauración, supermercados y tiendas del barco. Nuestra curiosidad nos impulsa a averiguar que está pasando y rápidamente damos con la solución al misterio, al ver a la gente salir de bares y supermercados cargados de cervezas y licores hasta los topes: Resulta que habíamos entrada en aguas internacionales, por lo que era posible, por tiempo limitado, comprar alcohol libre de impuestos y eso en Finlandia, un país con un IVA del 23% son palabras mayores.

Ya nos había hablado mi amigo Toni de esta particularidad, de hecho la vimos en el primer ferry que comunicó Dinamarca con Noruega, pero no la creímos tan exagerada. Aquí sin embargo, el aluvión de personas en busca de alcohol más barato es tan ingente que por un momento parece que estamos inmersos en las rebajas. Milagrosamente, podemos escapar de toda esa vorágine para volver a la terraza del barco para recuperar nuestra quebrantada tranquilidad. Los últimos minutos antes de desembarcar los pasamos recostados en unas cómodas hamacas de la terraza del barco, pero como no podemos estarnos quietos por mucho tiempo, para despegarnos un poco damos una breve vuelta por la cubierta del ferry intentando captar con nuestra cámara algunos detalles del barco que nos esta llevando de vuelta al continente. De pronto, mientras hago unas fotos de M Carmen me fijo en el horizonte y observo una masa de tierra que se agranda a cada momento, ya estamos cerca, hemos llegado a Estonia.
A punto de llegar a Estonia

Volvemos a las hamacas de la terraza y casi sin darnos tiempo una grabación avisa (en finés) que hemos llegado al puerto de Tallín (Estonia), es hora pues de desembarcar. Sin hacernos los remolones bajamos a la bodega para cargar algunas cosas que habíamos sacado de nuestras alforjas y preparar nuestra moto. Desde el ferry de Hirtshals en el que solo la compañía de Eric Paulsen amenizó nuestro viaje, hemos aprendido que es muy útil entretener el tiempo mientras se navega por aguas de un estrecho. Mi novia comprueba el amarre de todas nuestras cosas y yo que la moto está perfectamente y sin daños mientras desamarro la moto del ferry.

Para cuando el barco atraca en Tallín, a las 12:30 nosotros y nuestro escuadrón de Goldwings estamos listos para partir y abandonar las entrañas del ferry. Con la llegada a tierra damos por concluida nuestra etapa de 14 días en Escandinavia, pasamos de la perla del Báltico a las Repúblicas Bálticas: Estonia, Letonia y Lituania, tres países que aunque forman parte ya de la Unión Europea desde 2004, aún conviven bajo la sombra de la influencia de la antigua Unión Soviética casi 20 años después de su independencia. Tres países que cruzaremos en tres días y que seguramente serán bastante distintos a lo que nos hemos acostumbrado durante el viaje. Así que sin más dilación, enciendo el motor del Falco Stradale, M Carmen y yo nos ajustamos el casco y los guantes, conectamos intercomunicador y nos lanzamos al descubrimiento.

Nada más salir del ferry nos damos cuenta de que entender la señalización estona va a ser tan complicado como entender la señalización finlandesa, en un idioma tan parecido como incomprensible se nos suceden los cárteles con múltiples direcciones a tomar una vez salidos del puerto. Pero ¿Cual tomar? - pienso. Los primeros kms en tierras bálticas son un cúmulo de pérdidas y vueltas en círculos, ya que hasta en dos ocasiones volvemos al punto de partida. Tallín debe ser una ciudad excelente pero entre tanto caos de tráfico, calles empedradas, y los raíles de tranvía tan resbaladizos salir de aquí se está convirtiendo en un autentico infierno. Al menos, M Carmen consigue una instantánea de una bella catedral de la capital.

Tras unos minutos de incertidumbre la única solución que encuentro es seguir a otro motero que he visto que acaba de salir de otro ferry que ha atracado minutos después al nuestro. Afortunadamente, conseguimos salir de Tallín sin más problema, aunque con la pena de abandonar la capital de Estonia a toda prisa y sin disfrutarla. Sin GPS que nos guíe con eficacia y teniendo que llegar, en la etapa de hoy, a Riga, quedarse a ver Tallín es cuando menos una osadía. Supongo que el choque cultural ha sido demasiado fuerte, pasar de comprender el inglés a la perfección a simbología círilica y rusa se me esta haciendo muy cuesta arriba.

Cogemos la E-67 carretera que cruza el país de norte a sur y bautizada aquí como la autovía del Báltico. Evidentemente de autovía sólo tiene el nombre porque la carretera es de un carril para cada sentido, aunque eso si con anchos arcenes, en poco tiempo descubrimos el porque de esta disposición.

Adelantamientos kamikazes





Desde luego, es la primera vez que veo adelantamientos de este tipo en mi vida rozando casi lo kamikaze, los adelantamientos se suceden usando el arcén como "carril lento". Los kms se suceden con cierta tensión por nuestra parte, no sabiendo como colocarme dentro del carril para estar seguro. Si me quedo dentro de mi carril, sufro adelantamientos peligrosísimos que casi rozan mi moto por la izquierda y si me quedo escorado a la derecha, es decir en el arcén, me toca lidiar con la suciedad de la carretera y con vehículos que van más rápido que yo, los cuales intentan pasarme por la izquierda dentro de su carril con lo que vuelven a adelantarme de forma peligrosa. La verdad es que cuesta acostumbrarse a los nuevos hábitos de circulación de los bálticos con lo que no queda más remedio que tener los cinco sentidos puestos en la carretera.

Rafa, ten cuidado estos rusos son un salvajes conduciendo - me dice con gran angustia
Me habían dicho que conducían mal pero esto roza lo inconcebible, tendré que estar más atento o sino no lo contamos.
- A ver si es ver verdad que antes casi chocamos con un coche, menos mal que me di cuenta yo que si no...

Y es que quizá por el cansancio, la rutina, o la agresiva conducción rusa ya he tenido un par de despistes que nos han podido causar un disgusto. Menos mal que mi navegante está siempre al quite para salvar la situación, aunque a veces pueda resultar algo pesada provocando mi cabreo, tengo que admitir que ella esta desarrollando una labor muy importante en esta aventura, siempre atenta a los movimientos de la "bolita", todo lo que sucede a nuestro alrededor, y aún así, tiene tiempo para tomar fotos de nuestro viaje por estas lejanas tierras de Europa.
Cerca de Parnu
Para relajar un poco la tensión del tráfico báltico hacemos una parada en la ciudad de Pärnu, a escasos kms de la frontera estona con Letonia. Mientras reposto y pago, M Carmen me vigila desde un merendero que ha ocupado disponiendo algo de pan y queso. Yo me uno a la fiesta aparcando la moto delante de ella y me pongo a buen cobijo del sol de justicia que preside esta etapa. Debo decir que causamos algo de impresión en las personas sentadas a nuestro alrededor, supongo que los estonios no están muy acostumbrados a ver moteros de tan lejanas latitudes y sobretodo con una moto tan cargada, parece que vamos con la casa a cuestas. Intentamos permanecer ajenos a tanta expectación actuando con naturalidad y comentando mientras comemos la mala suerte de no haberse podido quedar en Tallin un poco más.

Rafa, que pena que no hayamos podido quedarnos a dar una pequeña vuelta por Tallin, parecía una ciudad muy bonita - se lamenta M Carmen

-Ya, pero sin GPS, el tiempo que gastemos en ver algo y sobretodo volver a la ruta es un lujo, ya que todavía nos queda mucho para llegar a Riga - le respondo, aunque dentro de mi comparto su pesar, estoy seguro que Tallin no nos hubiera decepcionado. Intentaré que ese tiempo sea empleado en conocer el doble la capital letona.

Mientras estamos comiendo y comentando las primeras impresiones de este país antes de cruzar al siguiente, se nos acerca un hombre bastante mayor, ataviado con una chaqueta de cuero de Harley Davidson, el cual tiene mucha curiosidad con respecto a nosotros. Con una voz dulce, pero algo baja, le pregunta en ingles a mi novia de donde es, ella me pasa el testigo para hablar con él.

No sabría recordar muy bien su nombre, pero la calidez de su voz al hablar hizo que esos minutos se hicieran muy agradables. Sin embargo, si recuerdo que era de Finlandia y que ha ido a Estonia a pasar el fin de semana con su mujer y a celebrar sus bodas de oro. Aprovecho para contarle un poco nuestra aventura de dar la Vuelta a Europa en Moto y el buen hombre se muestra entusiasmado. También le hace a M Carmen gestos para hacerse entender como queriendo decir: "¿Lo habéis hecho en esa moto?","¿Como has aguantado el viaje hay atrás?". Ella se ríe de forma tímida y responde a este señor resoplando:

Lo peor ha sido aguantarle a él - dice entre risas aún sabiendo que este señor no la entenderá, pero sin duda la sonrisa es un lenguaje universal. Vuelvo a ser el centro de atención de las burlas, pero no me importa, estamos pasando un rato muy agradable con una agradable persona. En esos momentos, me acordé de la pareja a bordo de la BMW RT que me dió la bienvenida a Finlandia - que pena que M Carmen se lo perdiera - pensé - Bueno ahora se lo está pasando genial, como cuando conocí fugazmente a esa pareja.

Cuando mejor nos lo estamos pasando se acerca una señora, que le dice a nuestro amigo una frase en finlandés que no alcanzamos a entender. Lo que si es cierto es que el señor se marcha, y mientras vuelve intenta hablar con M Carmen, pero al no entenderla, vuelvo a intervenir como interprete. Esta señora era por supuesto, su mujer y efectivamente están en Estonia para celebrar sus bodas de oro ya que ella es de este país. Mientras hablo con ella me doy cuenta de que no tiene ninguna ropa motera, tan solo un vaquero, blusa y un pañuelo rosa que le rodea el cuello, algo no me cuadra si están viajando juntos. Ella enseguida nos lo aclara.

Estoy viajando con mi marido en coche para asegurarme de que no le pasa nada, el sin embargo, obstinado, se empeñó en hacer este viaje en moto, le encantan, son su pasión.
- ¡Y vaya moto! - pienso - una Harley Davidson de gran cilindrada y peso, creo que una Ultra Glide de color negro y con los tubos de escape y motor en plateado, preciosa, impoluta belleza que se encuentra aparcada al lado del Falco Stradale. La mujer por supuesto, está impresionada con la hazaña que estamos llevando a cabo con nuestra moto, sin duda un viaje de estas magnitudes merece la admiración de cualquiera que sea un apasionado de las motos o al menos sepa lo que supone llevar una moto por las carreteras de cualquier confín.
Un amigo en una Harley Davidson
Mientras hablamos y sin darnos cuenta, se presenta el hombre con una lata de cerveza para su mujer y mi novia y una Coca-Cola para mi. Otro gesto más de la hospitalidad escandinava que nos reconforta, sobretodo habiendo dejado la península atrás hará 3 horas escasas. Agradecemos este gesto y mientras continuamos con nuestro almuerzo esta simpática pareja se marcha rumbo a Helsinki, mientras observo como el hombre se monta en su moto, me doy cuenta y otorgo más valor si cabe a su pasión de las motos. Y es que este señor está encorvado y cojeando, no se si por causa de los kms o porque tiene algún tipo de dolencia, la cuestión es que a pesar de todo, ahí está echándole un par de bemoles para realizar un viaje con la mejor compañía, la de su mujer. Bonita escena que resume perfectamente lo que representa el amor a la moto, como estilo de vida y de viajar, algo difícil de explicar para los prófanos, pero que cualquier amante de las dos ruedas comprenderá a la perfección sin que me tenga que extender o esforzar en explicar.

Tras el almuerzo, nos ponemos de nuevo rumbo a Riga, ya nos quedá poco, tan sólo unos 180 kms. Pero antes habrá que cruzar nuestra décima frontera y pasar a nuestro undécimo país. Siguiendo el curso de la autovía del Báltico y prestando la máxima atención a la carretera, observamos como el paisaje no ha cambiado mucho desde que abandonamos Finlandia. Allí teníamos frondosos y verdes bosques a ambos lados de la carretera, aquí tan sólo el lado derecho nos parapeta del sol y de un viento casi inexistente, la carretera es recta hasta perderse en el horizonte y si no fuera por la falta de educación vial de los estonios rodar por este país sería un dulce paseo. En el margen derecho también, cada pocos kms, se disponen varios puestos de venta de una cosa negra que se vende por cajas, no se lo que es, pero lo que es cierto es que debe ser algún tipo de fruto que los locales cogen del bosque cercano y venden a los que circulan por aquí.

Sin embargo la E-67 no dispone de carriles adicionales, de aceleración o desaceleración, ellos aquí no saben de eso, si les interesa comprar este producto tan sólo tienen que pararse en mitad de la autovía, y lo hacen sin señalizar la maniobra. Casi sufrimos un choque con un uno que se paró sin previo aviso, para disgusto de mi navegante. Una costumbre peligrosa sobretodo para gente como nosotros que no está familiarizada con esta forma de comprar tan extraña. Nueva cosa a la que hay que prestar la atención en esta carretera en apariencia, tranquila, pero que no está exenta de emociones. Mientras presto a estos simpáticos puestos improvisados, mi navegante me avisa de otra cosa.

Rafa, mira creo que son...¡son putas!
- ¿Quienes?
- ¿No has visto esas chicas con minifalda?
- No
- Que vista tienes, no te das cuenta de nada, ¿No las ves?¿con las minifaldas y que no llevan casi ropa?

Por raro que parezca no te me estaba haciendo el sueco, pienso que o ellas estaban muy escondidas y mi novia las divisaba con unas gafas infrarrojas o yo es que directamente no me enteraba de nada. Lo cierto es que estaban ahí junto a los puestos de venta de esa especie de bayas, pero yo era incapaz de verlas, sea como fuere, desde luego los estonios no tienen reparos en vender dos de las cosas más necesarias para el hombre, la comida y la...bueno dejémoslo ahí.



Después de unos 64 kms desde Parnu, llegamos a un terreno baldío, una gran explanada donde se disponen como dos grandes complejos parecidos a los puestos de cobro de una autopista, uno con la bandera de Estonia y enfrente está otro con la bandera de Letonia. Curiosamente, en el lado estonio de la frontera, se erige un recóndito McDonalds (Desde luego, esta compañía está conquistando los más increíbles lugares). Hasta ahora siempre que habíamos cruzado un país y debido a la supresión de fronteras dentro de la UE, podías pasar de un país a otro sin darte cuenta, casi con la misma facilidad que pasas de un pueblo a otro. Teníamos que hacer verdaderas cábalas para dar con el paso de frontera de un país a otro para fotografiarlo. Sin embargo, aquí todavía sigue un poco el influjo de la Guerra Fría, y de la Unión Soviética, aunque destartalados no resulta difícil imaginar como sería, antaño, el cruce de frontera de estos países, sobretodo desde que se independizaron de la URSS . Aprovechando el poco tráfico existente, nos tomamos unos instantes para fotografiar y reseñar nuestro paso a la segunda de la repúblicas bálticas.

Hora y media de camino o lo que es lo mismo 120 kms nos separan de Riga la capital de Letonia, donde finalizará esta etapa de Euro-Diversion 2013. Por supuesto, sigo fiel a la senda que me marca la E-67 en dirección sur, senda que por cierto, no ha cambiado ni un ápice al cambiar de país. Aquí volvemos a los carriles para cada sentido, a los carriles lentos y a los "adelantamientos imposibles" de los letones, pero sinceramente otra cosa es la que ocupa mi mente en estos primeros kms por tierras letonas, ¿Qué habrá al otro lado del bosque? Desde la carretera apenas se vislumbra algo, así que ni corto ni perezoso sigo a unos coches hasta un cruce cercano al la ciudad de Tüja (aquí no hay carriles de desaceleración) y allí M Carmen y yo hacemos un increíble descubrimiento.

- ¡¡Rafa, una playa!! - dice mi novia asombrada.
Una playa, no me lo puedo creer.

Estupefacto, apenas alcanzo a responderle, sólo tengo capacidad para aparcar la moto y dirigirme a la playa como atraído por el extraño influjo de la olas del mar. Con los movimientos torpes que nos proporcionan nuestros trajes moteros M Carmen y yo nos adentramos en la playa, ante la mirada atónita de cuantas personas estaban allí. No es para menos, mientras la gente se baña en bikini y bañador, allí que aparecen dos tipos vestidos de astronauta camara en ristre, desde luego, desnudos hubiéramos causado menos impacto. Nosotros, ajenos a todo y a todos, decidimos hacernos algunas fotos en esta mágica playa a orillas del Báltico, verdadero tesoro del Parque Natural donde nos encontramos.





Torre de Radio y TV de Riga
Tras la sesión de fotos, y con esta bella estampa de Letonia volvemos a la carretera para seguir en dirección sur hacia la capital del país. Además de esta playa tan escondida, algo que no deja de llamarnos la atención: Continuamos con el comercio de bayas y otras cosas en los márgenes de la carretera. Coqueteando con el litoral Báltico y siempre escoltados por un bosque de interminables copas llegamos a Riga capital de Letonia. Una ciudad de 700000 habitantes, muy similar en tamaño a Helsinki y que es la más poblada de los países bálticos, también podemos decir que nos encontramos más o menos en el centro de la región formada por Estonia, Letonia y Lituania. Según vamos nos vamos aproximando y vamos pasando puentes sobre el río Daugava en el horizonte y en una isla fluvial llamada Zakusala nos encontramos con una extraña construcción en forma de flecha. En efecto, es la Torre de Radio y TV de Riga, una esbelta construcción de 368 metros de altura, la más alta de la zona y la tercera torre en tamaño del continente sólo por detrás de la Torre Ostakino de Moscú y la Fersenhturm de Berlín. Por desgracia, a causa de la crisis, estas instalaciones permanecen cerradas y tan sólo se puede visitar de esta torre un mirador que posee a 97 metros de altura. A pesar de todo, la magnificencia de esta edificio corona toda la orilla del río Daugava.

Nosotros, sin embargo, debemos dejarnos de recreos, por primera vez en esta aventura, ahora si, sin señalizaciones claras y en un país en el que el ingles no es idioma dominante, debemos orientarnos para llegar a nuestro hotel. Así que sin más dilación M Carmen, con la ruta previamente guardada, se pone a buscar nuestro itinerario para llegar lo más pronto posible. Sin embargo, el GPS del móvil vuelve a hacer de las suyas y la dichosa bolita nos vuelve a meter por los sitios más insospechados, direcciones prohibidas, calles sin salida, se suceden ante nosotros. Para colmo de males, Riga también es una ciudad plena de calles adoquinadas en su centro y de tranvías por toda la urbe, así que a la tensión de que nos hemos perdido se une también el hecho de circulamos casi por una pista de hielo. Todo ello combinado con el agresivo tráfico, los vehículos no tienen escrúpulos en adelantar por izquierda o por derecha sin señalizar la maniobra, sinceramente no se si podremos salir de aquí.

Mi navegante, por primera vez en esta aventura, se encuentra en serias dificultades, siempre diligente esta vez se ha perdido por completo, y por desgracia, al ir pilotando el Falco Stradale no puedo ayudarla, tan sólo escuchar sus instrucciones. La dichosa bolita nos va a costar un disgusto, cuando parece que retomamos el rumbo adecuadamente hacia el hotel da un salto y vuelve a llevarnos a las afueras de la ciudad, entre obras, raíles de tranvía, calles empedradas y coche que "muerden" estoy empezando a perder los nervios y a hacer pagar a quien no tiene culpa el infortunio de nuestra pérdida. No me habré acordado en mi vida más de la madre del que inventó en Tomtom como hoy. Si ese aparatito no nos hubiera dejado vendidos en Hegra, ya habríamos llegado al hotel con el consecuente ahorro de tiempo, dinero y combustible, porque el Falco Stradale llega a la barrera psicológica de los 200 kms y va pidiendo un repostaje. Por nuestro bien, espero que nos quedemos sin gasolina en mitad de Riga, eso podría ser demencial.

Es tanta la tensión acumulada, que decidimos parar hasta en tres ocasiones para relajarnos y juntos intentar dar con la mejor manera de llegar al hotel. Pero ni por esas, volvemos a perdernos en la vorágine del tráfico de Riga y otra vez volvemos a dar vueltas en círculos, repitiendo puentes y calles sin sentido. Tampoco ayuda el hecho de no encontrar ningún taxi o policía cercanos, pero sin saber letón, creo que la comunicación iba a ser del todo imposible. M Carmen desde el intercomunicador me pide con insistencia que aminore la marcha para que le de tiempo a predecir los movimientos de nuestra "bolita", pero no resulta fácil maniobrar una mole de 300 kgs entre este irrespetuoso tráfico. Sinceramente, la tensión de estos kms urbanos están siendo más agotadores, que circular entre los vientos implacables que hemos sufrido en Dinamarca o Noruega.

Tras muchas pruebas M Carmen parece haber encontrado el rumbo y sin sorpresas nos vamos encaminando correctamente a nuestro destino, demasiado bonito para ser verdad. Porque a algo más de 10 kms la ruta se borra de su iPhone ante su asombro. Creo que el grito de rabia que pego se dejo sentir en toda la Unión Soviética, definitivamente y tras más de una hora de lucha estamos perdidos en Riga.



Con un agradecimiento infinito por nuestra parte, nos despedimos de él mientras M Carmen guarda silencio. Tras unos minutos de reflexión me confiesa.

Rafa me quito el sombrero, tenías razón los moteros son gente de otra pasta, diferente.
- Exacto, siempre dispuestos a ayudar a otro compañero en apuros. - le contesto, mientras M Carmen asiente la cabeza en claro gesto de admiración hacia nuestro angel salvador. Bueno, más bien, bucéfalo, y es que Normon por lo que ponía su chaleco pertenece a los Bucéfalos de Riga.
Vas a pensar que estoy loca, pero juraría que Normon nos llevaba siguiendo un buen rato
- Es posible, que viera la bandera de España y que nos viera perdidos, entonces, aprovecho que paramos para echarnos una mano.

Aunque Normon, no nos ha dejado exactamente en el hotel, sí nos ha dejado en la calle del mismo, así que será bastante fácil encontrar el nº 8. Efectivamente encontramos el hotel en un barrio de las afueras de Riga, que tienen pinta de todo menos de hotel, más bien parece una residencia de ancianos o un antiguo colegio.

Dejo mi moto, en la entrada ante la mirada atónita pero fría de algunos transeúntes. Es curioso, pero desde que pisamos la antigua URSS he notado en la gente una forma extraña de mirar, que me incomoda sobremanera. No sabría muy bien como describirla y ahora, la verdad, es que estoy muy cansado como para analizar la forma de ser de los letones. Como excepción eso si, de agradecer la gran ayuda de Normon que nos ha llevado hasta aquí, sino fuera por él hubiera sido imposible encontrar este sitio.
Al entrar nos encontramos con una mujer que no habla ingles, así que volvemos a tener un problema para comunicarnos. Por suerte y gracias al google translator que tiene ella en su PC puedo hablar y hacer el check-in, descargamos nuestra moto y entramos con todas nuestras cosas en la habitación. Una habitación bastante amplia con una cama enorme de cerca de 2 metros. Sin embargo el tamaño de la cama es inversamente proporcional al tamaño del baño ya que es inexistente y hay que compartirlo con otros huéspedes. Una incomodidad sin duda, pero que es una molestia pequeña en comparación con lo que hemos pasado para encontrar este lugar.

Por turnos vamos a la ducha y cenamos un poco de las provisiones que tiene mi navegante, mientras hablamos de las vicisitudes de esta etapa. Sin duda, Estonia y Letonia son muy diferentes a lo que hemos visto de otros países, en cuanto a paisajes, pero sobretodo en cuanto a la forma de ser de la gente, bastante fría la verdad. Aunque, por fortuna, hay excepciones, y esa excepción la hemos encontrado en Normon.
Las vistas al patio (destartalado) no son muy halagüeñas y en la TV están echando Blade en letón, encima audiodescrito. Así que ante esta perspectiva, decidimos salir al portal del hotel para sentarnos en la escalera del mismo a contemplar, con admiración, nuestro primer atardecer en la aventura desde hace 14 días. Decimos, por tanto, adiós, en el día de hoy a las noches blancas de Escandinavia con un inolvidable sol rojo en esta bella ciudad a orillas del Báltico llamada Riga.