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martes, 5 de enero de 2016

CAPÍTULO 25: COMO CRUZAR POLONIA ILEGALMENTE

ETAPA 25: VARENA-VARSOVIA

Distancia total ruta: 375 kms
Tiempo total: 6 horas 35 minutos
Ciudades visitadas: 1
Paradas: 3
Consumo medio:  5,31 l/100



Amanecemos con el suave cantar de los pájaros en Varèna y el plateado brillo del reflejo del sol en el Lago Glukas que se cuela por el interior de nuestra habitación flotante. Que pena no poder quedarse un día más ya que el sitio es estupendo y nos están tratando de maravilla, por un momento, parece como si toda la buena energía de Lituania se hubiera concentrado en este recóndito lugar. Pero no queda más remedio que seguir avanzando en nuestra aventura, con destino a otro nuevo país y a otra nueva ciudad: Nos espera Polonia y su capital Varsovia. Así que sin más dilación recogemos nuestras cosas y las cargamos en nuestra moto. Siguiendo el consejo de nuestra anfitriona vamos a desayunar en el hotel, aunque no esté incluido.Me pregunto qué sorpresa nos encontraremos.
Desayunando en el Lago Glukas
- Nos sentamos en el mismo lugar en el que cenamos anoche y allí que está nuestra "Rocio" esperándonos con una sonrisa.
- Buenos días, me alegro de que me hayan seguido mi consejo ¿que van a desayunar? - nos dice
- Pues no se, ¿que nos recomienda? - le dice M Carmen con mi ayuda.
- Bueno como no saben que pedir, diganme lo que quieren de beber y yo les traigo lo demás
M Carmen pide un café americano y yo un chocolate en polvo con leche, claro está. Aquí decir la palabra Cola-Cao o Nesquik le suena a chino a los locales. Es curioso, tenía la impresión es que estas marcas españolas de cacao eran famosas y tenían proyección internacional, sin embargo desde que abandonamos España me he tenido que conformar con chocolate en polvo. Mientras reflexiono sobre estas cosas más mundanas, sin darme cuenta ya nos han puesto el desayuno, y encima nos ponen música soul para hacer más amena la velada matutina en la que como ayer estamos solos, pero ¡que caray! podemos disfrutar en exclusiva de estas maravillosas vistas en este enclave tan idílico ¿Acaso hay algo más perfecto?


Nuestro desayuno
En fin, llega la hora de ponerse en marcha, así que sin más dilación pagamos la cuenta y es cuando allí nos llevamos la primera grata sorpresa de la mañana.
- Son 7 Litas - Nos dice nuestra "amiga" lituana, lo que al cambio equivale a unos dos euros.
- ¿Siete litas, por cada desayuno, verdad? - le digo mientras saco el dinero de mi cartera.
- No, no, no, son 7 Litas los dos desayunos, en total - Nos dice ante nuestra incredulidad. No creo que haya ningún lugar en el España, que por dos euros desayunen dos personas. Por eso, durante unos segundos guardo silencio, a la espera de que alguien me aclaren si nos están gastando una broma.
- Ya les dije que desayunaran aquí que les iba a salir barato - nos dice mientras nos sonrie.
Nuestra anfitriona tenía razón con que el desayuno iba a ser barato, pero por lo que hemos comido, más bien parece el agradable regalo de una desconocida sin más intención que la de agradarnos, desde luego lo ha conseguido.
- Bueno, pues muchas gracias, nos tenemos que ir, pero ojalá pudiéramos quedarnos un poco más. Nos ha encantado este sitio, es precioso.
- Muchas gracias, ha sido un placer.
En ese momento, M Carmen me hace gestos para que le pregunte sobre la mejor manera de llegar a Polonia. Durante el desayuno lo hemos estado viendo y según el GPS el camino más recto para llegar al país polaco es a través de Bielorrusia. Si bien este país no es de la UE es posible que por su cercanía puedan dejarnos pasar sin muchos problemas. Por si acaso aclaro las duda con la recepcionista.
- Por cierto, tenemos la intención de ir a Polonia, ¿Cual sería la mejor manera de llegar? He visto que por Bielorrusia es más recto.
- ¿Tienen pasaportes con visado?
- No
- Entonces no crucen por ahí, en la frontera no se pueden sacar el visado de turista. Y si deciden cruzarla por algún punto que no sea fronterizo podrían ser detenidos, la policía está muy pendiente en la frontera y no tienen muy buen sentido del humor la verdad.
- Muchas gracias por la información- La verdad es que "Rocio" nos lo ha pintado tan mal que es mejor no arriesgarse a ser detenido por cruzar ilegalmente por una frontera.

Será mejor ceñirse al plan establecido y llegar a Polonia a través de Lituania sin tocar Bielorrusia. Por favor, si ya nos han parecido toscos y malhumorados los nativos de estos tres países bálticos que pertenecen a la UE no quiero ni pensar como nos tratarían los bielorrusos si encima entramos en sus fronteras por donde no debemos. Otra opción sería entrar en Polonia a través de Kalingrado (Rusia), al menos hasta allí las carreteras son buenas. Sin embargo, nuestra amiga lituana también nos devuelve a la realidad, aunque sea pequeño en el mapa Kaliningrado no deja de ser una provincia más dentro de la vasta Rusia y de gran importancia estratégica, y por lo tanto hay que llevar visado. Es cierto que se puede sacar en frontera, pero a precio de 90€ por cabeza y con unos requisitos muy estrictos.

Sinceramente, me parece caro pagar 180€ por visitar un sitio en el estaríamos horas como mucho. Con este revés, me temo que habrá olvidar por completo cualquier idea de entrada en Rusia, aunque la tengamos cerca. Eso hubiera supuesto un hito interesante en nuestro viaje, pero también un mar de burocracia y de comprobaciones en frontera lentísimo e innecesario. Teniendo en cuenta que íbamos a rodar por un territorio de, como mucho, el tamaño de Córdoba, hace que no merezca la pena adentrarse en tierras rusas, tendremos que dejarlo para mejor ocasión. Una pena, casi tanto como el hecho de que tenemos que abandonar este lugar tan idílico, que nosotros sin duda, aunque este algo escondido recomendamos.




Listos para salir
Con este panorama, nos encaminamos hacia nuestra moto con todos nuestros enseres para cargarlos. La recepcionista nos acompaña para abrirnos la cancela de la pequeña finca en cuya carpa esta nuestro Falco Stradale. Tras cargarlo todo nos despedimos de Rocio con un fuerte abrazo y con los mejores deseos por su parte para nuestra aventura. Volvemos a hacer el camino de regreso a la carretera a través de los frondosos bosques de Glukas. Como la noche anterior llovió el terreno está algo farragoso, sin embargo, no lo suficiente como para que el barro suponga un problema para avanzar. Eso si, el camino está bien surtido de baches, aunque afortunadamente, no son tan insalvables como los que encontramos en Skaulo.

Recién metido en el civilizado asfalto, llega el momento de encontrar una gasolinera para repostar y para inflar los neumáticos. La encontramos, por suerte, a los pocos kms a las afueras de Varena. Nuevamente allí, somos testigos de la poca hospitalidad lituana (Está claro que lo del Lago Glukas fue una excepción). Pero como la experiencia es la madre de toda ciencia con astucia me hago del manómetro justo cuando otro lo suelta en el suelo con desgana, mientras M Carmen infla las ruedas, yo lleno el deposito con unos 10 euros de combustible, es decir, unas 34,5 Litas. Casi parecemos un equipo de Formula 1 haciendo dos cosas a la vez, pero en estas latitudes los buenos modales hay que dejarlos a un lado si quieres que te respeten. A la hora de pagar, el dependiente parece cabreado pero no suelta ningún exabrupto que nos intimide - prueba superada- pienso. Ya somos rusos.
Nos ponemos en marcha cogiendo desde Varena la DK61, una carretera bastante recta y anodina sino fuera por los interminables bosques que la circundan, no en vano estamos inmersos en mitad del Parque Nacional de Dzükijos. Un vasto bosque al sur de Lituania que prácticamente engulle a poblaciones por las que pasamos fugazmente como: Perloja, Merkine y Kibysiai. Cuando llevamos aproximadamente, 50 kms de aventura llegamos a la ciudad de Leipalingis donde nos surgen varios caminos para escoger. Nos encontramos a unos 29 kms de la frontera con Polonia, en ese momento, mi navegante me pide parar la moto para ver que rumbo vamos a tomar.

- Rafa, según el GPS móvil nos quedan unos 30 kms para llegar a la frontera con Polonia, pero si tomamos este camino, que es más recto, nos ahorramos más de la mitad del camino. Mira es por aquí, por esta carretera - Observo con detenimiento el mapa de la zona y parece factible.
- Venga, vamos a hacerlo.

Ponemos rumbo a Veisiejai a través de interminables bosques de verde perenne sin atisbo de cualquier signo de civilización en una carretera desconocida con rumbo incierto. Si no me he fijado mal estamos en la DZ-134 y vamos rumbo a Veisiejai. Sin embargo, la espesa vegetación no nos deja ver el pueblo, ni el lago Ancla por el que pasamos, mi navegante me indica que debo seguir recto dirección oeste. Todo recto por esta carretera que poco a poco se va quedando sin asfalto hasta convertirse en un camino de tierra más o menos asentada, aunque con muchos baches eso si. Nuevamente, volvemos a caminos poco civilizados para los que mi moto no está preparada, en fin, espero que no nos pase como en Skaulo, donde tuvimos que dar marcha atrás para evitar tener que decir adiós prematuramente a nuestra aventura.

Tras unos 20 kms cogemos la DZ 2503 justo al llegar a Veisiejai atravesamos el Parque Natural de la región y la carretera empieza a ponerse peor por momentos, los baches ocasionales han dado paso a unos pequeños baches intermitentes que estremecen nuestra moto como si estuviéramos pasando por una parrilla. Las huellas tienen pinta de ser de tractores o más bien de tanques.
- M Carmen, a ver si nos estamos metiendo en una zona militar para maniobras. - le digo a mi navegante.
- Tranquilo, no tiene pinta, mira aquí hay gente paseando en bicicleta y todoterrenos pasando a toda mecha

Si bien es cierto que el estado del camino deja mucho que desear, también es verdad que no estamos sólos en la carretera y cada cierto tiempo pasando algún dominguero con su todoterreno a toda pastilla, no le deben tener mucho aprecio a los amortiguadores de su vehículo, la verdad. En fin, supongo que si tenemos algún problema alguien nos ayudara, no obstante, el hecho de que no estemos solos en esta carretera apartada de la mano de Dios no significa que no sea inquietante el avanzar sin ninguna señal de tráfico que sirva de referencia e indicativa de por donde vamos. Tan solo la "bolita" del GPS de mi navegante nos sirve de guía en esta yerma tierra, por extraño que parezca todavía no hay sorpresas ni saltos de la "bolita" y eso que la geolocalización funcione perfectamente, lo cual es un alivio.

Siguiendo el curso de esta carretera cuaternaria llegamos a un cruce de caminos, tan solitarios como nuestras almas por estos lares. Mi novia me ordena que pare porque va a hacer una comprobación de nuestro rumbo. Por lo que se ve a encontrado un nuevo atajo.
- Mira Rafa, aquí estamos nosotros, si seguimos recto iremos por este camino haciendo una curva a derechas y luego acabaremos atravesando la frontera por aquí cerca de ............ Pero si seguimos por ese camino tenemos la frontera a apenas unos kms. ¿Qué dices?
-¿Vamos por el nuevo camino?
La verdad es que no soy muy fan de hacer experimentos, es decir, que si no sabes el camino hacia un sitio es mejor coger las rutas conocidas, pero lo que me enseña mi navegante es que estamos tan cerca de Polonia que parece como si de un salto pudiéramos cruzar a otro país. Sin embargo, la ruta que me propone M Carmen tiene un problema.
- Cielo, si para delante seguimos la ruta del movil, para atrás volvemos sobre nuestros pasos, y por la derecha da a una casa cercana, entonces para coger el camino que propones debemos ir a la izquierda, ¿no?
- Si
- Pues la carretera que tenemos a la izquierda no existe en el mapa del movil - le digo a mi novia ante su asombro.
Por unos segundos se hace el silencio más absoluto, por desgracia, tengo razón en mi afirmación: La carretera de la izquierda no existe en el GPS del móvil, pero nosotros la estamos viendo, surge entonces entre nosotros la pregunta ¿Qué hacer? ¿Nos la jugamos por una carretera desconocida o seguimos el rumbo que nos marca la ruta del GPS, aunque suponga dar más rodeo? Un dilema de difícil solución, pero bueno, al fin y al cabo, en eso consiste una aventura,¿no? en adentrarse en lo desconocido.
- M Carmen, vamos a arriesgarnos y a tomar el camino de la izquierda, Polonia, como tu dices no está tan lejos, seguro que pronto llegamos y salimos de esta mala carretera.
- ¡Venga, adelante con la aventura!
A punto de tomar la carretera fantasma
Cogemos la carretera de la izquierda con la esperanza de encontrar pronto alguna señal o algo que nos indique que hemos salido de Lituania, mi novia comprueba y corrobora que seguimos el rumbo de manera correcta, de forma inexorable hacia la frontera de Polonia. Pero allí, a parte de nosotros, no hay nada ni nadie a quien preguntar, únicamente un camino bacheado que parece horadado por un tanque y que , ahora si, empieza a embarrarse y a encharcarse. En cuanto veo los problemas que presentar el terreno y acordandome de Skaulo, paro mi moto y le pido a mi navegante que se sujete fuerte. Nos volvemos a enfrentar a dificultades dignas de un Dakar con una moto de carretera cuyo habitat es el gris y firme asfalto. No obstante, no hay que distraerse, me coloco en posición, acelero suavemente el Falco Stradale y me dispongo a sortear los primeros charcos de la etapa.

- Rafa, ten cuidado, no te vayas a caer, ¿quieres que me baje? - me pregunta ella ofreciéndose a ayudar.
- No, M Carmen, si fuera por un momento....pero por lo que veo nos esperan unos cuantos kms de barro. No vas a estar siguiéndome andando todo el rato.
- Vale, pero no tengas prisa, intenta evitar los charcos y ve suave con el acelerador - me aconseja mi navegante.
- Lo intentaré pero maniobrar a baja velocidad con una moto de 300 kgs es difícil
- Rafa, animo, tu puedes - me anima desde la cercanía del intercomunicador.

Por ahora, la cosa va bien, tengo bastante control sobre la moto y voy sorteando los charcos con relativa solvencia. No obstante, y a pesar de la experiencia adquirida ya durante esta aventura el maniobrar con una moto de 300 kgs de peso, con precisión de cirujano se hace duro y se está dejando sentir en mi cuerpo. Los músculos, sobretodo de los brazos, se cargan sobremanera intentando pasar por las zonas más firmes del camino, esquivando en lo posible el paso por los charcos. En mi lucha constante por mantener el equilibrio, no dejan de venir a mi mente "flashes" de mi caída en Skaulo, también me cuestiono si no habría sido mejor idea coger el camino marcado por el GPS. Menos mal que M Carmen, a través del intercomunicador, me anima a continuar hacia adelante en pos de cruzar por fin a Polonia.

Como en Skaulo los minutos parecen horas y los kms parecen años-luz, el tiempo se detiene, como nuestro pésimo avance, en el que fácilmente habremos recorrido un km en una hora. Pero no podemos rendirnos al desaliento, al menos aquí en mitad de ninguna parte. El tiempo pasa y poco a poco abandonamos los charcos, y mi moto puede avanzar con más soltura, aunque sin muchas alegrías, dado que seguimos embarrados. Mi navegante insiste en que seguimos el camino correcto, pero lo cierto es que por ahora no he visto que hayamos cruzado la frontera lituano-polaca.

- ¿Estaremos ya en Polonia? pregunta mi novia inquieta.
- No lo se, lo que si se es que llevamos unos 10 kms y no veo nada en el horizonte, ¿Estas segura de que es por aquí? Parece como si estuviéramos dando vueltas en círculos.
- Si, lo estoy.
- Espero que tengas razón, no es por asustarte pero tenemos para otros 20 kms más de andadura, después de eso podríamos quedarnos sin gasolina.
- ¡No me diga eso! Lo que faltaba quedarse tirado aquí en tierra de nadie
- Si en 10 kms no veo nada tendremos que volver para atrás a ver si encontramos a alguien que nos lleve a una gasolinera cercana.
- Espero que no hayan cortado la carretera más adelante - dice mi novia con claro tono de preocupación.
- A ver si va a ser esto una zona de prueba de misiles o campo de maniobras del ejercito y nos vemos de repente huyendo del ejército lituano, ¿Te imaginas? como en Indiana Jones, jejeje - le digo a mi navegante con la clara intención de que este chascarrillo la haga olvidarse por un momento de los problema, le haga esbozar una sonrisa y de paso rebajar un poco la tensión del momento
- Prefiero no imaginármelo, voy a empezar a rezar - contesta ella con cierta risa nerviosa
- No te preocupes, saldremos de esta como hemos salido de todas hasta ahora.

M Carmen, se ha quedado muda, no es para menos, quedarse sin gasolina puede ser el menor de nuestros problemas, ya que si se nos echa la noche encima, ¿Donde dormiremos?¿A quien acudiremos en busca de ayuda si por aquí no ha pasado nadie en horas? Manda narices, creía que las carreteras más inhóspitas de nuestro viaje las habíamos dejado atrás en Escandinavia y resulta que en este punto fronterizo no se ha visto un alma desde hace horas - Pensamientos recurrentes en mi mente que, de pronto, se ven interrumpidos por el hecho de que, definitivamente, abandonamos el barro para volver al asfalto, aunque no es la única noticia. Resulta que pocos metros más adelante veo un cartel rojo con un águila blanca y una frase que no acierto a traducir, pero si veo que pone: Polska, es decir Polonia.

Estamos en Polonia
- M Carmen, mira ese cartel, creo que nos está dando la bienvenida a Polonia
- ¡¡¡Estamos en Polonia!!! - grita M Carmen con tanto entusiasmo como si se tratara de nuestro regreso a España finalizando nuestra aventura.

Según cruzamos el cartel, el camino embarrado se convierte en asfaltado y con esta simbólica evolución del marrón al gris oficialmente estamos Polonia, aunque no se si por el sitio que deberíamos haber entrado. Menos mal que la supresión de fronteras entre Lituania y Polonia por ser de la UE, hace este paso meramente anecdótico. Sin embargo, todavía no podemos cantar victoria. Si bien, tras largo tiempo hemos cruzado nuestra decimocuarto frontera y pasado a nuestro decimotercer país, la prioridad ahora es abandonar estos bosques y volver a la civilización cuanto antes en busca de una gasolinera o no podremos celebrar como se merece el hecho de haber pasado de Lituania a Polonia de "forma ilegal" por donde creo que nunca nadie más ha pasado. Afortunadamente, pasado unos pocos kms encontramos una a las afueras de Giby. donde repostamos.
Cruceiros polacos
Con las fuerzas renovadas iniciamos nuestra marcha rumbo a la capital de Polonia, tomando la A-16 en dirección a Augustow, lugar donde cambiamos de carretera por la A-61. Lo cierto es que el cruce la frontera lituana ha hecho que el paisaje boscoso de Lituania ha cambiado bastante aunque aún conserva el verde de los vastos campos de estas solitarias carreteras polacas. Eso, si, al igual que en los países Bálticos, en las carretera polacas, de momento, de calidad aceptable, se ven cada ciertos kms un sinfín de cruces, muy parecidas a nuestros cruceiros del Camino de Santiago.

Pero, me da a mi que el fin de estas cruces es otro que el de indicar el camino, por tierras gallegas hasta Santiago de Compostela, las cruces están llenas de flores y coronas. Al igual que en España se dedican flores en puntos donde ha muerto gente en la carretera, pero aquí se levantan verdaderos mausoleos improvisados para rendirles homenaje. Al pasar por estas cruces no puedo evitar tragar un poco de saliva, no en vano, nos metemos en el país con las peores carreteras de nuestro viaje y eso siempre supone un peligro. Supongo que habrá que agudizar los sentidos al máximos, porque si los polacos conducen igual que los bálticos entonces la carretera será el menor de nuestros problemas.

Desde que entramos en Polonia, se abre ante nosotros un país de vastas llanuras verdes, bañadas por un sol de justicia. Parece mentira todo lo sufrido en los países escandinavos, pero curiosamente ha sido abandonar Helsinki y mejorar la meteorología de forma increíble. No es que no hayamos disfrutado de las etapas anteriores, pero puede ser que ahora estemos más relajados viajando por estas carreteras rectas, aunque algo bacheadas del territorio polaco.

Pasados unos kms, la carretera empieza a empeorar, más o menos a nuestro paso por Grajewo, no obstante nuestro avance no se detiene. Los numerosos baches de la carretera se deben a los innumerables camiones que circulan por la vía, eso ha provocado que el asfalto este parcheado, pero lo más peligroso: ondulado. Si, he dicho ondulado, porque en la parte central de los carriles el firme se ha hundido formando una ligera onda a modo de ola de asfalto. Algo curioso, que no deja de ser peligroso, a la hora de adelantar a un camión a vehículo, ya que la moto se desestabiliza mucho. A eso, se une que en esta carretera que pasa por numerosos pueblos de la zona, cada dos por tres nos encontremos con cruces en forma de equis, controlados por dos señales de STOP (Espero que nadie se los salte) y con semáforos en plena carretera. Eso ocasiona que, te encuentres viajando a 100 km/h de velocidad de crucero y de repente, sin previo aviso por señal alguna, el semáforo de turno se ponga rojo y tengas que frenar bruscamente y detenerte en seco. Algo extraño la verdad a lo que habrá que acostumbrarse en nuestro devenir por Polonia.

Creía que no iba a echar de menos las glorietas, pero debo reconocer que no vendrían nada mal tenerlas en este país para regular mejor el tráfico. Con esta reflexión y siempre atento a los, por ahora, civicos polacos, cruzamos el ingente Parque Nacional de Biebrzanski compuesto por los bosques de Bor, Piska y Kurpiowska que son testigos de nuestro paso. Tras una hora y media de camino llegamos hasta Zambrow, ciudad donde, tras una parada por culpa de los dichos semáforos, cogemos el desvío para coger la E-67, la cual, nos llevará hasta la capital del país: Varsovia.

Afortunadamente, al coger la E-67 vuelve la cordura a la carreteras polacas, por fin nos encontramos con una carretera principal con una calidad similar a las que podríamos tener en España, incluso con estaciones de servicio. Precisamente, en una de ellas a unos kms de Zambrow cerca de un centro comercial, hacemos una parada para repostar nuestro Falco Stradale. Curiosamente, mientras estoy repostando me doy cuenta de un detalle que ya había observado en las Repúblicas Bálticas y es el hecho de que los vehículos repostan enganchando el boquerel en el lado derecho, casi a la altura del tubo de escape -que raro- pienso.
Fijándome un poco en los carteles de la gasolinera me doy cuenta de que estos coches no usan gasolina ni diesel, sino gas liquado del petroleo (GLP), una especie de gas de gasolina. Me pregunto si será muy caro hacer la conversión de gasolina a GLP en un turismo como los que he visto aquí, porque lo que es el combustible en si es la mitad de barato que la gasolina de 95 oct.

Tras el repostaje vamos a almorzar con algo de queso, pero, por desgracia, nos falta el pan. Nuevamente, a pesar de la barrera idiomática (No creo que muchos polacos hablen inglés) me meto dentro del Centro Comercial para comprar pan y otras provisiones, entre tanta tienda de ropa y de electrónica habrá algún supermercado, no? mientras M Carmen me espera custodiando nuestras cosas.

Como termino, antes de lo esperado, de hacer las compras caigo en la tentación de curiosear por las tiendas de informática del lugar. Mi intención no es otra que la de ver el precio de un GPS Tomtom para moto y si es posible comprar uno para completar nuestra aventura. Por ahora no nos va mal en nuestra aventura, a pesar de nuestra perdida en Riga, pero lo cierto es que me ha hartado de ir dando tumbos por las remotas llanuras de Europa del Este, donde nadie habla mi idioma y encima las cosas están muy mal indicadas. Con la ayuda del único dependiente de la tienda que habla inglés logro localizar el navegador, curiosamente cuando, harta de esperar, mi novia se presenta en escena.

- ¿Se puede saber que estas haciendo aquí? - me pregunta indignada por mi tardanza
- Quiero comprar un GPS para el viaje igualito que el que se nos estropeo, así ganaremos tiempo, que podremos usar en ver más cosas de las ciudades que visitamos - le respondo
- Ummmm, buena idea, podría ser útil, ¿Cuanto cuesta?¿Podemos permitírnoslo?
- Pues 299 euros al cambio, casi 100 más barato que en España
- Pero, en caso de que nos falle ¿que pasaría?
- Pues no se, voy a preguntar al dependiente.

Al dependiente se le tuerce un poco el gesto al preguntarle por el proceso de devolución en caso de fallo, por desgracia, confirma nuestros peores presagios: El producto tiene 2 años de garantía, pero en caso de que falle deberá ser entregado en la misma tienda donde se compre, es decir, o tengo un amigo en Polonia o me desplazo aquí desde España para cambiarlo en caso de que falle. Por un momento, reflexiono sobre lo que puedo ganar o perder con esa decisión, ya sería mala suerte que me cargara dos GPS en un viaje, ¿no? podría ser buena idea dejar de hacer kms en balde, pero cualquiera se arriesga a perder del presupuesto una cantidad tan importante de dinero que podría ayudarnos ante cualquier problema más grave que localizar un hotel o monumento. Al final tras mucho pensar, opto por no coger el GPS, parece que mi navegante se las esta arreglando relativamente bien con el móvil para guiarnos por Europa. Además en esto consigue la aventura, ¿no?aunque, sinceramente dentro de mi espero que no nos perdamos demasiado en lo que resta de viaje.

Tras el almuerzo, nos ponemos en marcha de nuevo, pero la puesta en ruta casi nos causa una caída porque nada más salir del Centro Comercial nos topamos de lleno con una ola de asfalto. El firme se ha ondulado de tal manera que a poca velocidad damos unos botes impresionantes dignos del más alto y rudo de los badenes de nuestro país. Parece como si el asfalto fuera de lava, y no por lo caliente, sino por la ondulación del terreno. Hay que tener un cuidado extremo a la hora de adelantar o de cambiar de carril ya que si no, nos veremos haciendo surf por lo gris de Polonia.

En fin, salimos de Zambrow tras el sufrido periplo por Polonia, de todas las actividades que esperé hacer en este viaje hacer surf con mi moto no entraba en ninguna de mis listas, sin duda alguna estoy ante las peores que he visto durante nuestra aventura. Afortunadamente, volvemos a carreteras más civilizadas del país polaco, la E-67 convierte los últimos 126 kms de travesía en un paseo que invita al relax y la contemplación de las vastas laderas verdes que pueblan estos lares. Largas rectas custodiados por árboles de hoja caduca que son testigos de nuestro paso hacia la capital de Polonia. Mientras avanzamos sin novedad, he de decir que aunque las carreteras polacas, al menos las no principales, son bastante deficientes bien es cierto que los polacos son bastante más cívicos al volante que los rusos.

Mi novia, por supuesto me comenta la experiencias surferas, pero sin duda lo que más le ha llamado la atención ha sido la curiosidad de los vehículos GLP algo totalmente inédito en nuestro país, donde tímidamente asoman los vehículos eléctricos.
- Rafa, ¿has visto los vehículos de GLP?¿Y eso porque no existe en España? Parece que cualquier coche se puede convertir en un GLP
-No le faltaba razón a mi novia en su afirmación porque vimos bastantes modelos de los año 80 y 90 alimentados con esta nueva forma de propulsión.
- Pues no se M Carmen, quizá en España se esté apostando más por los vehículos eléctricos, además no sabemos el precio de la conversión, ¿Será caro?¿Pasará la ITV? ni idea.
Tranvia
Casi sin darnos cuenta dados los excelentes kms de carretera, llegamos a Varsovia, capital de Polonia y allí nos damos cuenta de que volvemos tras bastantes días de viaje al a vorágine de una gran ciudad. No en vano, en Varsovia, ciudad más poblada de país, viven cerca de 2 millones de almas, lo cual nos acerca mucho a otras ciudades que hemos visitado como Amsterdam, Paris, Madrid, etc. Llega la hora de sumergirnos en el caos polaco a eso de la media tarde con la eterna incógnita de si seremos capaces de encontrar el camino hacia nuestro hotel. Pero algo me dice que esta vez será más fácil dar con el lugar, ya que hice la reserva en el hotel Ibis Centrum de la capital, sin ser un experto si sigo las indicaciones que pone "Centrum" sea donde sea donde nos lleve será relativamente fácil llegar a nuestro destino. No obstante, que sea fácil llegar no puede hacerme bajar la guardia. Al igual que en otros países de la Europa del Este por los que hemos pasado , aquí también se llevan transportes tan poco comunes en España como el tranvía y el trolebús. Lo que ocasiona que el firme (que encima está empedrado) se encuentre cruzado constantemente por railes que hace muy resbaladiza nuestra rodada.
Llegada al hotel
Efectivamente tras unos momentos de incertidumbre llegamos al hotel con una facilidad inusitada. Con una gran prestancia, dada la gran práctica acumulada durante el viaje, desenganchamos nuestras cosas y juntos y con la moto a cubierto, vamos a hacer el check-in. Entramos a una estancia algo particular Mientras esperamos cola le comento a M Carmen algún detalle sobre nuestro periplo polaco con suficiente volumen como para despertar la atención de la recepcionista, la cual nos llama y nos pide que nos acerquemos.
- ¿Españoles? - nos pregunta ella
- Si - decimos los dos al unísono con algo de incredulidad.
- Yo me llamo Paulina y estoy estudiando español
- Pues lo hablar mejor que yo, hija - le dice M Carmen con su habitual naturalidad
- Que alegría encontrar a alguien que hable nuestro idioma - digo mientras suspiro, y pienso que por una vez el check in será sencillo.
La chica coge nuestros DNI, hace el registro en el ordenador y nos da la llave, no sin antes decirnos, muy amablemente, que si necesitamos cualquier cosa no dudemos en llamarla.
- Una pregunta más Paulina, ¿Podemos aparcar ahí fuera bajo los soportales del hotel?
- Sin problema, mientras no obstaculice la bajada y subida de viajeros. Tenemos parking privado pero es caro, 18 euros diarios. De verdad, que donde la has dejado - mirando en ese momento por la ventana no estorba para nada.
Como último favor, le pedimos a nuestra amable recepcionista un mapa turístico de la ciudad de Varsovia. Tras ello subimos a nuestra habitación para dejar nuestras cosas, ducharnos, descansar un poco y planear nuestra pequeña excursión, por la capital de Polonia, como viene siendo habitual. Y es que desde que comenzamos nuestra aventura, dan igual los kms recorridos, las horas de ruta, las perdidas de rumbo, la lluvia, el viento, el cansancio, que siempre al final de nuestra etapa, nos enfundamos ropa de calle y salimos a conocer la ciudad que nos alberga. Aunque a veces tengo que reconocer que uno no tiene muchas ganas, pero esta aventura no esta hecha para gente mojigata, esta diseñada para valientes, para aventureros, para gente deseosa de conocer y descubrir.
Juan Pablo II
Iglesia de Chodna
Y a descubrir Varsovia nos lanzamos M Carmen y yo con gran interés para ver lo que la ciudad tiene que ofrecernos. Pero a diferencia de otras veces y aprovechando que estamos en el centro, haremos la excursión a pie, así de paso podremos estirarlas y nuestro Falco Stradale podrá descansar. Comenzamos nuestro periplo por la capital polaca, con la única ayuda de un mapa, que sin embargo, no evita que nos volvamos a perder por unos parques cercanos a nuestro hotel pero que nos llevan a la bonita iglesia de Chodna bajo el amparo de la noche.

Tras la visita exterior del templo volvemos a retomar la calle principal, con la única ayuda de un escueto mapa turístico que mi navegante maneja con tanta soltura que empiezo a dudar seriamente si ella no ha estado aquí antes. Sea como fuere, vamos viendo por las calles como los polacos, profundamente católicos, le tiene un afecto incondicional al desaparecido Papa Juan Pablo II. Una placa adornada con flores decora la calle a modo de homenaje y sirve de antesala al vagón de tranvía que tenemos enfrente nuestra bajo la atenta mirada de una catedral de San Miguel con sus dos torres de 75 metros. La verdad es que Varsovia está preciosa por la noche y aunque, estamos cansados del viaje, merece la pena sacrificarse un poco por poder disfrutar y compartir con vosotros estas imágenes de la capital de Polonia, la cual, sin duda, se viste de gala para dejarnos deslumbrados a nuestro paso.












Frederic Chopin
Pero Varsovia no es solo la ciudad de Juan Pablo II sino de Chopin, famoso músico polaco del siglo XIX que da nombre, por supuesto, a su conservatorio. La capital polaca se abre antes nosotros con una inusitada y desconocida familiaridad. Supongo que será por el hecho que desde Amsterdam o Hamburgo no hemos visto una gran urbe en este viaje y ahora, llegados a Varsovia, nos sentimos como pez en el agua entre la apacible paz de la noche. Despreocupadamente, seguimos por unas calles casi desiertas a excepción de algún coche, tenemos Varsovia entera para nosotros.

Este paseo está siendo toda una delicia, a pesar de los pesares para entrar en este país, supongo que es lo que tiene hospedarse en el centro mismo de la ciudad que todo lo tienes al alcance de la mano. Y casi como de una colección de postales se tratara vamos pasando de un lugar de interés a otro con facilidad pasmosa. Lo único malo es que no tenemos mucha idea de lo que estamos viendo, menos mal que el mapa prestado por Paulina, aunque esté en polaco, posee fotografías de todo lo interesante por ver en esta ciudad.

Como por ejemplo, el Palacio de la Cultura de Varsovia, edificio más alto de la capital con 230 metros y símbolo de la antigua influencia de la extinta URSS en el país. Fue construido en 1952 como "regalo" de Stalin a la ciudad, aunque no pudo verlo concluido ya que terminó su construcción en 1955. (Stalin murió en 1953). Lo desconozco, pero teniendo en cuenta los antecedentes históricos no creo que sea un edificio que cuente con el cariño de los locales, además su feo y anodino diseño no ayuda en absoluto, menudo mamotreto colocaron estos rusos en el corazón de Varsovia. En fin, proseguimos nuestro peregrinaje por las calles de la capital, encontrando a pocos metros de allí y flanqueado por sendas banderas polacas tenemos el Ayuntamiento de Varsovia con una estatua de Julius Slowacki, famoso poeta, dramaturgo y filosofo polaco del siglo XIX. Por desgracia, dadas las horas que son tan sólo podemos contemplar la belleza de estos lugares en la lejanía, al encontrarse cerrados, una verdadera lástima.
Ayuntamiento de la capital polaca
Como llevados por el influjo de una música desconocida que retumba en la distancia, nos acercamos hasta un vasto complejo que tiene un aspecto exterior similar al Partenon de Atenas, resulta que hemos llegado al Gran Teatro Wielki de la capital polaca. Este teatro es sede de la Opera Nacional de Polonia y esta situada en la Plaza del Teatro. Fue inaugurado en 1833 aunque fue totalmente destruido en la invasión alemana del país. A la conclusión de la II Guerra Mundial fue reconstruido y reinaugurado en 1965. Grata sorpresa esta la que nos hemos llevado ante la magnificencia de este complejo arquitectónico. Sin embargo, me ha quedado la duda de que sería esa música que rondaba en el ambiente. Bueno, pues parece que en el Gran Teatro, debe de haber alguna fiesta discotequera, o quien sabe un desfile de una firma de moda.


- ¿Que te parece si entramos, M Carmen? - le pregunta a mi novia, anticipando, por supuesto, su respuesta en mi mente.
- ¿Con las pintas que llevamos? ni lo sueñes
Evidentemente, era por picarla un poco, estaba claro que en una fiesta, donde los asistentes acuden con coches de lujo y engalanados, no iba a haber sitio para dos aventureros, con mucha curiosidad y poca vergüenza (y dinero). En nuestro camino también hay tiempo para descubrir el Palacio Presidencial de Polonia y otros edificios igual de interesantes.












Palacio Real y Columna de Seguismundo III
Entre risas continuamos con nuestra andanada hasta llegar al barrio antiguo de la ciudad, allí llegamos a una gran plaza con una estatua en el centro de la misma y un Castillo enorme coronado por una torre del reloj, a orillas del río Vistula. Varsovia está preciosa por la noche y buena prueba de ello es este edificio que resulta ser nada más y nada menos que el Palacio Real. El edificio más famoso de Varsovia muy cerca de la zona conocida como La Ciudad Vieja. Es un Palacio de estilo barroco-neoclásico construido en el Siglo XIV, y que fue la residencia oficial del Rey de Polonia hasta 1795. Por desgracia, no podemos entrar en este edificio pero por lo menos nos deleitamos con la Columna de Segismundo III, construida en 1644 por el Rey Ladislao IV en memoria de su padre. La columna cuenta con 22 metros de altura y es uno de los símbolos de la capital polaca y de Polonia. Un monumento que, al igual que el Gran Teatro de Wieki fue destruido por los nazis durante el alzamiento de los polacos en 1944, fue reconstruída de nuevo a la conclusión de la II Guerra Mundial. Acorde con esto último encontramos una pequeña placa en honor a aquellos que dieron su vida por la lucha contra el comunismo.









De repente, interrumpen nuestra reflexiones sobre la crudeza de la Guerra, un gran estruendo que estremece a los que allí se encuentran. Dicha algarabía, proviene del Estadio Nacional de Polonia, el estadio de fútbol donde la selección polaca juega sus encuentros internacionales, me pregunto qué partido estarán jugando. Según me dijo un señor que pasaba en ese momento por allí, la selección de fútbol juega allí todos sus encuentros internacionales, al estilo de la selección inglesa con el Estadio de Wembley, en esos momentos, mientras me lo cuenta me pregunto una cosa: ¿No deberíamos hacer lo mismo en España? Observando en la lejanía, la magnificencia del recinto queda palpable la gran inversión que ha hecho el gobierno polaco con motivo de la celebración de la pasada Eurocopa 2012 que se celebró en este país y en Ucrania. Sinceramente, queda estupendo, pero ojalá hubieran invertido algo de dinero en mejorar la calidad de sus carreteras, lo hubiéramos agradecido sin duda. En ese momento, no puedo evitar rememorar nuestras peripecias por la frontera entre Polonia y Lituania, toda una aventura digna del Paris-Dakar.


Calle Solidaridad
Mientras recordamos nuestro paso furtivo por la frontera lituano-polaca. A nuestra derecha encontramos una calle que invita a su descubrimiento. Vamos caminando por la calle de la Solidaridad cuando nos encontramos con la curiosidad de un banco de granito negro con dos botones metálicos en sus extremos. A simple vista parece un piano, aunque algo empequeñecido, algo que sin duda haría las delicias del genial músico polaco. Pero además si pulsas uno de esos botones eres recompensado con una pieza musical de unos 30 segundos, compuesta por el maestro. Todo un deleite para los amantes de la música clásica y para los ávidos de curiosidades. Este, por lo que se ve, es el único banco superviviente de una serie que pusieron en circulación en la capital con motivo de bicentenario del nacimiento de Chopin en el año 2010. Testigo mudo de la impronta que este artista ha dejado en la cultura polaca y universal, el cual, nos sirve de breve descanso en nuestra excursión nocturna.




El tiempo pasa volando a más velocidad que si fuéramos en moto, se ha hecho tarde y debemos de regresar al hotel. Con el mapa turístico que nos ha prestado Paulina, nuestra amable recepcionista, creo que nos las arreglaremos. Mientras paseábamos por uno de los innumerables parques que pueblan la capital, oímos, en mitad de la noche profunda un grito desgarrador de una chica. El miedo parece que se ha apoderado de ella haciendo que, inmediatamente, nos sobresaltemos y agudicemos nuestros sentidos, como queriendo estar preparados para un incierto peligro. Afortunadamente, todo fue una broma pesada de un chico hacia su novia para asustarla, ambos corren gritando y riendo de entre los arbustos, inocentemente, sin percatarse de que su travesura casi nos cuesta que el corazón nos salga por la boca.

Tumba del Soldado Desconocido

Respiramos aliviados, y continuamos nuestro camino, pero entre tanta ajetreo hemos dado a parar a otro parque con una gran plaza en medio llamada Jozef Pilsuds. La verdad es que en plena noche todos los gatos son pardos y creo, sinceramente, que nos hemos perdido en mitad de un parque que parece engullirnos en la inmensidad de sus oscuras fauces. De repente, vemos cerca de allí una llama, una luz que llama nuestra atención e ilumina nuestra senda a medida que nos acercamos a ella. Sin pretenderlo esa luz nos ha mostrado el camino hacia uno de los monumentos más importantes de Polonia: El Monumento al Soldado Desconocido, una tumba de arco triple, que por desgracia es lo único que queda de la columnata del Palacio Sajón, destruído por los nazis en la II Guerra Mundial en 1944. Este Palacio Sajón, que fue el primer lugar donde vivió Frederic Chopin en Varsovia y actualmente contiene unas urnas provenientes de todos los campos de batalla del Siglo XX en los que han caído heroicamente ciudadanos polacos. En el centro al lado de la llama perpetua se encuentra una gran urna de bronce, que, por lo que podemos averiguar el 2 Noviembre de 1925 fue enterrada allí una víctima desconocida de la batalla por la defensa de la ciudad de Lvov, (ahora en Ucrania) y también hay unos recipientes grandes de bronce con tierra de todos los lugares en los que el ejercito polaco ha librado batallas. También hay placas conmemorativas de todas las batallas. Por supuesto, y como vimos en Italia y Francia, el monumento se encuentra custodiado de noche y de día, por dos soldados que hacen guardia impasibles a nuestra presencia y a nuestras fotos. Guardando un respetuoso silencio hacemos fotos sin flash de este conmovedor homenaje de los polacos hacia sus caídos.
Durante los minutos que estuvimos allí en medio de un sepulcral silencio casi podíamos escuchar los ecos de batallas pasadas, gritos de personas, entre cañonazos, en un clamor porque su sacrificio por la patria no fuera olvidado. Era una sensación que te compungía el corazón y no te dejaba ni respirar, todas esas placas cuentan una historia, en muchas ocasiones triste, dramática y de muerte, pero también son testigos de la valentía de unos hombres que cuando llegó la hora de la verdad lo dieron todo por su país, para mi, desde luego, no hay amor más grande. Merecen el más profundo de los respetos y sólo rezo para que nuestro país no se tenga que ver envuelto ni en la mitad de los conflictos que se ha visto inmersa Polonia.

Con la extraña sensación de respeto y recogimiento que deja siempre contemplar un monumento a los caídos en una guerra nos vamos de allí. Mientras caminamos no puedo evitar pensar en todos los actos que hacemos en la vida más o menos importantes y que se quedan, por desgracia, en el olvido, se pierden como lágrimas en la lluvia. Por ello, porque es importante recordar el pasado para construir el futuro, antes de irme decido pararme y hacer una foto de la llama perpetua, situada en el centro de este mausoleo, que recordará a estos hombres por siempre.

Llama del soldado desconocido