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miércoles, 6 de enero de 2016

CAPÍTULO 26: ARBEIT MACHT FREI

ETAPA 26: VARSOVIA-ZATOR

Distancia total ruta: 338 kms
Tiempo total: 4 horas

Ciudades visitadas: 3
Paradas: 2
Consumo medio:  5,55 l/100


Con los recuerdos aún frescos de la noche en Varsovia, no podemos evitar pensar que la noche de ayer fue bastante provechosa. Casi sin querer, con un escueto mapa, y con nuestra intuición como guía, pudimos ver lo más bonito y granado de la capital polaca. Desde luego, todo un acierto coger hotel en el centro de Varsovia, con todo al alcance de una caminata, nuestro Falco Stradale descansó a cubierto tras largas y agotadoras jornadas por las más abruptos terrenos. Todavía hoy resuenan los ecos entre nosotros de la gesta de cruzar a Polonia por esos caminos olvidados por los mapas, unos 40 interminables kms de una aventura digna de un Dakar hecha con una moto de carretera. Acaso, ¿Se puede pedir más?

- Rafa, un poco más y nos volvemos a quedar atrapados en el barro en Lituania - me comenta inquieta por la mañana.
- Bueno, la mala experiencia de Skaulo me ha enseñado como tengo que llevar una moto tan pesada por esos terrenos.

- Al principio estaba asustada - replica ella.
- Si, y yo, porque teníamos la gasolina algo justa y no se veía el final de la carretera, pero al final cuando llegamos a Polonia...
- Nunca me alegre tanto por entrar en un país y eso que no es el mío - me dice con una amplia sonrisa mientras se pone el casco.

Pagamos nuestra estancia y nos despedimos del personal del hotel que tan bien nos han atendido. Es hora de comenzar la 26ª Etapa de Euro-Diversion 2013, así que partimos temprano hacia el sur del país. Pero antes, queda el tramite de repostar nuestra moto, cerca del hotel observo una gasolinera con un extraño símbolo, excusa perfectamente para, mientras M Carmen paga con la moneda local, hacer este video donde lo explico:



Tras la curiosidad del Halcón ponemos iniciamos nuestra ruta, deshaciendo el camino empleado para entrar en Varsovia. Por desgracia, nuevamente, me toca lidiar con las calles empedradas y los raíles de tranvía que la cruzan, que son como autenticas pistas de hielo. -¿A que mente despiadada se le ocurrirá construir por sistema algo así por todas las ciudades por las que pasamos?- Pienso. Está claro que es una cuestión ornamental y de conservación del pavimento antiguo para conservar un poco la esencia de los centros históricos de las ciudades. Pero, ¡Dios Santo! ¿Nadie ha pensado que esto es muy peligroso para los amantes de las dos ruedas? No os podéis imaginar lo difícil que es maniobrar con una moto tan pesada, de más de 300 kg, entre el caos del tráfico de Varsovia, atendiendo al equilibrio, a las señalizaciones de mi navegante y a que no nos embista ningún coche, que nos adelantan sin piedad por izquierda y derecha sin previo aviso. Evidentemente, la experiencia es un grado y yo desde que partimos de España he ido sumando horas de pilotaje a mi cátedra de aventuras en moto.

Con relativa facilidad y con unas indicaciones precisas de M Carmen, salimos de la capital de Polonia, rumbo al sur del país. Un país muy parecido a España en cuanto a extensión y numero de habitantes, el cual, por ahora nos esta gustando, a pesar de la precariedad de sus carreteras. Cogemos la E-67 rumbo a la ciudad de Piotrkow Trybunalski. Aproximadamente unos 138 kms de travesía no muy exigente, si no fuera por el hecho de que el asfalto polaco esta ondulado, menos mal que como solución adopto la idea de marchar por el arcén. Quizá no sea lo más ortodoxo y recomendable, pero así me evito los sustos que me llevé en la etapa anterior y en esta, en el que al intentar adelantar un camión por la izquierda hemos dado un bote considerable con nuestra moto. Si en la etapa de ayer hicimos el Paris-Dakar, en esta parece que vamos a poner a prueba nuestro Falco Stradale, "obligándole" a hacer moto-cross por asfalto, sinceramente, espero que aguante.
Cruceiro polaco
Encontrada la estabilidad, y con el buen tiempo imperante como acompañante, solo queda disfrutar del viaje entre verdes prados y cruceiros que nos ofrece Polonia. Pequeñas poblaciones se suceden a nuestro paso hasta llegar a la ciudad de Piotrkow, allí cambiamos de vía a la E-75 tal y como me indica mi novia. Desde luego, esta vez "la pelotita" se está portando y no nos está jugando ninguna mala pasada. Según me indica mi navegante, debemos seguir este rumbo hasta la ciudad de Myslowice, ciudad ya bastante próxima a nuestro destino. Por ahora, el viaje mañanero por tierras polacas está siendo tranquilo, sin mucho vehículo que perturbe nuestro paso, aunque si es verdad, que de vez en cuando se suceden adelantamientos kamikazes como los que vimos en las repúblicas bálticas.

De pronto, y sin previo aviso, abandonamos las vastas llanuras polacas y los pequeños pueblecitos de los alrededores para sumergirnos en la espesura de un bosque que atravesamos bajo el amparo de una sombra perpetua. Eso ocasiona que anteriormente agradable, baje hasta el punto de hacernos sentir frío como si, por un momento, hubiéramos vuelto a Noruega.

- ¡Vaya frío que hace Rafa! - se queja mi novia
- Aguanta no será mucho, dentro de poco volveremos con el sol.
Sin embargo, tras más de marcha 10 minutos seguimos a la sombra del espeso bosque, bello sin duda, bellísimo, pero incomodo para dos moteros cuyos forros perdieron hará más de tres semanas. El tráfico se intensifica, pero los polacos parecen ser algo más cívicos que sus hermanos del este. A pesar de los inconvenientes, intentamos disfrutar de esta bella visión, con cierto hálito de misterio, parece, por un momento, que hemos cambiado de país, -¿Habremos ido a parar al bosque de Sherwood sin saberlo? - pienso en voz baja. Pero no, seguimos en Polonia, y viajamos hacia el sur, en concreto hacia Zator, destino de nuestra etapa.

Tras atravesar el denso bosque, volvemos a carretera abierta, pero algo ha cambiado en la forma de conducir por Polonia, algo que sin aviso previo nos sobresalta. Resulta que de vez en cuando, esta carretera pasa por pueblos, como es lógico, pero aquí no deben de conocer los carriles de incorporación o salida de la vía principal, porque directamente lo que hace la carretera es convertirse directamente en un gran cruce con varias intersecciones, reguladas por semáforos. Dicha novedad, nos pilla por sorpresa y casi me hace saltarme un semáforo (aquí tampoco avisan de su presencia con antelación), lógico teniendo en cuenta que uno viaja por autovía a una media de 100 km/h, espera de todo menos pararse de buenas a primeras por un semáforo. M Carmen, siempre atenta me avisa, con antelación para que me pare en los numerosos cruces que nos encontramos. Desde luego, no es tarea sencilla para el Falco Stradale y más teniendo en cuenta el peso que llevo conmigo. Por eso, me está echando una mano en esta tarea, extrañamente, sin protestar, creo que ella misma se ha dado cuenta de que las carreteras polacas están mal indicadas y que es difícil jugar a ser adivino conduciendo por este país.

Una vez pasado el trance, hacemos parada en Czestochowa para repostar nuestra moto al haber llegado ya, y sobrepasado, los 200 kms de ruta. Debo decir que desde que abandonamos Escandinavia, me está costando acostumbrarme al hecho de que en esta parte de Europa se pueden alargar los repostajes un poquito más de lo que lo hacíamos en tierras nórdicas, por fortuna. Habrá que tenerlo en cuenta a partir de ahora.

Mientras reposto y me acerco a pagar, M Carmen aprovecha para consultar vía WIFI nuestra ruta, la cual seguimos con gran precisión. Al salir de la tienda, me indica en el mapa que ya nos queda poco para llegar a nuestro destino.

- Hoy nos va a cundir la mañana Rafa, debemos seguir esta carretera hasta Myslowice, y después cambiar a la E-462, tras eso sólo nos queda tomar rumbo sur para llegar a Zator.
- ¡Que alegría! - Exclamo - No todas las etapas van a ser de llegar a las tantas de la noche. Ya iba siendo hora de concluir las etapas a una hora normal.
- ¿Cuantas habremos tenido así? - pregunta con una gran curiosidad - Las cuento con un dedo de la mano M Carmen - sentencio.

Efectivamente, 44 kms después y en un abrir y cerrar de ojos, cambiamos la E-75 por una carretera comarcal, de pésimo estado, en concreto la 781, a la altura del pueblo de Chrzanow, señal, sin duda, de que ya nos queda poco para llegar a Zator. Espero que lleguemos sin muchos problemas, ya que aquí es cuando nuestro GPS improvisado empieza a hacer de las suyas. Curiosamente eso no sucede y llegamos sin problemas a Zator, a la hora de comer aproximadamente, sin embargo, no encontramos ninguna referencia hacia nuestro hotel. No hay problema, hacemos una parada en una panadería cercana para comprar provisiones, donde adquirimos pan de cereales en bloque (al estilo noruego), un poco de queso, leche y mantequilla. Mientras M Carmen paga en Zlotys, yo le pregunto, en ingles, a la cajera como llegar a River Park, nombre de nuestro hotel aquí en Zator. Por lo que se ve es fácil, tan sólo hay que bordear la iglesia y bajar una cuesta, 3 kms más adelante encontraremos una gasolinera, allí deberemos girar a izquierda y ya habremos llegado a nuestro destino.

Nos ponemos en marcha, y efectivamente, las indicaciones de la dependienta eran acertadas, a las afueras del pueblo nos encontramos con unos carteles bien grandes que anuncian nuestra llegada a River Park, aunque para llegar a la entrada tendremos que callejear un poco. Mientras avanzamos por esos caminos de tierra me doy cuenta de que River Park se anuncia como una especie de resort de vacaciones para toda la familia, con mucha estética de dinosaurios y selva, muy al estilo de Jurassic Park. Como curiosidad, en el camino nos encontramos con otro parque de extraña temática: Park Mitologii un parque dedicado a los dioses de la mitología griega, no se si es un parque acuático, de columpios o de lo que sea, pero lo que yo me pregunto es: ¿Como demonios es un parque sobre los dioses griegos? Por desgracia, lo único que alcanzo a ver es un Zeus de cartón piedra enorme y a una familia se aventura a su interior. Supongo que nos quedaremos con la duda. Más adelante, esta la entrada de River Park, quizá me esperaba algo más digno de la famosa película de Spielberg, pero lo importante es llegar al destino, ¿no?
Nuestra cabaña polaca
Deberíamos aparcar nuestra moto a la entrada del parque, pero como el recinto tiene más bien el aspecto de un camping decido avanzar motorizado hasta la recepción, a la que llegamos tras pasar por delante de un restaurante y ante el asombro de los que allí se encontraban comiendo. Nos recibe una amable chica, esta vez M Carmen no hace la descarga de nuestras cosas, el recinto es cerrado y en principio seguro, así que dejamos el Falco Stradale con todo esperando, mientras nosotros subimos con la chica para hacer el check-in. Nuestra cabaña es la primera según entramos así, deshacemos el camino y volvemos a la entrada del camping. Cuando llegamos nos encontramos con una cabaña muy al estilo de las noruega toda hecha en madera, quizá más austera, y algo menos preparada, pero bastante amplia, y menaje de sobra para preparar la comida. Además tiene el detalle de tener un porche y un pequeño vallado que nos aísla de los visitantes del parque, es como si tuviéramos un mini-chalet entero para nosotros. Ya dentro, con las cosas descargadas, ataviados con ropa más cómoda y con la moto como testigo, nos relajamos mientras almorzamos a la sombra de un pino cercano, mientras algunas familias pasan delante nuestra con destino al restaurante.

Tras la comida, rematamos la sobremesa dando un paseo hasta el restaurante, a M Carmen como no, le apetece un café, y yo aunque no soy muy dado a ello, caigo en la tentación de pedirme una copa de helado colosal servido en una especie de caracola de cristal. Pero no hemos venido hasta estos recónditos lares del sur de Polonia, en busca de un excelente café y de helado. Esta etapa, termina en Zator un pequeño pueblo polaco a orillas del río Skawa, así que, en teoría hoy sería un día de descanso al no tener la población muchas cosas de interés, al contrario que otros sitios en las que hemos parado que invitaban más a la exploración. Sin embargo, a nosotros no nos gusta lo fácil, la relajación o el tedio, nuestra intención al venir hasta que es simple: Queremos visitar el Campo de Concentración de Auschwitz, el cual se encuentra situado a unos 18 kms de este lugar, en la localidad polaca de Oswiecim, nombre del pueblo donde se encuentra y que los nazis sustituyeron por el de Auschwitz-Birkenau. Aún hoy, a pesar de que han pasado casi 70 años del fin de la II Guerra Mundial la gente cuando se refiere a esta población la nombra como Auschwitz (por el campo de concentración) y no como Oswiecim.

Nos ponemos en marcha con decisión, hacia el oeste por una carretera comarcal numerada como 44, al principio vuelve a engullirnos la espesura del bosque polaco, pero por poco tiempo, ya que empezamos a ver paisaje urbano, compuesto por polígonos y casas bajas a ambos lados de la carretera. Casi se puede decir que el viaje transcurre como subidos a un tranvía, siempre a velocidad constante y sin adelantar, tampoco hay oportunidad, ya que son habituales las rotondas, ¡Dios! cuanto las odio - pienso. Con la cantidad de ángulos muertos que dejan al girar y la imprevisibilidad del tráfico del Este de Europa, hacen que me quede bastante receloso cada vez que tomo una. Afortunadamente, en un abrir y cerrar de ojos y sin previo aviso, a nuestra derecha va surgiendo de entre unos arboles unos altos muros en ladrillo rojo coronados por una alambrada, creo que ya hemos llegado.
Entrada aparcamiento de Auschwitz

Efectivamente, a los pocos metros, tenemos indicaciones de que hemos llegado al aparcamiento del complejo Auschwitz-Birkenau, aparcamiento, por cierto, que esta hasta los topes, tanto es así que aparcamos nuestro Falco Stradale en el único sitio que había libre.

- Rafa, ¿será de pago el aparcamiento? - Pregunta M Carmen - No lo se, pero visitar Auschwitz es gratis - Le respondo.
A la entrada del complejo
Vamos caminando, hasta lo que parece un puesto de control, pero no es para comprar las entradas, sino para contratar un guía o alquilar una audioguía (en varios idiomas). Nosotros, intrépidos exploradores, preferimos descubrir por nuestra cuenta, así pasamos sin entretenernos demasiado. Una vez dentro del recinto, vemos como una gran explanada con unos bancos donde la gente descansa a la sombra de algunos arboles. El césped de un verde intenso, por un momento, eclipsa lo gris y austero de los edificios que lo rodean y que nos recuerda que estamos en un campo de concentración de la II Guerra Mundial, por desgracia, el más famoso. Sin embargo, este recinto no difiere demasiado de lo que podría ser una cárcel normal y corriente de la época, pero poco a poco, según vamos avanzando hacia el arco de la entrada principal, entre una legión de cárteles explicativos (en polaco,ingles,hebreo) nos vamos dando cuenta de que este no es recinto turístico normal. No sabría muy bien como explicarlo pero al estar en frente de ese cartel siento un estremecimiento como nunca antes había sentido.






Entrada a Auschwitz
Tanto es el estremecimiento que, si bien empezamos la jornada haciéndonos alguna foto a la entrada del complejo, al pasar por ese arco y ver a más personas haciéndose fotos por allí, sentimos un profundo sentimiento de estar faltándole el respeto a las personas que allí murieron.

- Rafa, espera un momento, mira, no veo adecuado que hagamos fotos, mira esos, parecen que están jugando. Me siento mal aquí

La verdad es que esos chavales parecían que estaban de excursión, y sinceramente Auschwitz no me parece un espacio de recreo, sino de recogimiento, de reflexión sobre a donde puede llegar lo peor del ser humano. Una barbarie irracional que sumió a la humanidad en años de oscuridad, del que hoy quedan tan sólo las reminiscencias propias de una pesadilla, pero que, sin embargo, no hay que olvidar. Por eso, me vuelvo hacia mi novia y le digo:

- El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla. - le digo con seguridad. No hago, sino recordad la frase que dijo en su día Napoleón Bonaparte.

Efectivamente, esta, aunque nos pese, es una parte de la historia que es preciso no olvidar, sólo así podremos evitar que se repita lo que aquí ocurrió hace más de 60 años. M Carmen y yo nos miramos sumidos en un profundo silencio, por primera vez en la aventura, tenemos ganas de irnos del lugar que visitamos, sin duda, influidos por el profundo sentimiento de tristeza que impera en el lugar. A pesar de ello, decidimos continuar haciendo fotos, las justas eso si, con el mayor respeto posible, y evitando salir en ellas, prescindiendo por completo del video, dando así testimonio mudo de los horribles hechos acaecidos aquí entre 1940 y 1945. Creo que las imágenes que a continuación pondré en este post reflejan fielmente lo que vimos allí y lo que sentimos al pasar por los distintos pabellones del complejo.
Arbeit macht frei
Los primeros carteles del recinto te informan en varios idiomas de como están dispuestos los pabellones y como era la vida en Auschwitz, leyendo esas líneas te das cuenta de lo dura que era la vida dentro de esos muros.

 Por lo que se ve los internos, al menos al principio, erán sometidos a jornadas maratonianas de trabajo de más de 15 horas en un campo de trabajo cercano, hiciera el tiempo que hiciera, todo ello aderezado con escasas raciones de comida, con poco descanso, y con condiciones higiénicas lamentables. Al terminar la jornada tenían que regresar al campo de concentración con los cadáveres de los compañeros muertos a cuestas, mientras a su entrada los recibían con música, algo que sin duda, resulta surrealista e infame. La primera impresión que uno se lleva al entrar en Auschwitz I es que estamos ante lo que se podría considerar como una prisión normal y corriente, como las muchas que tenemos en nuestro país. Sin embargo, algo raro se respira en el ambiente, a pesar de lo que se han esmerado en "alegrar" la imagen del lugar y del relativo gentío que circula por las calles del complejo. Es como una especie de silencio que estremece el alma.


A ambos lados se disponen diversos pabellones en los que el visitante puede hacerse una idea de como era la vida de los internos en los escasos momentos de asueto que tenían, en condiciones ciertamente lamentables.

 Flanqueando los pasillos de estos pabellones, hay un sinfín de fotografias de los numerosos presos de Auschwitz I, testimonio mudo de lo mucho que se sufrió entre estos muros. Hay personas de todas las edades y condición, de diversas nacionalidades, todos con sus datos personales. Pero a mi el dato que más me impresionó fue el de la fecha de entrada y el de salida del Campo de Concentración, es decir, la fecha de su muerte. De todos los que vimos, y vimos muchos, solo dos murieron al año de estar en Auschwitz, los demás se movian entre 3 o 4 meses a lo sumo. También había un grupo numeroso de gente que moría en menos de un mes.

No es de extrañar tan baja supervivencia, teniendo en cuenta  las jornadas de trabajo tan maratonianas. Por respeto a estas personas mi novia y yo decidimos no hacer ninguna fotografía de las hojas de identifación de estas personas anonimas.

Pasando a la planta baja de este pabellón nos encontramos con una galería ciertamente lugubre, con poca iluminación y húmeda. Seguimos el pasillo sin saber muy bien nuestro destino, a los pocos metros nos encontramos con unas extrañas verjas que dan acceso a algo parecido a un hueco de escalera con unas puertas pequeñas en los muros.Esas puertas dan acceso a una celda de castigo de 1 metro cuadrado a compartir entre cuatro o cinco personas, las cuales tienen que convivir durante los días de castigo las 24 horas sin luz y de pie.

Unas imagenes impactantes que hacen que en nuestro pecho crezca una angustia inusitada. Hasta a M Carmen le cuesta respirar allí, somatizada quiza por la imagen de esas personas hacinadas sin espacio ni para sentarse en el suelo. Al salir de allí, sentimos un profundo alivio en nuestros corazones por la experiencia vivida, y durante un momento existe la tentación de salir del campo de concentración, pero el deseo de descubrimiento puede más que nuestro miedo o respeto a la atrocidad de la historia, y continuamos visitando pabellones de Auschwitz I.

Todos los pabellones son de dos plantas y comienzan con largos pasillos donde podemos observar más y más fotos de los presos que allí sucumbieron. Al principio, en estos muros padecieron la ira nazi presos politicos, disidentes, comunistas, etc., después judíos de todos los rincones de Europa. Al observar cada foto no puedo evitar pensar que cada una de ellas cuenta una historia llena de ilusiones, de metas, de anhelos que fueron cortados por el III Reich. Historias que por desgracia, en la mayoría de los casos, se han perdido en el olvido. Estos anonimos testigos de la historia nos dan paso a otras dependencias que parecen, extrañamente vacías, sin embargo, al mirar a nuestra izquierda nos percatamos de nuestro error. Otra historia muda se cierne sobre nosotros.

Una parte de las habitaciones en las que entramos tenían una mampara blindada, de unos 5 metros o más de largo y en su interior, todo tipo de objetos de los miles de personas que allí estuvieron acumulados a modo de osario, unas vistas que, sin duda, helaron nuestra sangre y nuestro espíritu. Los objetos parecían vertidos de cualquier manera en esa sección de la habitación, pero el extremo silencio del lugar y el conocimiento de lo que allí pasó, te ponían rapidamente en sintonía con el sufrimiento de las gentes de Auschwitz I. Había de todo desde zapatos, libros, maletas, ropa, pizarras  hasta pelo. Si como estais oyendo, había una habitación llena de pelo, de todos los colores y formas. Según leí en un cartel cercano, los objetos que vemos acumulados pertenecen a todos los que pasaron por el campo de concentración, según llegaban a Auschwitz les quitaban todas sus pertenencias para venderlas o usarlas en la industria alemana, les rapaban el pelo (para hacer pelucas) y les vestían, con el atuendo que tantas veces hemos visto en películas, con un traje de rallas negras sobre blancas. Aunque no todos los presos eran iguales, según su religión, pensamiento político, etc eran identificados con unos brazaletes. Por ejemplo, los judios eran identificados con las estrella de seis puntas de David en color amarillo. Como pude leer algunos presos, incluso, tenían cierto rango y mando dentro de los internos, además de privilegios. Todo ello, por supuesto, con el beneplácito de los nazis. También es cierto que no duraban mucho en el cargo, desconozco el motivo, pero puede que vieran demasiadas cosas.

A continuación, llegamos a una habitación que en vez de estar llena de pelo lo estaban de latas de un producto llamado Zylon B. Efectivamente, esas latas contenian un gas pesticida con las que masacraban a la gente, en las infames duchas, que estaba enferma o impedida para seguir trabajando en el campo de concentración. Un producto basado en el cianuro que con sólo 4 gramos podía matar a una persona, una solución ante la creciente llegada de presos, y el coste elevado de las balas. Por ese motivo se usó el Zylon B,  toneladas y toneladas de ese veneno y precisamente cientos y cientos de latas usadas amontonadas yacen aquí hasta una altura superior a nuestras cabezas. Para colmo de males, nos encontramos con un mapa que señala a Auschwitz como un lugar idoneo para exterminar a los judíos dada la cercanía a las poblaciones judías y por la buena conexión ferroviaria.

Creo que en ese momento nuestra mente dijo basta y nos mandó salir de allí a toda prisa. Aún así, esa visión y la imagen de la horrible muerte que sufrieron nos tortura a ambos. Salimos de los pabellones ciertamente impactados y sin ganas de ver nada más, solo tenemos ganas de regresar a Zator. Sin embargo en el camino nos encontramos con un pequeño patio que no existe entre otros pabellones visitados. Al acercarnos más me doy cuenta de que estamos ante un paredón de fusilamiento, aún setenta años después de aquello se pueden observar los diversos impactos de bala que mellan todo el muro. Como homenaje a todos los que perdieron la vida allí, vemos unas flores.

La escalera de la segunda foto da, precisamente, a donde estaban las celdas de castigo, sin duda, la antesala a la pena de muerte que esperaba al otro lado de la puerta.

Poco a poco va atardeciendo en Auschwitz, pero nosotros hace mucho tiempo que nos hemos quedado helados ante lo que hemos visto aquí. Y creo que también sólos, porque desde que hemos salido del paredón, no hemos visto a un alma en el lugar, de pronto un pitido de un guardia de seguridad que nos pone sobreaviso de que son más de las 20:00 y el horario de visita ha terminado. Ciertamente, el tiempo ha pasado volando, aunque no por el disfrute de la experiencia sino por el efecto de jet lag que ha tenido viajar al pasado para recuperar este desagradable episodio de la historia de nuestro continente. Mientras enfilamos la salida intento compartir con mi navegante los pormenores de esta experiencia, pero ella se muestra muy reacia a hablar a pesar de mis intentos por sacarle una palabra.

- Date prisa, a ver si nos van a dejar aquí a pasar la noche - le insinuo a mi novia
- Yo aquí de noche no me quedo ni de coña, me da algo, vamos- espeta M Carmen

En el camino de vuelta podemos echar un furtivo vistazo a uno de los hornos crematorios donde quemaban a los muertos del campo, el único que se ha conservado desde la época de la Guerra. Y es que los nazis, una vez vista la imposibilidad de ganar la guerra, se cuidaron mucho de borrar las huellas de su barbarie, afortunadamente no lo consiguieron.

Una vez flanqueada la puerta del complejo, momento en el que nos sentimos como si nos hubieran quitado un peso de encima, nos dirigimos al parking, donde un señor nos espera para cobrarnos 2 euros por su uso. Esta claro que aquí lo único gratis es la entrada a Auschwitz, pero sinceramente, pago casi sin mirar, dado que pésimo estado de ánimo. Cuando montamos en la moto rumbo a Zator, una duda invade mi mente: Si Auschwitz I estuvo unos 5 años operativo, es relativamente pequeño y tiene el aspecto de una cárcel ¿Como es posible que aquí murieran más de 1500000 personas?Honestamente, y aunque pueda parecer frívolo, no me salen las cuentas. Saldrían a casi 1000 personas cada día, es decir, 1000 bajas diferentes todos los días y eso es demasiado incluso para este lugar. 

En fin, mañana volveremos, en busca de más respuestas a Auschwitz II. De momento, dejamos Auschwitz I atrás perdiendose en el horizonte por el retrovisor de mi Falco Stradale, a la par de un sol que para nosotros brilla hoy un poco menos. No sabría decir lo que nos ha pasado entre esos muros, pero lo que si se es que por primera vez en esta aventura, nos hemos quedado 25 kms (los que nos separan de Zator) en un improvisado, escrupoloso y respetuoso silencio, no se si hacia todas las personas que perdieron la vida, o porque todavía estamos intentando asimilar lo que allí hemos visto y sentido.

Nunca en mi aventura, había tenido estas sensaciones de agobio, tristeza, frío, sin haber nada físico que te lo provoque, aún así recomiendo visitar este lugar por todo lo que representa en nuestra historia más reciente. Por fortuna, el mundo ha cambiado mucho desde la época de la II Guerra Mundial, pero para evitar que caigamos en esas atrocidades es necesario que existan lugares como este que nos recuerden de lo peor que es capaz la única raza que habita en todos los continentes: La raza humana.