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sábado, 30 de enero de 2016

CAPÍTULO 34: DESAFIO STELVIO


 Vuelta a Europa en moto. ETAPA 34 

ETAPA 34: NAUDERS-MILÁN

Distancia total ruta: 322 kms
Tiempo total: 7 horas 25 minutos

Ciudades visitadas: 3
Paradas: 2

Consumo medio:  6,48 l/100


Tras la jornada de pseudo-descanso en Nauders, llena de aventuras y desventuras entre Italia y Austria, es hora de ponerse en marcha con destino a Milán, pero más importante que llegar a la capital de Lombardía es coger pasar a Italia por la frontera natural de los Alpes. Nuestro objetivo: El Passo del Stelvio, el puerto de montaña más salvaje y de duro ascenso de los Alpes Italianos, además es la 3ª carretera más alta de Europa. Todo un desafío a la altura de Euro-Diversion 2013. Afortunadamente para mi, el tiempo está excelente, luce un sol de justicia y nada hace presagiar que el clima vaya a aguarnos la jornada, mi moto está en estupendo estado, a pesar de los más de 12000 kms que lleva a sus espaldas, y M Carmen y yo estamos con las pilas cargadas para afrontar este reto. Si hace un mes le hubieran pregunta a mi novia que opinaba de subir el Passo del Stelvio seguramente diría que los hiciera otro más necio. Sin embargo, hoy está pletórica de energía, cualquiera diría que tiene más ganas que yo de emprender la aventura de esta etapa. Bajamos de nuestro habitación y pagamos a Edda religiosamente nuestra segunda noche en Nauders. Nos acomodamos en el comedor, en el que hoy no estaremos solos, hay otro matrimonio mayor que come a nuestra izquierda. Mientras esperamos a Edda, comentamos lo que sucedió en el día de ayer.

-¿Vamos a ir a las defensas antitanques de Mussolini? - Pregunto retóricamente
-Ni lo sueñes, hoy nos vamos a Italia, déjate de Mussolini, que perdió la Guerra - dice mi novia bastante animada.

En un descuido de la conversación y mientras estaba cortando un poco de fiambre con un cuchillo muy afilado este se me resbala y me pega un tajo importante en el dedo. Nada que constituya una amputación del dedo índice derecho, pero si un dolor increíble. Sin embargo, algo raro pasa al rajarme el dedo que nunca antes me había pasado. Resulta que quizá imbuido por la calma y sosiego de los austriacos, su tranquilidad pasmosa o su buen hacer, a pesar del daño que me he hecho no emito ningún quejido. Sólo un leve ¡¡ayy!! que no se corresponde con los estándares españoles. Mi novia, al principio, ignorante por mi poco ruido se da cuenta de que del dedo mana mucha sangre y me tapa el mismo con una servilleta. La pareja austriaca se ha dado cuenta también del problema y ayuda con otra. Para cuando llega Edda el "fuego" esta apagado, pero aún así trae un pequeño botiquín para desinfectar la herida, sin duda toda una fuente de amabilidad y simpatía la de esta mujer. Mas que huéspedes parecemos invitados a su casa. No se lo que me deparará el destino, pero si alguna vez vuelvo a Austria de seguro que haré una parada en Nauders, sin duda, esta mujer se ha ganado esa "recompensa".

Por desgracia, tras el desayuno (tan bueno como el de ayer) llega la hora de las despedidas, debemos irnos de Nauders camino de Italia, de nuevo. Edda nos da una tarjeta de su Haus, tarjeta de presentación que guardamos con mimo y cuidado, aunque no hace falta, siempre recordaremos este lugar con gran cariño. Salimos al garaje de Edda y sacamos la moto, la ponemos en el patio delantero y nos hacemos las últimas fotos. Por supuesto, nuestra querida recepcionista nos hace una instantanea a los dos con nuestro Falco Stradale para recordar nuestro paso por esta pequeña población de los Alpes Austriacos, sin duda Nauders nos ha sorprendido y conquistado a la par, al igual que Edda, que en estos días casi se ha comportado como una madre con nosotros. Nos despedimos de ella con un "Ciao" y un "Auf Wiedersehen" en italiano y alemán respectivamente.

Nos vamos del Haus Arnika

-Nos vamos Edda, si alguna vez vas por Sevilla, llamanos, aquí te dejo mi email y mi página web: www.falcostradale.com
-Muchas gracias!!! ¿A donde vais ahora? - dice ella con gran curiosidad
-A Milán, pero antes pasaremos por el Passo del Stelvio - le confieso con entusiasmo
-¡¡¡¡Uy!!! tened cuidado hay muchas cuestas y es un puerto peligroso
-¿Sabes como se llega? - pregunta M Carmen con lenguaje gestual
-Pues seguid SS40 hasta Venosta, allí desviaos a la izquierda y cuando veáis la seña de Prato dello Stelvio seguid recto hasta Bormio. Cuando bajéis no toméis ningún desvío a derechas o acabareis en Suiza.
-Ok, muchas gracias por todo Edda - has sido la mejor anfitriona de nuestra aventura nunca te olvidaremos.
-Thanke - contesta ella en alemán
A la salida de Nauders
M Carmen le da un marcador de páginas de Euro-Diversion 2013 como recuerdo y nos despedimos con un fuerte abrazo cada uno. Después de la emocionante despedida va siendo hora de ponerse en ruta rumbo a Italia, esperemos no encontrar ningún kamikaze italiano. Sea como fuere, lo más importante en estos primeros kms de etapa es repostar nuestro Falco Stradale. Lo hacemos en un gasolinera cercana a la frontera con Italia, creo que la última gasolinera austriaca antes de pisar suelo italiano. No es cualquier cosa repostar en Austria que Italia, el país transalpino es el 3º más caro detrás de Noruega y Dinamarca, así que con este pequeño gesto podremos ahorrarnos algunos euros muy valiosos.

En mi mente sigo imaginándome conquistando el Passo del Stelvio, aumentando más mis ganas de llegar a él, sin embargo, el dependiente de la gasolinera, que habla italiano, se encarga de bajarme de la nube.

-Muchacho ¿qué eres de España? - pregunta el hombre
-Si, estoy dando la Vuelta a Europa en moto con mi novia
-Interesante, yo también soy motero, ¿sabes? ¿A donde te diriges?
-Hoy tenemos pensado ir a Milan, pero antes pasaremos por el Passo del Stelvio - le contesto con entusiasmo
-¿Con esa moto? - replica él.
-Si - contesto
-Cargado y con tu chica - vuelve a insistir en su interrogatorio
-Si - vuelvo a contestar
-Pues buena suerte...la necesitarás
En ese momento, se hace el silencio en la gasolinera tan sólo roto por la entrada de nuevos clientes. Me despido con un escueto y preocupado saludo ante lo que me ha dicho el dependiente, y me dirijo a inflar las ruedas del Falco Stradale:



Después, nos montamos en la moto M Carmen y yo y proseguimos la marcha, pero todavía sigo en estado de shock con lo último que me ha dicho el tipo - ¿Será verdad? - me pregunto mientras M Carmen me pregunta por mi silencio.

-Un tipo en la gasolinera me ha dicho que necesitaré suerte para subir al Stelvio como vamos - le confieso a mi novia.
-Tonterías, también decían que no ibas a conseguir dar la Vuelta a Europa en moto y ya estamos de regreso casi, a un día de pisar España, tranquilo que lo conseguiremos.
Frontera italiana
Esos ánimos de mi novia, sinceros o no, hacen resetear mi mente, vuelvo a concentrarme y a estar presto ante la aventura que se nos presenta en el día de hoy. A los pocos kms cruzamos, de nuevo, la frontera italiana, esta vez no hago foto del cruce, sinceramente, he acabado saturado de tanta frontera y tanto paso en estos dos últimos días, ¿Cuántas veces la habremos cruzado?¿seis o siete veces? - lo desconozco, pero muchas veces sin duda. Bueno, M Carmen, ante mi insistencia hace una foto sobre la marcha del paso de Italia a Austria, el último hasta Dios sabe cuando. A los pocos kms de estar rodando por tierras italianas nos encontramos, no con una furgoneta kamikaze sino con un simpático sidecar que más que sidecar parece una moto unida a un coche. Un matrimonio (en la moto) con dos niños (en el sidecar) que se disponen a dar una vuelta por estas bellas tierras de verde impoluto y lagos de azul infinito bañados por el sol.




Curioso sidecar
El curioso sidecar nos acompaña más allá de Venosta, aunque puedo adelantarla, prefiero quedarme tras de ella para observarla mejor, no todos los día se ve un sidecar. Finalmente a la altura de Spondigna, cerca del Prato dello Stelvio nuestros caminos se separan. Creo que el Prato dello Stelvio debe de ser alguna especie de valle plano o "descansillo" antes de tomar la subida al puerto. Por ambos de la carretera se observan un sinfín de ciclistas y corredores, también se ven extrañas pinturas tribales y adornos en los arboles. Parece que nos estamos trasladando a una época pasada varios milenios atrás llena de misticismo y leyendas sobre la montaña, cuya subida, estamos a punto de abordar. Mientras mi navegante me hace estas fotos no puedo evitar contener la respiración, comienza: La Subida al Stelvio.

Comienza la subida al Stelvio
Comenzamos la subida, con brío y alegría, el trazado de la vía es suave y la verdad es que no se atisba nada de la leyenda negra del Passo del Stelvio, supongo que todavía no estamos en los peor. Por el camino nos encontramos con un buen puñado de ciclista con la misma intención de conquistar al gigante que nosotros la densidad de bicicletas por metro cuadrado es ingente e incluso comienza a ser un poco difícil abrirse pasa entre ellas. Las vistas que ofrece la subida desde aquí ya son impresionantes, un profundo y precioso valle bañado por el sol, de un verde tan fresco como la brisa que golpea nuestra cara. Frondosos bosques de pino verde esmeralda flanquean nuestro paso, un paso tranquilo pero decidido a conquistar el Stelvio. Kms más tarde, a la altura de Gomagoi, tomamos una curva y en ella observamos un extraño edificio circular que parece una capilla. Sin embargo, al parar mi moto me doy cuenta que de que estamos ante un cementerio. Un cementerio que, seguramente, será del pueblo más cercano, pero tampoco encontramos ninguna reseña que indique el motivo de su ubicación en este lugar. Es posible, que este por los caídos en el intento de conquista de la montaña o por aquellos que se dejaron la vida en la carretera intentando el desafío que estamos a punto de realizar. Sea como fuere, el monumento parece puesto a propósito para intentar apaciguar los ánimos moteros de los que hasta aquí se aventuran. No obstante, creo que lo más aconsejable es que M Carmen y yo mostremos respeto con un escrupuloso minuto de silencio.

Proseguimos la subida sin ninguna novedad, alguna que otra curva cerrada que celebramos como si nos hubiéramos subido a la montaña rusa de los Alpes.
-Rafa, ¿A donde se han llevado el Stelvio?A ver si esto va a ser como la Carretera del Atlántico Norte, ¡Menuda decepción! - exclama mi novia.
 
 
Esquivando ciclistas en el Stelvio
Antes de que pudiera requerir a mi novia paciencia y tras atravesar un túnel veo una gigantesca curva a derechas en forma de C. Justo en su vértice hay una especie de restaurante, donde algunos ciclistas descansan. En ese instante la carretera se ensancha en mi visión y sólo veo asfalto, el tiempo se detiene y tan sólo atisbo a ver un cartel enorme con el número 46 en su superficie. No, no esta puesto ese cartel en honor a Valentino Rossi, que podría, sino que ese cartel marque el inicio de la subida al Stelvio, ahora si que vamos en serio. Comenzamos con los primeros estertores de la moto al superar la primera curva, hay muchos ciclistas en la carretera y apenas me dejan ángulo para trazar la curva y tengo que invadir el carril contrario para coger espacio. Esto no sería un problema en cualquier otra carretera, ves a ciclista, te apartas un mínimo de metro y medio y voulá prueba superada. Sin embargo, en el Stelvio, al hacer eso te puedes encontrar de bruces con un camión o un autobus, casi sin poder reaccionar a tiempo. La razón es simple, la salida de la curva está en alto y como de la subida de una escalera para ver quien baja hay que mirar a derecha, cosa que mi casco impide. Menos mal, que esta M Carmen para echarme una mano y a modo de periscopio me avisa de la llegada de algún vehículo por el carril contrario.
-Ahora Rafa, abrete - me dice por el intercomunicador.
Subiendo el Stelvio
El problema estriba en que incluso a ella le cuesta anticiparse lo suficiente como para decirme lo que tengo que hacer. Un autobus es visible casi de inmediato, pero un coche u otra moto, al ser más bajos no. Por lo tanto, no queda otra que ella me de el aviso casi, casi cuando este en el vértice de la curva, con el consecuente peligro. Pero ella es una chica supercompetente y siempre se cerciora 2 veces antes de dejarme hacer la maniobra. La verdad, es que la subida al Stelvio con la moto a plena carga y cuesta arriba está siendo todo un suplicio, ojalá estuviera más descargado, pero bendito suplicio, todo motorista que se precie disfrutaría de estas curvas. Según voy ascendiendo no puedo evitar esbozar una sonrisa ante el humor italiano, que sin duda, es excelso. Para que lleves un control de lo que te queda, dejan un cartel por cada curva numerado, en todas y cada una de las curvas del trayecto, ¿Acaso es una cuenta atrás para llegar a la Luna? - me pregunto. Casi como una cuenta atrás se tratara las curvas se suceden en la subida al Stelvio: 46,45,44,43,42,41,40,39... Se van desgranando como los segundos de un reloj, un reloj que aquí arriba, según vamos subiendo, parece detenido. Intento, a pesar de la tensión del ascenso, fijarme en el paisaje colindante, al principio eran frondosos bosques los que me rodeaban a la altura del Prato, pero una vez iniciada la subida los arboles van descendiendo en número, a la vez que aumenta el número de motocicletas y bicicletas que como yo intentan llegar a la cima. El suplicio de aguantar el paso de otros moteros se acaba a golpe de acelerador, sin embargo, las bicicletas son otro cantar. Como van más lentas tengo que esperar a ver como se colocan para afrontar con garantías el paso de curva, por supuesto, con la supervisión de mi novia de que ningún vehículo se aproxime en sentido contrario. Precisamente en una de esas curvas tengo que echar el pie en tierra, no puedo mantener la moto recta a tan poca velocidad y cuesta arriba y encima con un autobus viniendo de frente. Pero aquí en Italia la gente, siempre tan caótica y nerviosa, se lo toma con calma y aguanta estoica el paso del gigante de la carretera.
Seguimos subiendo y superando curvas, desgranando poco a poco un contador, que parece no acabarse.

-¿Cuantas curvas llevamos Rafa?
-Nos quedan 29
-¡Pero por Dios! es que estas curvas, ¿No se acaban nunca?

Las curvas se suceden a un ritmo tan vertiginoso que entre curva y curva apenas hay alguna recta para descansar mi mano y relajar la tensión de mis brazos. M Carmen también me agarra con una fuerza inusitada, y eso que aquí el peligro de caerse no lo constituye la lluvia o el viento, de momento el tiempo es excelente. El peligro de caída lo constituye las frecuentes paradas, el esquivar a baja velocidad los ciclistas y afrontar las curvas peraltadas y lo más por el interior posible intentando merendarse un coche o un autobus. No se como todavía no me he caído aguanto como un jabato los envites de las carreteras, pero la subida en moto al Stelvio en estas condiciones esta siendo muy dura físicamente. M Carmen a pesar de todo intenta hacer alguna instantánea de esta épica subida




A medida que voy subiendo me voy dando cuenta de un detalle curioso: Las curvas a derechas me salen, fatal y tengo siempre que recurrir a mi novia para que me ayude a pasarlas, con más o menos fortuna. Sin embargo, las curvas a la izquierda las trazo perfectas y sin ayuda, y eso que con todas cuento con una visibilidad limitadísima. Quizá sea porque soy zurdo o quizá simplemente es porque en las curvas a izquierda en caso de problemas puedo escapar por la parte exterior de la curva y en las curvas a derechas no, lo desconozco. Lo que si es cierto es que a la altura de la curva 20, y sin coche con el que chocarme me equivoco y entro en la curva demasiado escorado hacia el interior de una curva muy peraltada. Eso hace que casi me choque con la propia carretera y está a punto de hacerme caer al pillarme medio inclinado. No se como, M Carmen saca el pie y golpea el asfalto junto conmigo para hacerme recuperar el control de la moto y la estabilidad.

-Ufff!!!! casi nos caemos, lo siento, M Carmen - digo angustiado por el intercomunicador - No sabes lo difícil que es maniobrar esta moto con este peso en curva - le confieso.
-No te preocupes, Rafa, lo estas haciendo muy bien, animo que ya queda poco para llegar a la cima del Stelvio. Abrete un poco la próxima vez o del todo cuando yo te lo diga, ¿OK?
-OK

Seguimos ascendiendo y poco a poco el terreno se va despejando, abandonamos los bosques de coníferas para llegar a la más absoluta soledad de la roca desnuda ante los elementos. También nos deleitamos con algo que no creíamos ver durante un viaje en verano: Nieve en la cima de la montaña. Con esas bucólicas imágenes de la subida de la montaña afrontamos las últimas curvas de este desafio. A la altura de la curva 13, por supuesto a derechas, vuelvo a tener el mismo problema de meterme demasiado al interior de la curva pero con el problema de cruzarse con un autobus en el sentido contrario que coincide con nosotros viajando. La moto se me está a punto de calar, pero lo impido no sin dificultad, también estamos a punto de caer, pero saco los pies a tiempo para hacer pie en el asfalto y volver a levantar la moto de una caída segura. Por supuesto mi navegante me ayuda con sus piernas también y entre los dos volvemos a superar la curva sin problemas

-Ufffff, ¡Dios mio! que cansado estoy, no puedo con la tensión. Como tengo el cuello y los brazos - me lamento.
-Rafa, no te rindas, ¿Te vas a caer ahora después de lo que hemos pasado? ¡¡Ni se te ocurra rendirte ahora!! Vamos a subir al Stelvio si, o si - me anima con efusividad consciente que como acompañante, lógicamente, estoy enteramente en sus manos. Unas manos que con el paso de los kms se han ganado su respecto y confianza.

Lo bueno, o malo del Stelvio es que apenas hay tiempo para lamentarse o congratularse de algo. En cuanto lo piensas, el tiempo corre tanto que acabas inmediatamente frente al reto de otra curva momento en el cual el tiempo vuelve a ralentizarse tanto que eres capaz de sentirlo todo: el latir de tu corazón, el subir y bajar de los pistones de tu moto, el viento, el cambio de marcha de otro vehículo, el rechinar de tus neumáticos en el asfalto. En definitiva, un cúmulo de sensaciones que me quedo corto en describir, pero que hacen que cada segundo metido en ese carrusel de curvas, paradas, primera, segunda, tercera, primera, de nuevo, valga la pena. Como toda atracción de feria, en la que al principio pasas miedo, te sube la adrenalina, luego te viene el bajón, y el nuestro lo constituyen las últimas curvar para llegar al Passo del Stelvio. Casi como una cuenta atrás de un lanzamiento de la NASA, M Carmen y yo vamos contando las curvas que nos restan para llegar a la cima: 10,9,8,7..... Las curvas se van haciendo más suaves pero nos encontramos con una amalgama ingente de bicicletas, motos y coches, parece las rebajas, 6,5,4 .... Vemos las más nevadas y altas cumbres de los Alpes italianos, estamos a punto de completar el objetivo, 3,2.... ya vemos el final de nuestra ascensión .... 1 !!!!!! Gritamos M Carmen y yo al unísono el número de la última curva mientras la sobrepasamos sin problemas y enfilamos una gran recta que da a parar al puerto de montaña en si. La alegría que nos invade es máxima, lo hemos conseguido, hemos conseguido llegar al Passo del Stelvio.
Las vista desde la cima de la carretera son simplemente impresionantes. Parece mentira, viendo la estampa, que minutos antes estuviéramos luchando por no caernos en los interiores de esas curvas del infierno. Unas 46 curvas cerradas a los largo de 24 kms de subida, que sinceramente me parecieron 100, con un desnivel medio de 7,6% y algunos puntos hasta del 12%, sencillamente impresionante.

Una vez allí, es momento de tomarse un más que merecido descanso para disfrutar de lo conquistado, asi que damos un paseo. Nos encontramos con los locales típicos de una estación de esquí, que al fin y al cabo es lo que es, puestos de comida, pero sobretodo de recuerdos se suceden allá donde miramos. Nosotros de momento, aparcamos nuestra moto al lado del cartel del Stelvio para dar testimonio gráfico de nuestra conquista. El sentimiento de euforia que nos inunda es comparable casi a la llegada al Cabo Norte, lo hemos pasado tan mal como entonces en Noruega. Pero debemos de estar orgullosos, llegar hasta aquí no es sencillo, y es todo un premio poder decir que una vez estuvimos aquí y que a pesar de nuestros limitados medios, gracias a nuestro coraje y pundonor lo conseguimos.

Nos abrigamos en el Stelvio

-Bueno M Carmen ¿que te ha parecido el Stelvio? - le pregunto a mi novia
-Nunca he pasado más miedo en vida, subida a una moto dando esas curvas tan cerradas, pero una cosa rara me ha pasado, a pesar de todo me sentía segura. Algo me decía que íbamos a conseguirlo.
-Si al final va a resultar que soy un piloto excelente, jejeje -digo orgulloso.
-Los dos formamos un equipo excelente, ¿eh? - me puntualiza ella
-Es verdad, sin tu ayuda esas curvas a derechas hubieran sido imposibles, gracias a ti no nos hemos caído. En ese momento mi novia me interrumpe
-¡¡¡¡¡Lo hemos conseguido hemos llegado a 2758 m sobre el nivel del mar!!!!!! - grita orgullosa.

Tras la reseña, damos una simpática por las tiendas del complejo para curiosear un poco. Allí consigo una pegatina para ponerla en nuestra moto como recuerdo. Para celebrar la conquista del Stelvio nada mejor que comer un perrito caliente con una cerveza (M Carmen) y un refresco (servidor) y después celebrar el éxito jugando con la nieve de los Alpes.



Después del almuerzo emprendemos la bajada del puerto, que promete ser tan emocionante como la subida. Según Edda nos dijo: la bajada iba a ser más leve pero la verdad es que es tan revirada como la subida. Al menos puedo decir que las curvas me dejan ver los coches que circulan y la moto no va tan ahogada en el peso como en la subida. Por desgracia, el excesivo peso, y la inclinación de las curvas hace que mi moto vaya muy embalada, a la mínima que "le suelto las riendas". Por eso, tengo que tener un tino especial con el freno de mi Falco Stradale a la hora de tomar las curvas, de lo contrario probaré la gravedad sobre los cuerpos en primera persona. Esta vez no hay carteles que anuncien el número de curvas que nos restan para bajar del Passo del Stelvio, lo cual obliga a estar algo más atento si cabe, porque lo que no ha cambiado en absoluto son las curvas cerradas, con apenas algunas rectas de descanso. Rectas, eso si, cuesta abajo, seguidas de curvas cerradas. Quien me iba a decir a mi que iba a echar de menos la "comodidad" de la subida al Stelvio, no queda otra que no relajarse, de todas formas no se puede decir que se ha conquistado una cima hasta que se baja sano y salvo de ella, ¿no?

Seguimos descendiendo a un ritmo vertiginoso, como en la subida las curvas se suceden una detrás de otra como en una montaña rusa. Si en la subida el tiempo se detenía en cada curva para acelerarse hasta la siguiente, aquí siento que sucede al contrario el tiempo pasa super despacio entre curvas, pero una vez llegada a ella el tiempo parece desbocarse, tanto que parece regulado por la presión que ejerzo sobre el manillar de freno. De momento mi Falco Stradale responde bien. Tengo miedo de que un excesivo esfuerzo de los frenos me juegue una mala pasada, pero para evitarlo dosifico su uso y lo ayudo lo más que puedo con el freno motor de la propia moto. Todo lo que sea necesario para frenar el ímpetu de la fuerza de la gravedad sobre nosotros, y dicho sea de paso sobre mi espalda. Ahora que vamos para abajo, M Carmen no puede evitar echarse más sobre mi, dejándome en algunos momentos sin respiración y dificultándome el giro en curva. Error que intenta corregir a medida que avanzamos en el descenso.

Por supuesto el tráfico en la bajada es tan denso como en la subida, con coches, autobuses, bicis, y otras motos por doquier, pero esta vez soy yo quien los ve venir desde la altura y ya no necesito la ayuda de nadie para trazarlas, por fortuna. Algo me dice que hemos subido por el sitio más difícil y vamos a bajar por el más fácil, cuando a lo mejor lo lógico hubiera sido hacerlo al contrario, pero en fin, no se le puede poner un pero a las emociones que hemos sentido mientras subíamos a conquistar el Stelvio. Ha sido como ir en una montaña rusa que constantemente se estuviera moviendo, como una serpiente. De pronto de entre la maraña de vehículos, veo algo que se mueve por el arcén de la carretera, freno mi marcha por si acaso es un animal perdido o algo así, pero no, no es nada de eso, es.....¡Una mujer! Si, amigos, una mujer rubia bajita, vestida de corto y con unas escandalosas gafas y zapatillas, subiendo "a pelo" el Stelvio. Cuando creía que lo había visto todo en esta aventura, me encuentro conque hay una mujer subiendo una de las cumbres más altas de los Alpes, por sus medios, sin ningún artificio ni ayuda.

-¡Madre mía! que frío debe estar pasando esa mujer, me da repelus nada más verla - confiesa estremeciéndose como si ella estuviera metida en su piel. No es para menos a más de 2000 metros de altura el frío se hace evidente.

Desde luego, al igual que en Noruega la gente que vive en las poblaciones de los Alpes está hecha de otra pasta. En Nauders la gente, en su mayoría, iba en pantalón corto a pesar de ese fresco de la brisa alpina que nos acariciaba y aquí a más de 2000 metros de altura, una intrépida atleta desafía a los elementos para coronar la cima que instantes antes habíamos superado. No tengo otra opción que quitarme el sombrero ante semejante muestra de valentía y coraje.

Proseguimos nuestro camino serpenteante hacia Milán descendiendo el Stelvio. Poco a poco abandonamos las cumbres borrascosas de los Alpes para sumergirnos en los procelosos y verdes valles del Parque Nacional del Stelvio. El Passo del Stelvio va quedando atrás en mi retrovisor y no puedo evitar rememorar las vivencias al intentar subir en esa cumbre. Todavía me parece increíble haberlo conseguido, no salgo de mi asombro. Cuando planeaba esta aventura en mi casa durante las frías y lluviosas tardes del otoño, subir el Stelvio representaba para mi todo un desafío, al igual que la conquista de Nordkapp en Noruega, pero era tan lejano ese sueño, que en algún momento tuve dudas de si realmente lo pude conseguir. Después, en el viaje, con la pérdida de nuestro equipaje térmico y todo lo que nos llovió pensé que no podríamos cruzarlo, sobretodo por mi novia, que me puso como condición para llegar al Passo del Stelvio, que hiciera buen tiempo. Pues bien, meses después y tras una dulce agonía de subida hemos conseguido el objetivo. Cierto es que ha costado una barbaridad subir tal y como tenía la moto de cargada, pero juntos lo hemos logrado. Sin duda, subir el Stelvio ha supuesto para mi una lección perfecta de que las cosas que realmente merecen la pena cuesta mucho conseguirlas, razón de más para, una vez logrado, sentirse orgulloso de ello. Y nosotros sin duda lo estamos, todo esto ha elevado nuestra moral, algo muy valioso sin duda, para afrontar las últimas etapas de Euro-Diversion 2013. 

Por la SS38 vamos avanzando hacia el sur de Italia. La verdad, es que voy notando poco a poco una evolución en la conducción italiana: Si en Venecia fue caótica y poco a poco fue civilizándose según íbamos ascendiendo hacia el Stelvio, ahora que hemos descendido de él volvemos a la típica agresividad italiana al volante: Vuelven a apurar la frenada en semáforos rojos, salir como si fuera un GP al ponerse en verde, y sobretodo y lo más peligroso, a invadir el espacio natural que ocupa uno dentro del carril. Es decir, que la gente en Italia no te adelanta invadiendo, durante unos segundos, el otro carril, no, lo que hacen es ponerse a tu altura, obligándote a ir contra el arcén, si lo hay. A eso hay que sumarle que non respetan la distancia de seguridad, les da igual si tu las estas respetando con un coche que te precede, si hay hueco se meten y punto, y ahí se quedan, obligándote a darle más distancia para no chocar en caso de frenada brusca. Parecerá una tontería, pero durante unos cuantos kms más que avanzar tengo la sensación de que retrocedo, el tráfico se ha masificado y los coches se te ponen en medio continuamente. Si te pegas a ellos, peligroso, y M Carmen me da un toque de atención, si te separas mucho se mete otro coche y vuelta a empezar. Sin lugar a dudas el país, de los que hemos cruzado en nuestra aventura, que menos respeto tiene a las dos ruedas es: Italia. Tenemos varios sustos a la altura de Tirano.

-Rafa, se puede saber que pasa que vas para atrás?Avanza - me dice mi navegante indignada
-No puedo, se me meten en el espacio que dejo de seguridad con el otro coche - contesto airado
-No les dejes - me replica ella
-Se aprovechan de que la moto es un vehículo débil en carretera. Si tuviera un coche se iban a enterar estos italianos - respondo con furia.

Desde luego, con todo lo que siempre he amado a Italia y en este viaje estoy aprendiendo a odiarla hasta los huesos. Bueno mejor dicho, a los italianos, al volante la amabilidad que tienen con el visitante, se transforma en agresividad, canibalismo, malos modos, malos adelantamientos rozando la delgada línea de la seguridad, en fin, que llegar a Milán se está tornando más estresante que cruzar Dinamarca con ese viento infernal o sobrevivir y orientarse en la complicada Riga. A la altura de Bellagio cojo el desvío y vamos a parar casi inmediatamente a Suiza, cerca del monte San Giorgio, muy cerca de Lugano. Pasamos la frontera casi sin darnos cuenta, el paisaje lleno de montañas salpicadas con nieve virginal, apenas se interrumpe y tan pronto como entramos salimos del país helvético. Ha sido una visita brevísima a este pequeño país centroeuropeo pero que nos alegra haber hecho de lo contrario nos habríamos perdido estos maravillosos paisajes.
Paisajes suizos
Al reentrar en Italia, nos topamos con el precioso lago de Como, famoso últimamente, porque en sus aguas se rodaron algunas escenas de Star Wars II: La Guerra de los Clones y de Casino Royale (James Bond). Sin duda, el que eligió el enclave acertó de lleno con unos paisajes, que evocan tranquilidad y serenidad a manos llenas, además de un dulce toque de elegancia y majestuosidad. Justo lo que me hace falta para olvidar los agobios y acosos que he sufrido por parte de los conductores italianos.

-M Carmen, ¿sabes que por aquí vive George Clooney?A lo mejor le vemos dando una vuelta en su Harley Davidson - le digo a mi novia
-¿No me digas? voy a buscar Hayleys por el camino. Si lo veo lo paro - dice con gracia

Lo cierto, es que encontramos varias Harley Davidson rodando por las inmediaciones del lago, pero ninguno de ellos era George, bueno al menos que yo sepa. Intentando encontrar al actor norteamericano se nos pasó el tiempo volando hasta que, por fin, llegamos a Milán, la capital de la región de Lombardía. Extrañamente conseguimos llegar al hotel con relativa facilidad, buena prueba de ello son el hecho de que la "bolita" del GPS de M Carmen no hizo extraños y que la capital italiana está perfectamente señalizada. A nuestra llegada al hotel para hacer el check-in me encuentro con la desagradable noticia de que mi tarjeta (en la reserva) ha sido rechazada. Menos mal que el recepcionista es cubano y parece que los españoles les caemos bien, así que nos da una habitación sin problemas. El hotel más que hotel parece una antigua residencia de estudiantes reconvertida en hotel. Hay multitud de zonas comunes, cocina, sala de lectura, sala de TV, etc. Por desgracia no hay WIFI, así que la única manera de planear nuestra etapa para el día de mañana es usar un ordenador conectado a la red al más puro estilo cibercafé cutre.

Pero lo primero es lo primero, nos aposentamos en nuestra habitación y nos dejamos caer sobre la cama para descansar un poco, aunque sea con los ojos abiertos.

-Bueno, lo mejor la subida al Stelvio, lo peor estos italianos que son unos kamikazes - digo airado
-Ya estamos aquí que es lo importante, vamos a prepararnos para salir y descubrir Milán a ver que vemos por ahí
-Si, pero antes de salir que se nos olvide consultar en el ordenador del hotel la etapa de mañana. Será la última que tengamos que planear.
-¿Y eso? - pregunta ella incrédula
-Volvemos a España a nuestra casa, ¿qué indicaciones necesitas?En nuestro país creo que sabremos manejarnos, ¿No? - le digo extrañado a mi novia, que responde con gestos de haber estado despistado al preguntar eso.

Tras asearnos y ponernos más cómodos nos ponemos manos a la obra para descubrir Milán una de las ciudades más importantes de Italia. En concreto es la más poblada del Norte del país con más o menos los mismos habitantes que Barcelona, un millón y medio, y la segunda del país tras Roma. Pero antes, debemos planear la ruta hasta Genova para el día de mañana. En el hall, el ordenador está libre, así que sin más dilación me siento junto con M Carmen para ver la mejor ruta para coger el ferry mañana con destino España. Inmediatamente después se presentan dos jóvenes rusas con cara y gestos de muy pocos amigos, supongo que será porque les hemos quitado su chateo diario en el ordenador por unos escasos segundos. Pero aunque protestan, aquí no hay foto-finish que valga, hemos llegado primero, y primero miraremos lo nuestro, después que ellas hagan lo que quieran. Mientras busco en google maps nuestra senda, me doy cuenta de que las rusas, siguen esperando su turno apenas a un metro de nosotros, no respetando un mínimo de espacio. Educadamente, les pido que se retiren, pero ni caso, ellas quieren el ordenador si o si, encima de todo, le dedican a M Carmen unas miradas que si matarán...me quedaba sin compañera de aventura.

En fin, ignorando a las maleducadas rusas, averiguamos que mañana será una etapa tranquila, al menos en teoría. Milan tan solo dista 146 kms de Genova, y el ferry sale a las 13:30 horas, así que tenemos tiempo de sobra, otra cosa será lo que nos suceda. Después de comprobar e imprimir nuestra hoja de ruta, abandonamos la pequeña habitación donde estamos con el ordenador tras la consulta. Las rusas, deseosas de dios sabe qué y de muy malos modos nos expulsan de allí haciendo valer su turno, como si de la conquista de Polonia se tratará. Incluso una de ellas casi llega a las manos con M Carmen.

-Será niñata, la estúpida rusa esta que me está empujando para sentarse en el ordenador y todavía no me he ido. ¿A que me quedo? - amenaza mi novia
-Venga vámonos, que una niña de 17 años que no tiene ni media hostia no merece la pena - sentencio mientras enfilo la salida al hotel.

Ya en la calle decidimos que, para evitar sustos, mañana por la mañana nos iremos directamente, no como en Venecia. En esa ocasión, casi nos pusieron una multa, casi nos echaron de la carretera, y acabamos llegando a las tantas a Nauders. Por lo tanto, todo lo que pretendamos ver de Milán deberemos hacerlo en esta plácida noche de luna llena italiana. Con las indicaciones de nuestro recepcionista cubano y con el mapa que nos ha dado nos dirigimos en primer lugar a una oficina de cambio en la estación de autobuses de la capital de Lombardía.

Lugar donde una amable señorita nos convierte toda la moneda que arrastrábamos de países como Polonia, Lituana, o Letonia, en euros. Tras el cambio, desde allí y a pie, ponemos rumbo al Duomo de Milan y a la Galleria Vittorio Emanuele II. Por el camino encontramos las calles principales engalanadas con publicidad sobre la próxima Exposición Universal de Milan del 2015.
-Podríamos volver en 2015 a Milán, ¿no? - me pregunto retóricamente en voz alta.
-Tu quieres hacer muchas cosas - dice ella mientras fruñe el ceño
Tras una breve parada, para situarnos un poco dentro de la urbe volvemos a ponernos en marcha en busca del famoso Duomo.

La Catedral de Milán, más conocida como Duomo, es una enorme catedral gótica que se encuentra emplazada en el corazón de la ciudad. Con 157 metros de longitud y espacio para más de 40.000 personas en su interior, el Duomo de Milán es una de las catedrales católicas más grandes del mundo. El imponente edificio de ladrillo revestido de mármol se ve culminado con infinidad de pináculos y torres coronadas por estatuas que contemplan la ciudad. El punto más alto del templo es la estatua de cobre dorado esculpida en 1774, conocida como la Madonnina. El lugar estuvo ocupado por la Basílica de San Ambrosio desde el siglo V, y en el año 836 fue agregada la Basílica de Santa Tecla. En 1075 ambos edificios fueron destruidos por un gran incendio y en 1386 comenzó la construcción del Duomo en el mismo lugar. La Catedral de Milán es un templo de grandes dimensiones compuesto por grandes placas de mármol oscurecido. El interior presenta un aspecto estilizado y amplio gracias a las largas columnas de mármol con estatuas talladas que llegan hasta el techo. Entre las columnas se encuentran colgados grandes cuadros que representan diferentes escenas religiosas. A lo largo del templo se pueden ver los esqueletos de diferentes santos que se encuentran ataviados con sus mejores galas. Entre los elementos más llamativos se encuentra la estatua de Bartolomé el Apóstol, patrón de los curtidores, en la que aparece con la piel arrancada y colgando sobre sus hombros haciendo referencia al martirio que sufrió. En una bóveda del techo situada tras el altar se guarda uno de los tesoros de la catedral, un Clavo de la Cruz de Cristo. El sábado más cercano al 14 de septiembre se saca el clavo del lugar en el que se guarda para que los fieles puedan admirarlo.

En frente de nosotros se yergue La Galería Vittorio Emanuele II, también conocida como "El Salón de Milán", es una galería comercial diseñada en el siglo XIX en la que se pueden encontrar, además de agradables restaurantes con terraza, las tiendas más elegantes de la ciudad. El edificio, construido entre 1865 y 1877, está formado por dos arcadas perpendiculares cubiertas por una bóveda de vidrio. La galería se encuentra ubicada entre dos de los principales monumentos de Milán; la Catedral y el Teatro alla Scala. De todos modos, la galería compone en sí misma uno de los lugares más interesantes de la ciudad. La Galería Vittorio Emanuele II alberga tiendas de importantes firmas como Prada, Gucci o Louis Vuitton además de pequeños locales comerciales menos conocidos. La galería acoge agradables restaurantes entre los que se incluyen algunos de los establecimientos más antiguos de Milán, como es el caso del histórico Café Biffi, fundado en 1867. Sorprendentemente, la oferta gastronómica de la galería incluye también un Mc Donald´s. Eso sí, el establecimiento lleva puestas sus mejores galas en colores negros y dorados a juego con el resto de la galería. El local tiene una terraza muy agradable en la que se puede disfrutar del agradable ambiente por un módico precio.

Allí en la Galleria, aunque las tiendas están cerradas, dadas las horas que son, si nos podemos deleitar con un espectáculo que no suele verse en muchas ocasiones en la grandes urbes.

Tras el visionado de la modelo y de sus postureos imposibles, nos vamos en dirección norte a la Scala de Milán, uno de los teatros de más renombre del viejo continente, apenas nos separan 400 metros del lugar por lo que merece la pena alargarse, a ver que vemos por allí.

El Teatro alla Scala es uno de los teatros de ópera más famosos del mundo. Su sobrio aspecto exterior envuelve una belleza antigua que no deja de sorprender a sus visitantes. Cuando un incendio destruyó el antiguo Teatro Ducale en 1776, el archiduque Fernando de Austria ordenó la construcción de uno nuevo. El teatro fue construido en el lugar en el que se encontraba la Iglesia de Santa María alla Scala, que daría nombre al nuevo teatro de la ciudad. Al igual que otros teatros de la época, el Teatro alla Scala también funcionó como casino durante algún tiempo. En 1943, durante la Segunda Guerra Mundial, los bombardeos dañaron gravemente el teatro, que tres años después sería reconstruido. En el año 2002 el teatro volvió a cerrar sus puertas para su renovación y en 2004 fue reinaugurado con la primera obra que se representó en 1778, L'Europa Riconosciuta de Salieri. El Teatro della Scala ha sido el lugar de estreno de importantes óperas a lo largo de la historia, como Otello y Nabucco de Verdi, o Madame Butterfly de Giacomo Puccini. El gran compositor Giuseppe Verdi mantuvo una relación muy estrecha con La Scala, aunque durante muchos años se negó a que se representaran allí sus obras ya que estaba convencido de que la orquesta modificaba sus composiciones.

Hemos tenido suerte, parece que hemos llegado a la hora comienzo de una función. Somos lejanos testigos, por tanto, del florido vaivén de coches oficiales, personalidades, policía, curiosos, prensa, etc. desde la también conocidísima:

Plaza Scala: Entre el Teatro alla Scalla y la Galería Vittorio Manuel se encuentra la Plaza Scala, un agradable espacio que suele estar muy animado. En el centro de la plaza se encuentra una gran estatua de Leonardo da Vinci y alrededor de ella los turistas se relajan en los bancos rodeados de arbustos.

Allí nos quedamos M Carmen y yo charlando y reflexionando sobre lo que llevamos vivido en esta aventura. Pero el tema más manido de nuestra conversación es que de una forma u otra, mañana será nuestro último día en suelo extranjero y pasado volveremos a nuestro país para disputar las últimas tres etapas de Euro-Diversion 2013. Casi no me puedo que hayamos llegado hasta aquí, parece mentira, y aunque me resisto a creerlo, el viaje está próximo a su fin.

Pero no es momento de ponerse triste, y terminamos nuestra visita a Milán con una estatua de Leonardo DaVinci como testigo de nuestro andar hacia una heladería (recomendada por el recepcionista) donde sirven los mejores helados de la ciudad. Cuando nos presentamos en la gelateria nos damos cuenta de que aunque sólo sirve variedades de chocolate para sus helados, menudos helados, tienen todas las variedades de chocolate: negro, blanco, con leche, con naranja, maracuyá, etc. De todos los orígenes, y texturas. Por si fuera poco, los heladeros, que no dan a basto con tanta demanda, elevan el simple hecho de poner dos bolas de helado en tu cucurucho a la categoría de arte. Los helados o gelatos, como se dice aquí, son algo caros eso si, pero ¿quién puede ponerle precio a una obra de arte?